viernes, 22 de abril de 2022

Sanar la carga emocional del pasado


Quizá ya lo sepas, pero es preciso comentar cómo funciona el cerebro y algunas otras informaciones para comprender qué podemos hacer ante las situaciones pasadas que dejaron huellas en nuestra vida.

Ordenemos las “ideas”: el cerebro es un órgano con funciones complejas que recibe una gran cantidad de estímulos a los que debe procesar y decidir qué hacer con ellos en cada momento. Una vez que el estímulo se repite lo suficiente, el cerebro procede a grabarlo en sus redes neuronales, de manera que ya no tendremos que pensar ante un estímulo similar, porque la respuesta surge de manera automática.

En principio, esta forma de aprender es muy útil, porque imagina, si cada vez que te tienes que poner los zapatos, tuvieras que aprender cada movimiento para hacerlo… o, si cada vez que pongas en marcha tus piernas para andar, tuvieras que estar pendiente de un pie y luego del otro…., te calzas casi sin pensarlo, y caminas sin siquiera darte cuenta, son acciones que en su momento se grabaron a fuerza de repetición y ahora surgen de manera automática: automatismos.

También grabamos por experiencias traumáticas, situaciones extremas que dejan una huella profunda en el cerebro.

Ahora bien, con respecto a los aprendizajes automáticos por repetición, que son muy útiles en muchas ocasiones en la vida diaria y nos apoyan en la adaptación al entorno, presentan el inconveniente que en ocasiones hay respuestas “negativas” a estímulos “inofensivos”, y esto se debe a las programaciones hechas a edades tempranas, en la niñez, en las que carecíamos de juicio y aceptábamos las cosas como nos las presentaban, y ahora, tiñen las experiencias en la vida adulta, ya que vemos el mundo a través del filtro de nuestros condicionamientos.

Estos “modelos” de funcionar (creencias en el merecimiento, en el deber, en cómo soy y cómo debo ser, en cómo me veo, etc.), hacen que interprete la realidad en función de las experiencias pasadas.

Así surgen las “reglas” para relacionarme con los otros, los apegos, las dependencias emocionales, y la respuesta que espero de los demás tiene que coincidir con las expectativas que grabé inicialmente, y entonces, creo que el mundo debiera ser de una manera determinada, que la gente se debiera comportar del tal otra manera, y que las situaciones deberían ser como yo quiero….etc.

Despertamos en los otros, la respuesta que se corresponde con las creencias arraigadas en la infancia. Así uno atrae de acuerdo a lo que tiene grabado para “confirmar” ese sistema de creencias.


Los pensamientos generan un tipo de emociones; cada emoción que experimentamos, produce una química que circula por todo el cuerpo por medio de “neuropéptidos”. 


 Como lo explica la neurobióloga Candace Pert (quien llamó a estos neuropéptidos "moléculas de emoción”), cada célula se comunica con las demás y todo el cuerpo sabe lo que está pasando. Candace dice que nuestras emociones deciden “a qué vale la pena prestarles atención”.




¿Por qué siempre emprendemos la misma clase de relaciones, 
o atraemos el mismo tipo de jefes,
 o discutimos por las mismas cosas, 
o hacemos las cosas de una misma determinada manera….?


Cuando pensamos o interpretamos algo, el hipotálamo libera al torrente sanguíneo, el péptido que corresponde al estado emocional, cada célula tiene receptores en su superficie que están abiertos a la recepción de estos neuropéptidos, así que todo el organismo es afectado por el estado emocional.

Cuando los receptores de las células sufren un “bombardeo” constante de péptidos, pierden sensibilidad, y necesitan de más péptidos para estimularlos, esto nos torna adictos a los estados emocionales.

Cuando atravesamos experiencias emocionales repetidas, similares, que dan lugar al mismo tipo de respuesta emocional, nuestro organismo desarrolla la necesidad de este tipo de experiencias (adicción).

Esto explica el porqué nos cuesta tanto cambiar y crear ciertas respuestas emocionales, es por esa inconsciente adicción a los distintos sentimientos, que la persona se ve condenada a repetir comportamientos, haciéndose adicta a la combinación de sustancias químicas que son propias de cada sentimiento que inunda el cerebro con cierta frecuencia.

Estamos neurológicamente condicionados por nuestras experiencias para ver el mundo y estamos preprogramados para relacionarnos con los demás; con lo cual, se impone la necesidad de cambiar nuestros modelos internos, reprogramar nuestro cerebro, nuestros patrones emocionales, que nos afectan negativamente en nuestra vida.

Lo bueno, es que esto es factible, el cambio es posible


Las nuevas investigaciones en neurociencias, hablan de la capacidad plástica del cerebro:

 plasticidad cerebral, podemos “cambiar el cableado”, reordenar las conexiones entre las células o redes neuronales (neuroplasticidad), como también el cerebro puede producir nuevas células cerebrales (neurogénesis) en cualquier edad de la vida; estos son dos descubrimientos revolucionarios de las neurociencias, que puede cambiar la manera de abordar la vida, la salud.


Candace Pert dice: 

“En el mundo de la profundidad de nuestra bioquímica, se encuentra nuestro potencial de cambio y crecimiento”.


Este cambio lo podemos hacer con la relajación, visualización, meditación, cambios en el estilo de vida, en la interpretación de los acontecimientos, hacer cosas nuevas y creativas, ejercicio físico, risa, baile, etc.

