lunes, 9 de diciembre de 2019

Yoga- interacción mente/cuerpo


Aunque no podamos practicar el Yoga en el sentido estricto, ortodoxo, tradicional en Oriente, podemos aprovechar muchas de sus prácticas para esta tranquilidad, para cicatrizar las lesiones de nuestro interior, los traumatismos que nos produce la vida de constante shock con el mundo externo. 

El Yoga puede ayudarnos a curar lo que está lesionado. Ahora bien, ¿cuáles son esas lesiones?. Los males producidos por la tensión abarcan a todo el hombre, es decir, a sus distintos niveles: 

1. El cuerpo 

La tensión en que vivimos se suele instalar en algún órgano concreto, impidiéndole su perfecto funcionamiento. En unas personas será el estómago, en otras la cabeza, en otras la presión arterial, etc.; cada cual tiene su punto débil, de menor resistencia, que se resiente como efecto de la tensión sostenida. Son manifestaciones nerviosas el insomnio, las neuralgias, los trastornos digestivos y las úlceras gástricas o duodenales, síntomas todos ellos reveladores, no de una enfermedad específica, sino de un mal que afecta a todo el hombre y es expresado a través de todo el organismo. Con la práctica del yoga, encontraremos la forma de conseguir la tranquilización de la tensión nerviosa, y con ella la normalización de todas las funciones. 


2. El nivel afectivo 

Estos trastornos físicos provienen en su mayor parte de estados de tensión emocional, que juegan un importantísimo papel en el estado general del hombre. La ausencia de profundización con que vivimos y el estado de tensión nos impiden vivir manifestando en nuestra vida diaria un afecto sincero, espontáneo, profundo y auténtico. La actitud rígida con que vivimos de cara al exterior nos obliga a reprimir nuestra afectividad, que queda inmadura e insatisfecha. Con el Yoga tendremos una herramienta para activarla y hacer circular la energía emocional estancada debido a las represiones. 


3. Nuestro nivel mental 

En primer lugar está perturbado por las continuas preocupaciones que trae consigo el actual ritmo de vida. El instrumento que nos ha de servir para ver, valorar, juzgar y decidir, está siempre agitado, funcionando a gran velocidad, y vive los problemas a medias: se le escapa el paisaje y lo que está detrás del paisaje. 

Además se halla afectado más de lo que le corresponde, debido a que en él repercuten también los estados emocionales, que intenta solucionar racionalmente: las insatisfacciones, angustias, ambiciones, desilusiones, miedos, etc., toda una amplia gama afectiva empuja a la mente, creando una perspectiva parcialmente falsa de los problemas. 

Este contenido emocional, que obra sobre la mente, es, irracional, y por eso, la mente, que es una máquina exacta y funciona por leyes de asociación sacando conclusiones de acuerdo con los datos, nunca llega a resolverlos, porque no cae en la cuenta de incluir entre esos datos los estados emotivos que originan buena parte de sus problemas. 

La tranquilización de la mente vendrá tranquilizando los estados emocionales, o incluyendo los estados emotivos entre los datos cuando se quieren resolver los problemas personales. 

El Yoga, con sus técnicas de disciplina mental, meditación, concentración, relajación, y la practica de la atención total, produce la tranquilización del nivel mental. 

Los ejercicios físicos en occidente, desarrollan solamente los músculos superficiales, con ello es posible volverse un perfecto atleta, con un hermoso físico; en cambio las Asanas (posturas) del yoga están diseñadas especialmente para desarrollar concienzudamente los órganos internos, el hígado, los intestinos, los riñones, el páncreas, los pulmones, etc, y muy especialmente, para llevar un estímulo vivificador al complejo sistema de glándulas endocrinas (timo, tiroides, paratiroides, hipófisis, pineal, suprarrenales, etc.), que juegan un importante papel en el mantenimiento de la salud, en el metabolismo, el crecimiento, y principalmente permitir la armonía y perfecta nutrición de las diferentes células que componen los tejidos de nuestro cuerpo; además de elongar, tonificar los músculos y mantener las articulaciones en buen estado, o mejorarlas en el caso de patologías. 


El yoga tiene en cuenta una triple correlación entre el cuerpo y la mente: 


1- Correlación entre la actitud corporal y los estados mentales. 

Si nos auto-observamos y prestamos también atención a los demás, veremos que en cada estado de ánimo, tendemos a adoptar determinadas posturas, gesticulamos con las manos, con los brazos, la cabeza, las piernas o basculando el cuerpo hacia adelante o hacia atrás, dependiendo del carácter de cada persona. Cuando estamos nerviosos, alarmados o tenemos miedo, tendemos a juntar las piernas o entrelazar los pies,de esta manera, uno trata instintivamente de reforzar sus energías, como ocurre cuando tenemos frío, que nos apretamos y encogemos, reduciendo y exponiendo al exterior el mínimo e superficie corporal para conservar el calor interno. Lo contrario ocurre cuando nos sentimos optimistas o eufóricos, o cuando tenemos calor. 

Y lo mismo que sucede con los estados afectivos, inducidos por determinadas posturas y actitudes corporales, pasa con respecto a la energía disponible en el cuerpo. Cuando uno se aísla, junta los pies y cruza las manos, experimenta como enseña el yoga, que se cierra el circuito de energía, disminuyendo nuestra sintonía con el exterior. De ahí que esta postura favorezca la toma de contacto con los procesos interiores. 


2- Correlación entre el tono muscular y el estado mental 

Entendemos por tono muscular la mayor o menor fuerza que estamos haciendo con los músculos en un momento determinado. Cuando estamos preocupados, podemos observar que tensamos algún músculo del cuerpo, al adoptar esa actitud mental tensa, vemos que la tensión se fija en diferentes puntos del cuerpo. Solemos oprimir el plexo solar (que es como "nuestro cerebro abdominal"), en él repercuten las emociones de miedo y alegría, además contraemos los músculos de la zona, oprimiendo el vientre, paralelamente a esas contracciones abdominales, se contraen otras zonas que varían según las personas: unas contraen los brazos, otras las piernas, la nuca, los hombros; y aveces, llegan a quedar afectados por una contracción permanente, aunque el sujeto no sea consciente de ella, por ser habitual, se trata de un reflejo condicionado, que se traduce en una pérdida innecesaria de energía. 

