viernes, 7 de agosto de 2026

La importancia de salirse del modo “lucha/huida/parálisis” (estrés)

 
(imagen tomada de internet)

El cuerpo entra en inflamación cuando la mente no descansa.

La mente no descansa por:

- pensamientos constantes,

- preocupación continua,

- hiperalerta mental, incluso en reposo


El cuerpo interpreta ese estado como una amenaza persistente. Aunque no exista daño físico ni infección, el organismo responde activando mecanismos defensivos que, con el tiempo, derivan en inflamación crónica de bajo grado.

Este proceso es silencioso, progresivo y profundamente desgastante.

El origen está en el sistema nervioso.

Una mente que “no se apaga” mantiene activado de forma sostenida el sistema nervioso simpático, encargado de la respuesta de alerta.

El cuerpo no diferencia entre una amenaza real y una amenaza mental constante. Como resultado, se liberan de manera continua cortisol y adrenalina, hormonas diseñadas para respuestas cortas, no para estados prolongados.

En condiciones normales, el cortisol ayuda a controlar la inflamación. Sin embargo, cuando permanece elevado durante largos periodos, pierde su efecto regulador y comienza a desorganizar la respuesta inmune. El sistema inmunológico entra en un estado de activación parcial continua: no combate una amenaza concreta, pero tampoco se desactiva.

Este estado mantiene encendidas vías inflamatorias sin un propósito claro.

A nivel inmunológico, esta activación constante altera la producción de citocinas, moléculas que regulan la inflamación.

Se incrementan las citosinas (citoquinas) proinflamatorias y se reduce la señal de resolución inflamatoria.

El resultado es una inflamación silenciosa, que no causa fiebre ni dolor agudo, pero deteriora tejidos, afecta la reparación celular y altera el funcionamiento de órganos clave.

El intestino es uno de los principales afectados.

La mente en estrés continuo altera el eje intestino-cerebro, aumentando la permeabilidad intestinal.

Fragmentos bacterianos y toxinas atraviesan la barrera intestinal y activan al sistema inmune, amplificando la inflamación sistémica. Dado que una gran parte de las defensas del cuerpo reside en el intestino, este proceso se convierte en un potente motor inflamatorio.

A nivel celular, la inflamación crónica deteriora la función mitocondrial.

Las mitocondrias producen menos energía y más radicales libres en entornos inflamados.

Esto genera fatiga persistente, dolor difuso, rigidez muscular y sensación de agotamiento general, incluso sin esfuerzo físico.

El cuerpo entra en un estado de desgaste metabólico.

El sueño, clave para apagar la inflamación, también se ve afectado. Una mente que no descansa fragmenta el sueño profundo, fase en la que se regulan las respuestas inmunes y se reduce la inflamación.

Sin este descanso reparador, el cuerpo no logra desactivar los procesos inflamatorios, perpetuando el ciclo mente activa → inflamación → cansancio → más activación mental.

El cerebro tampoco queda al margen.

La inflamación de bajo grado afecta la comunicación neuronal, reduce la plasticidad cerebral y favorece síntomas como niebla mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse y alteraciones del estado de ánimo.

Estos síntomas refuerzan la rumiación mental, cerrando un círculo inflamatorio mente-cuerpo.

Lo más engañoso, es que este proceso ocurre sin señales claras.

La persona puede sentirse “funcional”, pero vive cansada, tensa, inflamada y con molestias difusas que no tienen una causa aparente en los estudios médicos iniciales.

Con el tiempo, esta inflamación silenciosa aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares, autoinmunes y neurodegenerativas. No porque la mente “cause” directamente estas enfermedades, sino porque mantiene al cuerpo en un entorno inflamatorio constante.

La salida comienza cuando la mente aprende a descansar de verdad.

Pausas mentales reales, reducción de estímulos, respiración profunda, movimiento consciente, sueño profundo, momentos de silencio, yoga, práctica de atención plena, permiten que el sistema parasimpático se active y que la inflamación disminuya de forma natural.