La relajación, es uno de los primeros recursos de los que disponemos para afrontar el estrés. El Dr. Benson (más de treinta años investigando los efectos de la relajación en la recuperación de la salud), nos confirma que hasta incluso los hábitos más perjudiciales, podemos cambiarlos utilizando la relajación para conseguir el éxito en cualquier programa de autosugestión que nos propongamos seguir (S.M.Maruso).


Nos preguntamos cómo puede ayudarnos la relajación a la hora de cambiar hábitos, de renovar la mente, mejorar la salud, transformar el estilo de vida, cuando durante años formamos circuitos neuronales que controlan la forma en que pensamos, sentimos y actuamos......

Conociendo las actividades diferenciadas de los hemisferios cerebrales (derecho e izquierdo), para poder cambiar los circuitos neuronales, es necesario una coherencia o sincronicidad en la actividad eléctrica entre ambos hemisferios. En nuestra vida diaria, predominan las ondas Beta, hemisferio izquierdo (lógica, análisis, cálculo, etc.), estos circuitos son los que nos dicen que "no podemos cambiar".

Mediante la relajación y la meditación, podemos influir en la disminución de la frecuencia cerebral a un estado Alfa, donde se favorece la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales, y la mente se vuelve más susceptible a ser cambiada, pudiendo aumentar la plasticidad del cerebro, instalar nuevas conexiones, aumentar la creatividad, fortalecer la voluntad, reforzar los efectos de la psicoterapia, abandonar pautas de pensamiento destructivas, reducir los niveles de ansiedad y expandir la vida espiritual.

Es importante confiar en la sabiduría interna del cuerpo: el inconsciente tiene mucho poder, así que podemos trabajar sobre él para cambiar y sanar; tengamos en cuenta que los automatismos están grabados en él y que las mayoría de las cosas entran por sugestión, por imágenes, reforzando el sistema de creencias.

Para el cambio, es muy importante tener en cuenta que, en lo que pensamos reiteradamente, en donde ponemos la atención, es aquello en lo que nos convertimos, desde el punto de vista neurológico; es decir, las neurociencias afirman que podemos moldear, darle forma al marco neurológico por medio de la atención repetida que le dedicamos a algo.

Es importante cambiar nuestro estado mental, y como consecuencia nuestro cerebro. Generalmente, solo cambiamos cuando una situación nos resulta muy molesta, nos incomoda mucho, cuando vemos nuestros deseos frustrados; otras veces, necesitamos tocar fondo para emprender el cambio.

Lo primero, para sanar toda esta carga del pasado, es el darnos cuenta que actuamos automáticamente, por medio de hábitos y modelos adquiridos, en base a viejos condicionamientos que tiñen la situación actual con experiencias dolorosas antiguas, repitiendo patrones; y luego elegir respuestas nuevas, frescas, para obtener resultados diferentes. Si pretendo tener nuevas experiencias, tengo que hacer las cosas de manera diferente.

Se trata de llegar a la raíz de nuestra herida; soltar lo que halla quedado “atrapado”, utilizando el poder del amor y la comprensión de que así como nosotros funcionamos condicionados, con nuestros propios dolores, historias, los demás también lo hacen desde su óptica y condicionamientos…. Tengamos en cuenta que el cerebro establece lazos con quienes nos rodean y estos lazos nos afectan emocionalmente.

Es importante tener en cuenta el poder del perdón en un proceso de sanación, de transformación. Hay una gran cantidad de estudios y experimentos sobre ello. Muchos de los patrones dolorosos del pasado se fijaron en todo nuestro sistema con carga de culpa y vergüenza, y al perdonar, dejamos de enjuiciar al otro y a nosotros mismos, liberándonos y transformando la angustia, el dolor, la tristeza y la rabia, en Amor.

Otro aspecto importante a tener en cuenta en un proceso de sanación, es la gratitud, el agradecer, nos induce a sensaciones profundas de bienestar, además abre tu consciencia a la abundancia en todos los niveles y te ayuda a conectar con lo que sí tienes, en vez conectar con tus carencias.

También es muy importante, darle un sentido positivo a tu vida, un propósito que puede ser algo simple, pero que te haga vivir plenamente, encontrar esa “melodía única y personal”, cada uno de nosotros posee talentos que nadie más tiene en igual medida, y podemos expresarlos de una manera única, que difiere de la manera en que lo haría otra persona.

Los efectos fisiológicos que produce este “vivir con sentido la vida”, está probado mediante estudios científicos, estimula la producción de endorfinas (tranquilizadores del cerebro), beneficia el sistema inmunológico (que está muy conectado al cerebro), etc.




Resumiendo

* En general, actuamos de manera mecánica y condicionada en función de modelos y hábitos que adquirimos en la niñez, y que fuimos fortaleciendo durante la vida.

* Los pensamientos y patrones emocionales, generan una determinada química en nuestro organismo, haciéndonos adictos a estados emocionales.

* Nuestra sanación física y emocional están interconectadas, una influye en la otra.

* El cambio no es un proceso fácil, es necesario hacernos responsables de nosotros mismos.

* Vemos la realidad según nuestros ”programas internos”, el asentar nuevos patrones, supone dejar “caer” antiguas estructuras que ya no nos funcionan y crear nuevas, pensando de manera diferente, haciendo las cosas de manera diferente; eligiendo donde enfocar la atención.

* Es muy importante darle un sentido positivo a nuestra vida.


Todo esto conducirá a modificar las redes neuronales, y cuando actuemos durante un tiempo con las nuevas maneras de ver y actuar, se grabarán por repetición, recuperándonos de las adicciones emocionales, creando una vida más saludable, y un entorno mejor.

ww.centroelim.org


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