Esto lo vemos fácilmente cuando tenemos un exámen, nos tensamos tanto, que aunque leemos, no nos enteramos de nada. Para que la mente esté receptiva y abierta, ante situaciones difíciles, debemos estar relajados. 

Gracias al yoga, podemos contrarrestar las posturas externas e internas deficientes, que con frecuencia adoptamos. Podemos aliviar las contracturas inconscientes, ya que muchas veces, ni siquiera nos damos cuenta que estamos tensos. El hombre suele volverse inconsciente a las sensaciones y percepciones que se mantiene cierto tiempo en su conciencia; llega un momento, que el estímulo, aunque sigue actuando, deja de ser percibido conscientemente. 

Así por ejemplo, al caminar, no nos damos cuenta de lo que estamos haciendo, la mente ya está acostumbrada y sigue el ritmo del movimiento de las piernas, pero si alteramos la marcha, entonces, si que lo percibimos. 

En el yoga, se hace funcionar un grupo de músculos, mientras los demás permanecen descansados, para lo cual debemos mantener la mente alerta, vigilante, procurando aumentar el grado de relajación de los músculos que no se ejercitan, haciendo sólo la fuerza indispensable para sostener la postura. 

Al relajar los músculos, la mente se tranquiliza. 

Por otro lado, al llevar la atención a lo que estamos haciendo, en su aspecto físico , en el movimiento interno, en las sensaciones que percibimos mientras nos movemos, respiramos o descansamos, aumentamos considerablemente el flujo de energía. La energía biológica pasa a través de la mente. 


3- Correlación entre el ritmo respiratorio y los estados de la mente 

Hay un vínculo estrecho entre la mente y el ritmo respiratorio. En la personalidad no hay nada aislado. La personalidad, aunque múltiple en sus manifestaciones, es unitaria en su funcionamiento global. Es la mente la que une, regula, la que integra y dirige la personalidad, no la mente consciente, sino la mente como forma dinámica de todos los niveles. 

Cuando estamos preocupados, respiramos seca y violentamente; el entusiasmo produce una respiración más rápida, haciendo entrar más aire a los pulmones. Todos los estados de ánimo y los mentales, tienen su correspondiente cuadro respiratorio. La respiración es como un lenguaje particular, una expresión de nuestra personalidad, la cual se expresa a través de todos los niveles, y cada nivel revela lo que ocurre. 

Una persona con represiones psíquicas, tiene una retención en el ritmo respiratorio que le impide respirar profundamente, tiene una actitud de control y vigilancia que cierra la salida del inconsciente y se traduce en la respiración superficial. 

Aprender a respirar, es aprender a vivir de un modo receptivo, abierto y con un buen funcionamiento en todos los niveles. 

La respiración completa, del yoga es el "sedante natural" para el organismo, y la puerta de entrada a los estados de relajación. 



LA RESPIRACIÓN COMPLETA 



La respiración es un acto natural que ocurre sin que tengamos que pensar en ello; es un mecanismo del cuerpo que permite el intercambio de gases entre el exterior y el interior del cuerpo. Tomamos oxigeno y eliminamos dióxido de carbono. Sin embargo si realizamos la respiración de forma consciente podemos enriquecer el organismo aportándole energía, porque la atención que pongamos en este acto es una energía que dirigimos con la mente hacia un objetivo. 

Se respira sin forzar, mientras inspiramos dejamos la atención en el recorrido del aire desde que entra por las fosas nasales, como pasa por la laringe y como llega a los pulmones, expandiéndolos y movilizando toda la caja torácica, el abdomen y el resto del cuerpo. 

Al exhalar observamos como se relaja el abdomen y la caja torácica, como los pulmones vuelven a su volumen normal, como el aire recorre el camino inverso al salir hacia el exterior por la laringe y finalmente por las fosas nasales. Se trata de prestar atención a las sensaciones del cuerpo al inhalar y al exhalar. Esto de por sí, nos induce a la relajación. 

La respiración completa, como su nombre indica, pone en juego tanto el diafragma como las costillas y la parte alta del tórax (zona clavicular). 

La respiración completa es la base del Yoga y sirve para ampliar el pecho, los músculos y pulmones, que normalmente están incompletamente desarrollados, debido a la manera incorrecta y superficial con que respiramos. 

Se realiza sin esfuerzo, porque es la manera natural de respirar, que adoptan los niños o los pueblos “no civilizados”. 

Se denomina completa porque activa la parte inferior de los pulmones y el músculo diafragma (respiración diafragmática o baja), todas las costillas que forman el tórax (respiración torácica o media) y las clavículas y los hombros (respiración alta). 

Podemos realizar este respiración sentados o tumbados sobre la espalda, con la columna vertebral recta, y los ojos cerrados. 

1- Inhalar por las fosas nasales, llenando primero la parte inferior de los pulmones, lo que se obtienen poniendo en juego el diafragma, el cual al descender ejerce una leve presión sobre los órganos abdominales y empuja la pared frontal del abdomen. Después se llena la región media de los pulmones, haciendo salir las costillas inferiores, esternón y pecho. Luego se llena la parte alta de los pulmones, adelantando la superior del pecho, levantándolo, incluyendo los seis o siete pares de costillas superiores. En el movimiento final, la parte inferior del abdomen se contraerá ligeramente, cuyo movimiento da apoyo a los pulmones y también ayuda a llenar su parte superior. 


2- Retener la respiración algunos segundos. 


3 - Exhalar lentamente por nariz, entrando un poco el abdomen y elevándolo lentamente a medida que el aire sale de los pulmones. Cuando el aire ha sido exhalado completamente, aflojar el pecho y el abdomen. 


4- Mantener los pulmones vacíos unos instantes. 

El movimiento respiratorio es continuo, sin interrupciones, tanto en la inspiración como en la espiración. Se describen en cuatro fases, por razones prácticas. 