En síntesis, cuando la MENTE no descansa, el cuerpo entra en inflamación como mecanismo de defensa.

No es debilidad ni exageración: es una respuesta biológica a una alerta constante.

Calmar la mente no es solo bienestar emocional, es una intervención directa para reducir la inflamación.

Fuente Té Dra. K


miércoles, 4 de marzo de 2026

Respuestas emocionales- estrés- enfermedad

                                 

El psicólogo Ross Buck distingue entre tres niveles de respuestas emocionales, a las que llama emoción I, emoción II y emoción III, clasificadas según el grado de conciencia que tenemos de ellas.

La emoción III se refiere a la experiencia subjetiva que procede del interior de nosotros mismos, el cómo nos encontramos. En esta experiencia existe una conciencia consciente de un estado emocional como la ira, la alegría, el miedo, tristeza, junto a las sensaciones corporales que al acompañan.

La emoción II comprende muestras de emoción vista por otros, con o sin nuestro conocimiento. Se muestra a través del lenguaje corporal, “señales no verbales, rasgos distintivos, tonos de voz, gestos, expresiones faciales, breves contactos e incluso el ritmo de la narración y las pausas entre palabras.

Pueden tener consecuencias fisiológicas, a menudo ajenas a la conciencia de los participantes”.

Es bastante común que una persona no sea consciente de las emociones que está comunicando, aunque los que estén alrededor pueden leerlo claramente.

Nuestras muestras de emoción II son las que más afectan a otras personas, independientemente de nuestras intenciones. Las muestras de emoción II de un niño son las que los padres menos toleran si los sentimientos que expresan les despiertan demasiada ansiedad.

Un niño cuyos padres castigan o reprimen estas muestras de emoción, quedará condicionado a responder a las emociones similares en el futuro, por medio de la represión.

Esta autoinhibición sirve para evitar la vergüenza y el rechazo y bajo tales condiciones, “la competencia emocional se verá comprometida…dice Buck, el individuo, no sabrá en el futuro cómo manejar efectivamente sus sentimientos efectivamente y sus deseos.

El resultado será una especie de impotencia, que real o percibida, es una causa poderosa de respuestas biológicas al estrés.

La impotencia aprendida, es un estado psicológico en el que los sujetos no se liberan de situaciones estresantes, incluso cuando tienen la ocasión física de hacerlo. Se encuentran en situaciones de impotencia aprendida, por ejemplo, cuando alguien se siente atrapado en una relación disfuncional o de abuso, en un trabajo estresante o en un estilo de vida que les niega su verdadera libertad.

La emoción I comprende los cambios psicológicos provocados por estímulos emocionales, como descargas del sistema nervioso, la producción hormonal y los cambios inmunitarios que constituyen la reacción de lucha o huida en respuesta a una amenaza.

Estas respuestas no responden a un control consciente y no pueden ser observadas directamente desde fuera, sencillamente ocurren.

Pueden producirse ante la falta de conciencia subjetiva o expresión emocional.

Estas mismas respuestas al estrés, que son flexibles en situaciones de amenaza aguda, son dañinas cuando se producen de forma crónica y sin que el individuo sea capaz de actuar para derrotar o evitar la amenaza percibida.

La autorregulación, dice Ross Buck, consiste en parte, en  la obtención de competencia emocional, que se define como la habilidad de afrontar de manera apropiada y satisfactoria los propios sentimientos y deseos.

La competencia emocional, presume capacidades que a  menudo faltan en nuestra sociedad, donde la indiferencia (la ausencia de emoción) es la ética predominante, donde el “no seas tan sentimental” y el “no seas tan sensible”, es lo que oyen a menudo los niños y donde la racionalidad se considera generalmente la mejor antítesis a la emotividad.