Con la respiración completa, todos los órganos del aparato respiratorio entran en acción y todas las partes de los pulmones funcionan al máximo. 


BENEFICIOS: 

- Produce un estado de tranquilidad si hace correctamente y suficientemente despacio. 

- Regula el equilibrio del ph en el cuerpo y esto influye en nuestras reacciones cuando estamos en situaciones de estrés. 

- Incrementa el prana y el oxígeno, sintiéndonos más conscientes y lúcidos. 

- Limpia y purifica la sangre. 

- Ayuda a romper patrones inconscientes no deseados, como adicciones, hábitos, etc. 

-Reduce la acumulación de toxinas en los pulmones. 

- La respiración profunda y consciente, induce a estados de relajación y meditación. 

- Reduce la ansiedad, el miedo, mejora la depresión. 

- Limpia los canales energéticos, elimina bloqueos, favorece el buen funcionamiento del campo electromagnético. 

www.centroelim.org 







domingo, 24 de noviembre de 2019

CREENCIAS Y BIOLOGIA

Imagen relacionada

Se necesita algo más que «pensamientos positivos» para mantener el control de tu cuerpo y de tu vida.


Es importante para tu salud y tu bienestar que cambies tu forma de pensar y te concentres en los pensamientos vitales y positivos, además de eliminar los siempre presentes y extenuantes pensamientos negativos.

Pero, el mero hecho de pensar en positivo no tiene por qué provocar un cambio en nuestras vidas.

De hecho, en ocasiones la gente que «fracasa» a la hora de tener pensamientos positivos se vuelve más débil, ya que cree que su situación es irremediable: cree que ya ha agotado todos los remedios mentales y físicos.

Hay que comprender que la parte consciente y la parte subconsciente de la mente, son independientes.

La mente subconsciente, procesa alrededor de veinte millones de estímulos por segundo (frente a los cuarenta que interpreta la mente consciente en ese mismo tiempo)

La mente consciente es la creativa, la que puede conjurar los «pensamientos positivos».

Por el contrario, El subconsciente, es uno de los procesadores de información más poderosos que se conocen, examina con detenimiento el mundo que nos rodea y las señales internas; percibe las condiciones del entorno y reacciona de forma inmediata seleccionando un comportamiento previamente (aprendido) y todo sin la ayuda, la supervisión o siquiera la conciencia de la mente consciente.

La mente subconsciente es estrictamente maquinal; repite las mismas respuestas a las señales vitales una y otra vez.

¿Cuántas veces has montado en cólera por algo tan nimio como encontrarte un tubo de pasta de dientes abierto?

Aprendiste desde niño a poner el tapón con mucho cuidado. Cuando encuentras el tubo de pasta abierto, se te «cruzan los cables» y montas en cólera de forma automática. No es más que una sencilla reacción estímulo-respuesta del programa de comportamiento almacenado en el subconsciente.

En lo que se refiere a la capacidad de procesamiento neuronal, la mente subconsciente es millones de veces más poderosa que la consciente.

Si los deseos de ésta entran en conflicto con la programación del subconsciente, ¿cuál de las dos crees que ganará?

Puedes repetir una y otra vez la afirmación positiva de que eres encantador o que tu cáncer remitirá.

Pero si de niño escuchaste una y otra vez que no sirves para nada y que estás enfermo, esos mensajes programados en el subconsciente socavarán tus mejores esfuerzos conscientes por cambiar tu vida.

Las conductas o comportamientos reflejos pueden ser tan simples como el hecho de estirar la pierna cuando te dan golpecitos con un martillo en la rodilla o tan complejos como conducir un coche, te metes en el coche, lo pones en marcha y revisas sin darte cuenta la lista de la compra mientras el subconsciente se encarga de activar todas las complejas habilidades necesarias para conducir sin problemas por la ciudad, sin que tengas que pensar ni una vez en cómo se conduce.

Conduces mientras mantienes una conversación con la persona que se sienta a tu lado y estás tan absorto en la charla que en algún punto de la carretera te das cuenta de que llevas cinco minutos sin prestarle atención a la conducción.

Si tú no estabas conduciendo el coche durante ese lapso de tiempo, ¿quién lo hacía? ¡La mente subconsciente! Aunque tú no estuvieras pendiente, el subconsciente ha conducido tal y como le enseñaron a hacerlo durante las clases de conducción.

Aunque las respuestas condicionadas pueden ser particularmente complejas, son «descerebradas».

Durante el proceso de aprendizaje condicionado, las rutas neurales establecidas entre los estímulos y las respuestas se estructuran para asegurar un patrón repetitivo. Estas rutas son los «hábitos».

Los humanos y cierto número de mamíferos superiores han desarrollado una región especializada del cerebro asociada con el pensamiento, la planificación y la toma de decisiones llamada corteza prefrontal.

Esta región del cerebro es en apariencia el asiento de la mente consciente es un «órgano sensorial» de evolución reciente que observa nuestros comportamientos y emociones.

La mente consciente también tiene acceso a la mayor parte de los datos almacenados en nuestro banco de memoria a largo plazo.

Éste es un rasgo importantísimo, ya que nos permite considerar la historia de nuestra vida cuando planeamos nuestro futuro de forma consciente.

Con esta habilidad de ser autorefleja, la mente consciente puede observar y programar nuestros comportamientos, evaluados y decidir cambiar la programación de forma deliberada. Podemos decidir cómo reaccionar a la mayor parte de las señales del entorno, incluso si queremos reaccionar o no.

La capacidad de la mente consciente de obviar la programación del subconsciente, es la base del libre albedrío.

No obstante, hay que prestar mucha atención, ya que en caso contrario la programación subconsciente toma las riendas; es una tarea difícil, como puede atestiguar cualquiera que haya puesto a prueba alguna vez su fuerza de voluntad. La programación subconsciente se hace con el control en el momento en que la mente consciente se descuida.

La mente subconsciente funciona mediante el estímulo-respuesta; no existe en esa parte de la «maquinaria» “algo” que reflexione sobre los resultados a largo plazo de los programas que ponemos en marcha.

La capacidad del cerebro humano para «aprender» ideas es tan avanzada que no necesitamos una experiencia directa, podemos adquirirlas de forma indirecta a través de maestros.

Una vez que aceptamos las ideas de otros como «verdades», dichas ideas se graban en nuestro cerebro y se convierten en nuestras «verdades».

Aquí es donde surge el problema: ¿qué ocurre si las ideas de nuestros maestros no son acertadas?

En esos casos, los cerebros se llenan de ideas erróneas.

El subconsciente funciona sólo en el «ahora». En consecuencia, los conceptos erróneos de nuestro subconsciente no son «monitorizados» y suelen llevarnos a comportamientos desacertados y coartados.

Sí, los conceptos «controlan» la biología, pero, como ya hemos visto, estos conceptos pueden ser ciertos o falsos. Así pues, deberíamos ser más precisos y referimos a estas ideas como «creencias».

¡Las creencias controlan la biología!

Un ejemplo muy conocido de como una creencia afecta a nuestra biología es el efecto placebo.

Todos los estudiantes de medicina saben, que la mente puede afectar al cuerpo. Saben que algunas personas mejoran cuando creen (de forma equivocada) que están recibiendo un tratamiento médico.

Cuando los pacientes mejoran tras recibir una pastilla de azúcar, la medicina lo define como «efecto placebo», el «efecto de las creencias», es un testimonio extraordinario de la capacidad de sanación de la unión cuerpo-mente.

Cuando la mente mejora la salud mediante la sugestión positiva, se le denomina efecto placebo. 

Por el contrario, cuando esa misma mente está llena de pensamientos negativos que pueden deteriorar la salud, los efectos negativos producidos se conocen como «efecto nocebo».

En medicina, el efecto nocebo puede ser tan poderoso como el efecto placebo, algo que deberías tener muy en cuenta cada vez que entres en la consulta de un médico.

Los médicos y terapeutas pueden enviar mensajes desesperanzadores a sus pacientes con sus palabras o sus gestos, también las creencias que pueda tener el paciente sobre el diagnostico medico que está recibiendo, pueden ser decisivas, si recibimos un diagnostico de cáncer y nuestro subconsciente tiene la programación cáncer = muerte, “ automáticamente se genera una sentencia, “me voy a morir” y esta creencia instalada en el subconsciente, va a invalidar todos los esfuerzos conscientes de sanación.

Los problemáticos casos de efecto nocebo sugieren que los Médicos, los padres, los profesores, etc., pueden robarte la esperanza haciéndote creer que no puedes hacer nada.

Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes … tienes razón. (Henry Ford.)

Tus creencias actúan como los filtros de una cámara, cambiando la forma en la que ves el mundo. Y tu biología se adapta a esas creencias.

Cuando reconozcamos de una vez por todas que nuestras creencias son así de poderosas, estaremos en posesión de la llave a la libertad.

Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus actos, tus actos se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino.

Libro: La biologia de la creencia de Bruce Lipton.


sábado, 9 de noviembre de 2019

Ejercicio oriental para abordar las crisis

Resultado de imagen de mariposas volando

Se trata de hallar una manera de poder aquietarse, centrarse en un lugar más axial de sí mismo, más esencial, y pedir ayuda al propio Inconsciente para generar ante la situación crítica, la mejor actitud, desde lo profundo... 

Para ello es necesario obrar también desde el hemisferio cerebral derecho (que es el que rige las conductas emocionales). 

Para comunicarte con este hemisferio, es necesario hablarle desde la calma, entiende el lenguaje de las metáforas, claras y sentidas, para que sembrando esa semilla en el propio Inconsciente pueda, en medio de la acción, germinar otro tipo de actitud. 

En las circunstancias críticas, la ruptura de lo que hasta ese momento existía, aumenta una tendencia bastante habitual en el ser humano: la necesidad de controlar. 

Queremos controlarnos a nosotros mismos, controlar la conducta de los demás, controlar los acontecimientos, el futuro que se nos viene encima... controlar todas las variables posibles, lo cual es, fundamentalmente, un esfuerzo interno fundamentado en la ilusión. 


EJERCICIO 

Busca un espacio de tranquilidad, donde puedas aquietarte, sentado, con las palmas de las manos preferentemente descansando hacia arriba, en una actitud meditativa, auto-observante. 

Poco a poco centra la atención en tu respiración acompañando la entrada y salida del aire amablemente, no fuerces tu respiración: sólo deja que fluya. 

Tu cuerpo sabe cómo tiene que hacerlo: permítele obrar desde su propia inteligencia vegetativa. Observar sin modificar nada. 

Presta atención al intervalo entre un movimiento respiratorio y el siguiente: justo antes de exhalar, justo antes de inhalar. 

Se consciente de ese breve momento de quietud, tal como se da, sin pretender cambiarlo en nada: el punto justo en que un ciclo termina y comienza el siguiente, una y otra vez, una y otra vez, siguiendo las leyes de todo lo que vive... 

Luego de un rato de practicar este ejercicio de atención, focaliza tu percepción con la mayor lucidez posible en el intervalo que antecede a la exhalación: tienes todo el aire en tus pulmones, y el mecanismo automático de su cuerpo, está listo para largar el aire. 

Entonces, aprende de tu cuerpo: el cuerpo dice, sin palabras: yo suelto
El cuerpo sabe que si no suelta, se muere. Sabe que ese aire, que al ingresar nutrió, ya no sirve: si se queda dentro... intoxica. 

Haz tuyo ese “yo suelto”: regístralo en toda tu dimensión, grábalo en lo profundo de tu psiquis y de su sistema nervioso. 

SE el que Suelta. Sostén esta intención durante quince minutos o el tiempo que puedas. 

Si te distraes, se amable contigo mismo y vuelve a llevar tu atención hacia la respiración, centrando tu conciencia de sí. 

Es muy posible que esta actitud, te acompañe luego en medio de la vida, o puedas recuperarla de a momentos, buscándola en cualquier lugar en que te encuentres, tomándote del hilo de tu respiración, aún en medio de una situación de conflicto. 