 

La competencia emocional exige:

-   la capacidad de sentir nuestras emociones, de modo que seamos siempre conscientes de cuándo experimentamos estrés;

-    -    la capacidad de expresar nuestras emociones de manera efectiva y, por lo tanto, afirmar nuestras necesidades y mantener la integridad de nuestras fronteras emocionales;

-        -      la facultad de distinguir entre reacciones psicológicas pertinentes para la situación presente y aquellas que representan vestigios del pasado. Lo que queremos y le exigimos al mundo, debe adecuarse a nuestras necesidades presentes, no a las necesidades inconscientes e insatisfechas de nuestra infancia. Si se emborrona  la distinción entre pasado y presente, percibiremos una pérdida o amenaza de pérdida, allí donde ésta no existe;

-        la conciencia de aquellas necesidades genuinas que sí requieren satisfacción, en vez de reprimirlas con tal de recibir la aceptación o aprobación de otros.

El estrés, se da ante la ausencia de estos criterios, y conduce a la alteración de la homeostasis. La alteración crónica lleva a la mala salud. En cada una de las historias de enfermedad  por lo general al menos uno de los aspectos de competencia emocional de los enfermos, se haya muy comprometida, por lo general de forma desconocida para la persona involucrada.

Necesitamos la competencia emocional para evolucionar, si deseamos protegernos del estrés oculto que provoca riesgos para la salud y es lo que tenemos que recobrar si queremos curarnos.

Conviene fomentar la competencia emocional en nuestros hijos como la mejor medicina preventiva.

La enfermedad logra frecuentemente que las personas se vean bajo una luz distinta y reevalúen cómo han llevado sus vidas.

En la gran mayoría de las mujeres u hombres a los que se les ha diagnosticado cáncer de mama, la herencia genética juega un papel pequeño o nulo. Es artificial imponer una separación entre las hormonas y sentimientos. Si bien es cierto que las hormonas  son promotoras o inhibidoras activas de tumores, no es verdad que sus acciones no tengan nada que ver con el estrés. De hecho, una de las maneras principales en que las emociones actúan biológicamente en el origen del cáncer es a través del efecto de las hormonas. Algunas hormonas -el estrógeno, por ejemplo- inciden en el crecimiento de los tumores, y otras profundizan en el desarrollo del cáncer, reduciendo la capacidad del sistema inmunitario de destruir células malignas.

La producción de hormonas se ve íntimamente afectada por el estrés psicológico. Las mujeres siempre han sabido que este afecta a su ovulación y ciclos menstruales; el estrés excesivo puede, incluso, inhibir la menstruación.

El sistema hormonal del cuerpo está indisolublemente ligado a los centros del cerebro donde se experimentan e interpretan las emociones.

A su vez, el aparato hormonal y los centros emocionales están interconectados con los sistemas inmunitario y nervioso. No se trata de cuatro sistemas separados, sino de un único supersistema que funciona como una unidad, para proteger al cuerpo de las invasiones externas y de alteraciones del estado fisiológico interno.

Es imposible que un estímulo estresante, ya sea crónico o agudo, actué solo sobre una parte del supersistema.

Lo que le ocurra a uno, afectará al resto.

Las emociones también modulan directamente el sistema inmunitario. Unos estudios en el instituto nacional del cáncer de Estados Unidos, revelaron que las células NK, un importante tipo de células inmunitarias que comentamos, se encuentran más activas en pacientes de cáncer de mama que son capaces de expresar la ira, adoptar una actitud beligerante y que poseen mayor apoyo social.

 Las células NK arman un ataque sobre las células malignas y consiguen destruirlas.

Los factores emocionales y el entorno social son más importantes para la supervivencia que el propio grado de la enfermedad.

El estrés no  es solo una cuestión de estímulos externos, sino también la respuesta individual. No hay un estresor universal, depende de temperamento innato, historia vital, patrones emocionales, recursos físicos y mentales y apoyo social y económico, y varia de persona a persona.