Explora desde ti mismo qué significa ese “Yo Suelto”: 

no es dejadez,
no es “no hacerte cargo”,
no es resignarse,
no es esperar que otro me resuelva mi problema... 


(En Oriente es usual que el monje explore durante años una verdad a través de un ejercicio tan poco complejo como éste, buscando que esa verdad destile su secreto poco a poco, hacia un lugar de sí que está más allá del intelecto, pero que a su vez, ilumina a éste con la vitalidad de la experiencia). V.Gawel


viernes, 18 de octubre de 2019

La Meditación Revela y Cura



Cuando nos sentamos a practicar atención mental nuestro cuerpo y nuestra mente pueden estar en paz y en completa relajación. Pero este estado de paz y relajación difiere fundamentalmente del estado mental perezoso y semiconsciente que observamos cuando estamos descansando o dormitando. Al sentarse en ese estado perezoso y semiconsciente, tan lejano de la atención mental, es como sentarse en una cueva oscura.
Con atención mental no sólo estamos descansados y felices, sino también alertas y despiertos. La meditación no es una evasión, en un sereno encuentro con la realidad. La persona que practica la atención mental debe estar tan despierta como el conductor de un coche: sino está despierta le poseerán la dispersión y el olvido, tal y como un conductor que no está despierto puede fácilmente causar un grave accidente.

Debes permanecer tan despierto como una persona que camina sobre unos altos zancos-cualquier paso en falso puede llevarle a la muerte-. Debes ser como un caballero medieval que anda desarmado por un bosque de espadas; debes ser como un león que avanza con pasos lentos suaves y firmes. Sólo con esta clase de vigilancia puedes realizar el Despertar total.

Para los principiantes se recomienda el método de simple reconocimiento. Este reconocimiento debe hacerse sin juicios; tanto los sentimientos de compasión como los de irritación deben ser bienvenidos, reconocidos y tratados igual porque ambos son nosotros.

Cuando estamos poseídos por la tristeza, la ansiedad, el odio o una u otra pasión, encontramos difícil de practicar el método de la meditación en un sólo objeto, utilizando nuestra mente como el sujeto de la meditación. Esta meditación revela y cura. La tristeza o la ansiedad, el odio o la pasión revelan su verdadera naturaleza bajo la mirada de nuestra concentración y meditación. Esa revelación conduce naturalmente a la curación y la emancipación; la tristeza o cualquier otra cosa que haya sido la causa del dolor, puede ser utilizada como un medio para la liberación del tormento y del sufrimiento; podemos decir que es un clavo que saca a otro clavo.
Debemos tratar a nuestra ansiedad, nuestra pena, nuestro odio o nuestra pasión cuidadosamente, con respeto, sin resistirnos, sino viviendo con ellos, haciendo las paces con ellos, y penetrando en su naturaleza con la meditación en la interdependencia.

Un practicante serio sabe cómo seleccionar objetos de meditación que encajen en la situación. Los objetos de meditación tales como la interdependencia, compasión, sí mismo, el vacío, el desapego, pertenecen a la categoría de meditaciones que tienen el poder de revelar y curar.
Ahora bien, la meditación en esos objetos sólo tendrá éxito si tenemos cierto poder de concentración. Ese poder lo obtendremos con la práctica de la atención mental en la vida cotidiana, con la observación y el reconocimiento de todo lo que suceda.

El objeto de la meditación debe ser una realidad que tenga verdaderas raíces en nosotros, no puede ser un tema de especulación filosófica.
Debe ser como una comida que deba ser guisada a fuego fuerte durante mucho tiempo. La ponemos en la cazuela, la tapamos y encendemos el fuego. La cazuela somos nosotros y el calor usado para guisar es el poder de la concentración. La energía viene de la continua práctica de la atención mental. Si no hay suficiente calor, la comida no se hará nunca, pero una vez hecha, la comida revela su verdadera naturaleza y nos ayuda a llegar a la liberación.

Thich Nhat Hanh

jueves, 5 de septiembre de 2019

Emociones- Atención Plena

Imagen relacionada

¿Que es la emoción? 

Es un proceso, un tipo particular de valoración automática influida por nuestro pasado evolutivo y personal, en el que sentimos que está ocurriendo algo importante para nuestro bienestar y una serie de cambios fisiológicos y conductas emocionales que comienza a lidiar con una situación (Paul Ekman- Profesos psicología universidad de California en San Francisco) 

Las emociones evolucionaron como parte de nuestros mecanismos de supervivencia, a este proceso Ekman lo denomina “valoración automática”, se incorporó en nuestra fisiología permitiéndonos huir o quedándonos quietos al sentir miedo, remover obstáculos cuando sentimos ira o buscar contención emocional cuando estamos tristes. Por ello es difícil cambiar aquello que dispara nuestras emociones, ya que estas fueron diseñadas para que se produjeran sin pensar: para empujarnos a la acción y la seguridad sin detenernos en el análisis. 

Así nuestros mecanismos de valoración automática, están constantemente escaneando nuestra experiencia para ver si existe alguna amenaza oculta para nuestro bienestar o alguna oportunidad de la que nos podamos beneficiar. 

Cuando reaccionan lo hacen sin nuestro consentimiento, y muchas veces sin que seamos conscientes de ello. Entender esto, es un gran alivio. Se te ha dado un sistema nervioso que ha evolucionado a lo largo de miles de generaciones de maneras que tu no decidiste. Cuando vienes a darte cuenta que posees una mente y un cerebro, ya están dispuestas las reglas básicas de su funcionamiento. 

Los sucesos que dan origen a estas valoraciones automáticas a veces son universales, y a veces personales. 

Casi todos sentimos miedo ante un coche que se nos echa encima; en cambio a unas personas les asustan bajar por senderos empinados y a otras les encanta. A unas personas les dan miedo las arañas, las alturas, etc. y a otras no. 

Estos desencadenantes personales pueden tener su origen en la niñez y se pueden llevar de manera inconsciente hasta la adultez. 

Gran parte de la psicoterapia se dedica a explorar estos guiones importados del pasado. 

Las emociones también pueden ser desencadenadas por mecanismos distintos a las valoraciones automáticas. Recordar, hablar o imaginar una escena emocional del pasado o pensar en escenarios futuros, puede dar origen a ellas. Observar las emociones de otra persona (aunque sea en un televisor o cine) puede generar una reacción emocional. 

Las emociones se pueden evocar mediante la instrucción y mediante la representación voluntaria de sucesos emocionales, como se hace en el teatro. También se los pueden despertar cuando somos testigos de la violación de alguna norma (como tirar papeles en el suelo, hablar por el móvil en un concierto, etc.) 

Cualquiera que sea el tipo de desencadenante, las respuestas pueden ser funcionales o disfuncionales. 

Cuando nos apartamos automáticamente del coche que se nos echa encima, la reacción de miedo es funcional. Si tenemos miedo de salir de casa por algo terrible que nos pasaría, el miedo aquí es disfuncional, y puede venir de un trauma del pasado. Si estos temores importados del pasado, tienen que ver con temas universales, tienden a estar más arraigados y a ser más difíciles de modificar. El tema universal de la tristeza, es la perdida; el de la ira, la obstaculización de nuestros objetivos; del miedo, el daño físico o de otra índole. 

Una idea que puede proporcionarnos alivio en situaciones difíciles y que también funciona con las emociones es: “esto también pasara”. 

Las emociones suelen ser rápidas, y a pesar de las diferencias individuales, se distinguen de otros aspectos de la vida emocional por su tendencia a aparecer y desaparecer con rapidez. 

Las emociones pueden durar segundos o minutos, en cambio los estados de ánimo, se pueden prolongar durante horas y días, además, pueden durar los rasgos y persistir toda la vida. 

Tanto los estados de ánimo, como los rasgos, aumentan nuestra propensión a experimentar emociones relacionadas con ellos. Ej. Si estas irritable, es más probable que tengas momentos de ira. Si eres de temperamento melancólico, experimentaras más momentos de tristeza. 

Las emociones son fundamentales para las experiencias de los seres sintientes (humanos y animales), aunque a veces nos abrumen, la vida sin emociones sería muy insulsa y aburrida. Necesitamos las emociones para orientar nuestras acciones, organizar nuestras prioridades y centrar nuestras fuerzas en direcciones significativas. Las emociones nos ponen en movimiento (e: fuer, moveré: mover). 

Imagen relacionada

Las emociones crean realidades 

Para entender como nos ayudan las emociones a movernos por el mundo, el psicólogo Paul Gilbert, dice que los humanos tenemos tres tipos de sistemas de regulación emocional, una serie de funciones básicas que aparecieron en nuestro proceso evolutivo como especie para proporcionarnos información relevante momento a momento sobre el entorno y para poner en marcha estrategias motivacionales específicas. 

Estos tres sistemas son: 

  - El sistema de amenaza y protección; 

  - el sistema de impulso, búsqueda de recursos y excitación; 

  - y el sistema de calma y afiliación, alivio y seguridad. 


El sistema de amenaza, está dirigido a percibir los peligros potenciales del entorno y provoca emociones como la ansiedad, la ira, la indignación y el asco. Es el sistema responsable de impulsar la acción rápida para asegurar la supervivencia. La excitación del cuerpo asociada a estas emociones, genera la alerta necesaria para que te dispone a actuar de inmediato. Ej. Cuando se aproxima un coche de golpe y ante el peligro inminente te dispones a la acción. 

Este sistema te alerta del peligro: “corre, lucha o haz como que estás muerto”, esto resuena con el concepto de valoraciones automáticas de P. Ekman. 


El sistema de impulso, regula las emociones y motivaciones relacionadas con la búsqueda de recursos importantes del entorno, entre ellos la comida, las oportunidades sexuales, alianzas, sitios donde asentarse, y territorios. Es un sistema de deseos que empuja a los humanos hacia objetivos y recompensas importantes mediante la hiperactivación y los sentimientos positivos como la excitación y el placer. 

Nos empuja a buscar satisfacción de deseos y necesidades materiales e inmateriales, incluidos los relacionados con el mantenimiento de la autoestima, como la búsqueda de estatus y la competitividad. 

Se activa por ej. Cuando nos están por ascender en un trabajo. Cuando quedas por primera vez con alguien que te gusta…, etc., es el sistema que nos dice: a que esperas, ve y consíguelo, no va a estar ahí para siempre. 


El sistema de calma y afiliación, relacionado con las cualidades emocionales de la alegría, el sentirnos contentos y seguros, lo cual no solo implica ausencia de riesgo, sino también el surgimiento de emociones agradables y apacibles y sus sensación de bienestar. 

Se activa cuando estamos con personas con quienes nos sentimos vinculados emocionalmente, en sintonía y seguro, en especial con amigos y familiares. También se pone en marcha cuando realizamos prácticas de Mindfulness y prácticas del corazón, como meditaciones de amor, amabilidad y de compasión. Esto implica que el construir relaciones positivas y seguras con los demás y con nosotros mismos hace que nos sintamos en calma, seguros y contentos. 

Su activación ayuda a regular el funcionamiento de los sistemas de amenaza y de impulso. Este sistema dice: relájate, disfruta y conecta. Todo está básicamente bien. 

Desde la infancia, en especial cuando existe una sana relación entre el cuidador y el niño (al igual que como todos los mamíferos), descubrimos que se puede acceder a la seguridad y a la alegría, mediante la activación de este sistema de calma y afiliación, que puede regular la ansiedad, el miedo y la ira. Cuando esto ocurre, la oxitocina (hormona de la vinculación afectiva y la conexión), genera en el cuerpo y la mente, sentimientos de confianza, de afiliación, de tranquilidad en las relaciones. 

También disminuye la sensibilidad a los peligros en los circuitos del miedo en la amígdala (la pequeña pero potente alarma cerebral contra el peligro) 

Hasta más o menos los pasados años 70, lo habitual era pensar que el sistema nervioso era inmutable a lo largo de la vida adulta, que las funciones cerebrales se mantenían constantes y que era imposible que se desarrollaran neuronas nuevas después de la infancia. Si nacías con una actitud de quien ve “la botella medio vacía”, estabas condenado a esta manera de ver. 