En la mayoría de los cánceres de mama, el estrés está oculto y es crónico.

Tiene sus raíces en experiencias infantiles, en la temprana programación emocional y en los estilos de afrontamiento psicológico inconscientes. Se acumulan a lo largo de toda una vida y vuelven vulnerables a la enfermedad a algunas personas.

Las investigaciones han sugerido durante décadas, que las mujeres son más propensas a desarrollar cáncer de mama si sus infancias estuvieron caracterizadas por una distancia emocional respecto a sus padres u otras alteraciones durante su crianza, si tienden a reprimir las emociones, especialmente la ira, si carecen de apoyo social y si son personas altruistas y compulsivamente cuidadoras. O sea que los factores psicológicos, tienen mucho peso.

La supresión de la ira y un estilo de respuesta pasivo y estoico parecen estar asociados a secuelas de riesgo biológico.

La represión de la ira, incrementa el riesgo de cáncer por la sencilla razón de que magnifica la exposición al estrés psicológico.

Si las personas no son capaces de reconocer una intrusión, o son incapaces de autoafirmarse incluso cuando si pueden reconocer dicha intrusión, es probable que experimenten repetidamente daños causados por el estrés.

Recordemos que el estrés es una respuesta fisiológica a una amenaza percibida, ya sea física o emocional, independientemente de que el individuo reconozca de inmediato esa percepción.

Dr. Gabor Maté



jueves, 26 de febrero de 2026

Entrenar la mente desde el Mindfulness


La mente es como un músculo, su tendencia es a la dispersión, como un mono que salta de rama en rama. Según algunos investigadores, la divagación de la mente ocupa un 47% del tiempo que pasamos despiertos (Killingsworth y Gilbert), otros calculan que la mente produce entre doce mil y setenta mil pensamientos al dia. 
Los estudios actuales, sugieren que la divagación mental es el modo de funcionamiento por defecto de nuestro cerebro (Hasenkamp). De modo que no se trata de tu mente, sino que es la naturaleza de la mente.
Acepta la divagación mental como parte del proceso de la meditación, del entrenamiento, en vez de combatirla como algo pernicioso que deba quedar fuera de la habitación cuando meditas.

Trabajar con la respiración es el método más universal para la regulación de las emociones.
La atención es como un músculo, que se puede entrenar.
Nos enorgullecemos a veces por la cantidad de tareas que hacemos al mismo tiempo…, sin embargo, recientemente, estudios científicos sugieren lo que los maestros de meditación saben hace miles de años y es que la multitarea es un mito, solo podemos prestar atención de verdad a una cosa a la vez (Wang y Tcherbew, 2012).

Prestar atención debería ser como respirar: algo natural, no forzado y que no requiere ningún esfuerzo. Pero dirigir la atención a donde queremos que vaya, y mantenerla ahí el tiempo que deseemos, no es tan fácil, y es que no nos han enseñado a prestar atención, ni siquiera nos lo han explicado.

El psicólogo y filósofo William James, define la atención así: la toma de posesión por parte de la mente, de forma clara y vivida, de uno de los varios objetos o líneas de pensamiento que parecen posibles simultáneamente. La focalización, la concentración y la conciencia forman parte de su esencia. Implica prescindir de unas cosas para ocuparse efectivamente de otras, y es una condición cuyo verdadero opuesto es el estado de confusión, aturdimiento y dispersión.
Dice James sobre la importancia de la atención en nuestra vida: la facultad de traer voluntariamente de vuelta la atención dispersa, una y otra vez, es la propia raíz del juicio, el carácter y la voluntad. 
Nadie es dueño de sí mismo si no la posee. La educación que mejorara esa facultad seria la educación por excelencia. Pero es más fácil definir ese ideal que dar orientaciones precisas para alcanzarlo.
Aquí es donde la práctica de la meditación, atención plena, aporta este entrenamiento.

La mejor forma de comenzar es centrando la atención en las sensaciones que la respiración produce en nuestro cuerpo. En el budismo, esta práctica es la primera de sus “cuatro fundamentos”, los otros tres son la atención plena de las sensaciones, de la mente y de los dharmas (factores mentales)


Hay varias razones para comenzar con la atención a la respiración:

1- Porque las sensaciones de la respiración son relativamente más tangibles y concretas que el resto de las sensaciones, los pensamientos y las emociones, lo cual facilita que se pueda utilizar como ancla para traer de vuelta la atención una y otra vez, además, al traer la atención a la respiración, la desviamos de la cabeza, permitiendo así el acceso a una perspectiva más física y experiencial.

2- La respiración está presente mientras estamos vivos, suele ser algo bastante neutro y que no provoca fuertes sentimientos de placer o de rechazo, lo cual hace más fácil estabilizar la mente.
Aunque sean más o menos sutiles, siempre hay sensaciones asociadas a la expansión de la inhalación y a la contracción de la exhalación.

3- La mayoría de las veces, respirar no requiere ningún esfuerzo.

4- La respiración tiende un sutil puente de integración y equilibrio entre diversos pares de opuestos: la actividad mental y los estados corporales, las funciones voluntarias e involuntarias del cuerpo y las ramas simpática (luchar o huir) y parasimpática (descansar y digerir) del sistema nervioso autónomo.

5- La respiración es la estrategia más simple, rápida y a menudo accesible para regular la emoción. Es obvio que la respiración se acelera y se hace más superficial ante emociones fuertes, como el miedo o la ira, y no hay duda de que dos o tres respiraciones profundas pueden ser útiles para navegar por un sentimiento intenso.
Sabemos lo que hay que hacer y sabemos que funciona, el problema radica en que es difícil acordarse de hacerlo, porque la mente y el cuerpo están preparados para perpetuar la emoción.

También puede ser que la simplicidad de la estrategia nos confunda y la rechacemos por ser demasiado obvia, o por no parecer lo suficientemente potente para afrontar el estado en que nos encontramos.
En cualquier estado, el Mindfulness de la respiración nos ayuda a ejercitar la atención y además, fortalece las vías neuronales que nos recordaran enfocarnos en la respiración, facilitando así el acceso a esta estrategia cuando nos sintamos descontrolados o atosigados.

La atención se entrena llevando la conciencia a la respiración cada vez que te des cuenta que la mente se ha puesto a divagar.
Cada vez que la mente se dispersa, se abre una nueva oportunidad de entrenar la atención.





Atención plena de la respiración. 
(ejercicio)

                                                       

Siéntate cómodo, sin hacer esfuerzo para mantenerte en esa postura durante todo el ejercicio. Mantén la espalda recta con los hombros relajados y el mentón leve inclinado hacia pecho.
Inhala profundo varias veces para relajarte y soltar cualquier tensión. 
Cierra suavemente los ojos o déjalos entreabiertos, como estés más cómodo.
Imagínate a ti mismo sentado. 
Observa tu postura como si te estuvieras viendo desde fuera. Deja a tu cuerpo y a tu mente tal como están.

Ahora presta atención a la respiración. Presta atención dónde la notes con más fuerza. 
Algunos la notan en la nariz, otros la perciben en el pecho que sube y baja, otras personas la sienten más en el abdomen, al expandirse el vientre con la inhalación y al retraerse con la exhalación.

Recorre mentalmente tu cuerpo y descubre dónde te es más fácil notar la respiración.
Ahora descubre cuándo notas la respiración con más fuerza – al exhalar, o al inhalar_. Si ambas son más o menos iguales, elige una de las dos.
Presta atención a la sensación de cada exhalación (suponiendo que has elegido la exhalación).
Siente el aire al salir por las fosas nasales cada vez que lo espiras. 
Al inhalar, simplemente descansa la atención y deja a la inhalación en paz mientras esperas. Luego vuelve a sentir la siguiente exhalación.