Las neurociencias lo han cambiado todo con el concepto de neuroplasticidad, la idea de que en realidad, el cerebro humano es flexible y cambia a través de la experiencia. O sea que aunque existan reglas fijas sobre lo que la mente y el cuerpo puedan hacer (de ahí que no sea “tu culpa”), también es verdad que no estamos ni biológica, ni psicológicamente determinados, y que existe un espacio real de libertad para responder en vez de reaccionar que se puede cultivar mediante la observación consciente y la práctica del Mindfulness. 

De forma consciente o inconsciente, estamos constantemente entrenando la mente y el cerebro para que respondan ante las circunstancias de diferentes formas. 

En virtud de la repetición, nuestras reacciones se cristalizan en patrones emocionales y senderos neuronales, los cuales, a su vez, influyen en como percibimos la realidad. Así ocurre en especial cuando nos domina una emoción intensa, una situación a la que se denomina el período refractario (P. Ekman), un espacio de tiempo en el que solo somos capaces de asimilar información y evocar recuerdos que confirmen, mantengan o justifiquen la emoción que estamos sintiendo. 

Este mismo mecanismo que dirige y centra nuestra atención también puede limitar nuestra capacidad de adquirir información nueva y acceder a conocimientos ya almacenados que no coinciden con la emoción actual. 

Todos nos olvidamos de elementos o datos históricos evidentes cuando nos ciega una emoción fuerte. 

Como dice Maslow: supongo que si la única herramienta que tienes es un martillo, trataras todas las cosas como si fuesen clavos. 

Cultivar la Plena Conciencia, te ayuda a cambiar gradualmente la forma de relacionarte con las experiencias, dándole amplitud y apertura a cualquier cosa que estés viviendo, lo cual no significa que desaparezcan las emociones difíciles de nuestra vida. 

Las emociones agradables y desagradables no son más que hechos en la vida y no estamos aquí para desvincularnos de ningún aspecto de nuestra existencia. 
Cullen/Brito




sábado, 13 de julio de 2019

Estrés y organismo



Comunicación entre el Sistema Inmunológico y 
el Sistema Nervioso Central (SNC):

Uno de los hallazgos biológicos recientes más excitantes es que el SNC y el Sistema Inmune se comunican y comparten un mismo lenguaje molecular compuesto por neurotransmisores, hormonas y citocinas; incluso se considera que en la estructura y función del Sistema Inmune hay una gran analogía con el SNC. 

Esto se evidenció cuando se descubrió que los linfocitos producen neuropéptidos y receptores que se pensaba eran exclusivos de la hipófisis y el cerebro; además, al documentarse que las concentraciones de hormonas y neuropéptidos, sobre todo los mediadores de estrés, se alteran con estímulos antigénicos. 

Por otro lado, se encontraron receptores de citocinas en neuronas y células endocrinas, además las citocinas de la periferia activan la producción de las interleucinas en las células gliales.

En estados de estrés, cuando las ondas beta altas duran demasiado tiempo, generan un  cóctel poco sano de sustancias químicas del estrés que altera el equilibrio del cerebro como una orquesta sinfónica desafinada. Unas partes del cerebro dejan de coordinarse bien con otras, y regiones enteras empiezan a funcionar por separado y en oposición con otras. El cerebro, como un hogar dividido, deja de comunicarse de un modo organizado y holístico.

Cuando las señales desordenadas e incoherentes procedentes del cerebro  envían mensajes electroquímicos erráticos y contradictorios por el sistema nervioso central al resto de los sistemas fisiológicos, el cuerpo se altera, perdiendo la homeostasis o equilibrio y preparando el terreno para la enfermedad.

Si vivimos durante largos periodos en este altísimo estado de estrés que genera una función cerebral caótica, el corazón trabaja demasiado (provocando arritmias o tensión alta), la digestión se altera (causando indigestión, reflujo y otros síntomas relacionados), y el sistema inmunitario se debilita (produciendo resfriados, alergias, cáncer, artritis reumatoide y otras enfermedades).

Todas estas consecuencias se derivan de un sistema nervioso desequilibrado que funciona incoherentemente debido a la acción de las sustancias químicas del estrés y a las ondas beta de alto rango que nos hacen experimentar el mundo exterior como la única realidad.

El problema no está en ser conscientes o estar alertas, sino en que en nuestro estado de ondas beta altas, estamos concentrados casi exclusivamente en el entorno (personas, objetos, lugares), en las partes y funciones de nuestro cuerpo (Estoy enojado; Estoy demasiado delgado; Quiero una nariz más bonita; Comparada con ella, estoy gorda) y en el tiempo (¡Apresúrate! ¡El tiempo se me está acabando!).

En el estado de ondas beta altas el mundo exterior parece más real que el mundo interior.
La atención y la mente están puestas sobre todo en las cosas del entorno. Por eso nos identificamos más fácilmente con estos elementos materiales: criticamos a la gente que conocemos, juzgamos el aspecto de nuestro cuerpo, nos centramos demasiado en nuestros problemas, nos aferramos a nuestros bienes por miedo a perderlos, nos entretenemos pensando en los lugares a los que tenemos que ir y nos preocupamos con el tiempo, en mayor o menor grado. 

Toda esta actividad nos deja con muy poca energía para fijarnos en los cambios que realmente queremos hacer: mirar en nuestro interior, observar y seguir nuestros pensamientos, conductas y emociones. Cuando estamos tan obsesionados con el mundo exterior, nos cuesta centrarnos en nuestra realidad interior, nuestra mente no puede ir más allá de los límites de nuestro restringido foco de atención y nos obsesionamos con los problemas, en lugar de pensar en soluciones.

De la importancia de conocer sobre el estrés y hacerse de  herramientas para gestionarlo.





www.centroelim.org


lunes, 27 de mayo de 2019

Las emociones




Las emociones son procesos químicos y energéticos que ocupan un lugar en el cuerpo, aunque muchos no se den cuenta, vienen a darnos una información a cerca de nuestros deseos, nuestras necesidades, preferencias, inclinaciones, y de si estamos o no satisfaciéndolas, atendiéndolas; nos ayudan a autoconocernos.

Es muy importante aprender a gerenciarlas, gestionarlas, porque ello nos ayudará a crear una vida saludable; de lo contrario, si las dejamos que actúen por su cuenta, o si las reprimimos, las negamos como si no existieran, pueden provocar perturbaciones.
Las emociones surgen en base a programas mentales, creencias, maneras de interpretar los acontecimientos. Estos patrones, buscan la “felicidad”, huyendo del “dolor”.

Funcionamos por repetición de patrones mentales, sin ser conscientes de ellos muchas veces, patrones que fuimos grabando en los primeros años de vida y reforzando luego mediante las distintas experiencias que “confirmaban” esa forma de ver y actuar. Al basarse nuestras emociones en esos patrones, para desarrollar una inteligencia emocional, debemos reconocer y cambiar dichos patrones.

La inteligencia emocional, se basa en desarrollar la capacidad de manejar las emociones de manera eficaz, evitando respuestas descontroladas en situaciones de ira, provocación o miedo. Poder percibir nuestro estado afectivo sin dejarnos arrollar por él, para que no se enturbie la razón y podamos tomar las decisiones adecuadas.

Cuando éramos niños, mostrábamos lo que sentíamos espontáneamente, llorábamos cuando teníamos hambre, o cuando algo nos molestaba, gritábamos y mostrábamos nuestro miedo, cuando nos sentíamos contentos nos reíamos, etc.; pero luego, la educación, nos imponía reprimir las emociones para adaptarnos al modelo social, y poco a poco fuimos negando y reprimiendo emociones por no estar a la altura de ese modelo.

Cuando pensamos, fabricamos sustancias químicas, si nuestros pensamientos son “buenos”, elevados, felices, fabricamos sustancias químicas que nos hacen sentir bien; por el contrario, si nuestros pensamientos son “negativos”, de inseguridad, miedo, etc., fabricamos sustancias que nos harán sentir mal.

Cada sustancia que se libera en el cerebro, es un mensaje que alimenta al cuerpo físico, el que se empieza a sentir tal y como pensamos, cuando sucede esto, hay una interacción, el cerebro registra cómo está el cuerpo y comienza a pensar como sentimos, lo que a su vez, fabrica más sustancias químicas que nos hacen sentir como pensamos, y pensar como sentimos, quedando atrapados en el ciclo de pensar y sentir, entre el cerebro y el cuerpo (explica Joe Dispensa-Tu cerebro Inmortal). 

Creamos así una manera de ser, los sentimientos se convierten en nuestro modo de pensar y quedamos atrapados en un ciclo donde el cuerpo literalmente, piensa por nosotros.
Si mis pensamientos crean estas sustancias químicas, que me hacen sentir y comportarme de esta manera, tendré que cambiar mi forma de pensar. Hace falta propósito y voluntad para interrumpir el proceso del pensamiento, cambiando la química interna, reinventándose a si mismo.

Una de las primeras cosas que hacemos en la vida es utilizar la tensión de los músculos, para interrumpir las sensaciones, las emociones que no nos gustan, sin darnos cuenta que, de esta manera, la sensación no desaparece, y además su señal ya no llega al cerebro, el “canal” está ocupado por la señal de tensión muscular. Luego, tenemos que seguir manteniendo esta tensión para mantener la emoción apartada de la consciencia, así la tensión, se torna habitual y ya no nos damos cuenta de ella, se cronifica, y llega a formar parte de nosotros, determinando nuestra postura, la manera de movernos, etc.
Al no escuchar el mensaje que la emoción tenía para decirnos, al no estar conscientes de ello, no podemos actuar en consecuencia. El cuerpo debe esforzarse cada vez más y recurrir a registros más fuertes para llamar nuestra atención, pudiendo llegar a desarrollarse enfermedades.

Por otro lado, las emociones retenidas en el cuerpo, hacen que atraigamos una y otra vez situaciones en las que estas emociones estén justificadas (ya hemos visto la adicción a los estados emocionales).
Tengamos en cuenta que nuestro sistema nervioso crea y mantiene estos patrones de tensión para “protegernos”, para asegurarnos la supervivencia. 

Todo lo que nos sucede está inscripto, grabado en el cuerpo y en las redes: recibo el estímulo, luego lo revivo muchas veces al pensarlo, como si fuera real, reforzando la red. Si siento algo, es porque hice un juicio previo---


Cómo manejar las emociones en general

1- Respirar, aquietar, relajarse, si se trata de rabia, no actuar durante el estado, no tomar decisiones en “caliente”, tomarse un espacio, tiempo, (el famoso dicho: contar hasta diez…) y a veces es conveniente descargar físicamente el malestar que nos produce (de manera apropiada y sin agredir a nadie!).

2- Identificar, tomar consciencia de qué emoción estoy sintiendo, qué señales percibo a nivel físico y psicológico. No censurarlas, las emociones son mensajeras y deben expresarse saludablemente. Ver, de dónde viene esa emoción, qué me la produce, qué pensamientos tengo que me hacen sentir esa emoción, ir a la raíz.

3- Hacerme responsable de lo que siento, de la interpretación que le doy a lo que acontece y despierta esa emoción, aceptar y luego ver que puedo hacer, cambiar la manera de ver lo que ocurre, la manera de interpretarlo.

4- Si es posible, expresar nuestros sentimientos a la persona implicada, sin acusar, de buenas maneras y concretar qué es lo que nos ha afectado de su acción (sin pasar facturas antiguas), empatizando, intentando ponernos en su lugar para comprenderla; o bien poner por escrito o hablarlo con alguien de confianza.



CURSOS: 

* PROGRAMA DE EDUCACIÓN DE LAS EMOCIONES

* CURSO ON LINE  APRENDIENDO EL LENGUAJE DE LAS EMOCIONES


consultar en la página del centro

www.centroelim.org