Deja que tu cuerpo respire – lo hace automáticamente_. Presta atención sólo a la sensación del aire en la nariz, cada vez que exhalas, una y otra vez.
Tu mente se distraerá de la respiración muchas veces por minuto.
No te preocupes por cuántas veces tu mente se distrae. Vuelve suavemente a la sensación en la nariz al exhalar, cada vez que notes que la atención se ha ido.

Luego de 15 min., continúa respirando sintiendo la tranquilidad lograda.


Notar la respiración, percibir como la mente se dispersa y traerla de nuevo con amabilidad, son componentes importantes para el entrenamiento de la atención.
Con la práctica de la atención plena y la conciencia de nuestras sensaciones corporales, recuperamos activamente el cuerpo como una dimensión preciosa de la vida (incluso durante una enfermedad grave), poco a poco sintonizándonos con nuestra experiencia y alejándonos de la objetivación y manipulación de nosotros mismos.

La atención es la capacidad de centrar la mente a voluntad en un determinado objeto. Se trata de una destreza fundamental necesaria para cualquier tipo de aprendizaje efectivo. La capacidad de prestar atención es esencial para el equilibrio emocional, porque da libertad de enfocar la mente de manera constructiva, en vez de estar constantemente distraído por estímulos aleatorios internos o externos.
M.Cullen/G.Brito



miércoles, 18 de febrero de 2026

Actitud ante la enfermedad


Cuando a una persona le dicen que padece una enfermedad, cuando acepta el momento presente y se reconcilia con la realidad, es decir, cuando asume que ésa es la situación, entonces puede deshacerse de cargas enteras de miedo, angustia, ira, frustración y desesperanza.

Quedar atrapado en un estado de ánimo de angustia y de desesperanza, es el peor posicionamiento que podemos adoptar para superar una enfermedad.
Las personas que se quedan encerradas durante semanas y meses en la pregunta constante de «¿por qué a mí?», sin ser conscientes de ello, generan una enorme tensión interna que se asocia a un aumento de las cifras del cortisol en sangre.

El cortisol es una hormona que segregan las glándulas suprarrenales de manera fisiológica (glándulas que están situadas encima de los riñones), cuando los niveles de cortisol en sangre son los normales y se siguen los ritmos circadianos, no surge problema alguno. Cuando nos apresan estados de ánimo como la ira, el miedo o la desesperanza, se elevan los niveles de cortisol y ello entorpece el funcionamiento del sistema inmunitario, que es el que nos protege frente a bacterias, virus y tumores.

La pregunta «¿por qué a mí?», para empezar, no tiene respuesta y, además, no genera nada valioso.
Sabemos que el cuerpo responde de una manera completamente diferente si las preguntas que nos hacemos son otras, como «¿qué es lo que puedo hacer para superar esto?» o «¿qué puede haber de positivo en lo que me está ocurriendo?».

No sólo es que los estados de ánimo que facilitan este tipo de preguntas no elevan los niveles de cortisol, sino que, además, si insistimos en la pregunta, nuestro sistema reticular activador ascendente (SRAA) nos mostrará algo, tal vez un camino de lucha y recuperación.


sábado, 7 de febrero de 2026

Dolor físico- dolor emocional y sufrimiento




Dolor físico:

Me lastimo un dedo con un martillo, se inflama y aumenta la percepción del estímulo doloroso en ese dedo, hay terminales nerviosos específicos para detectar el dolor, se llaman receptores nociceptivos. Esos estímulos dolorosos, viajarán por delgados filetes nerviosos que llegaran a la médula espinal y de ahí irán hacia el cerebro, hasta llevar esa información a la corteza cerebral, y hacerlo consciente.

El dolor es una información o un síntoma de un proceso que está sucediendo o en curso, en este caso el martillazo en el dedo. Luego lo interpretas mentalmente, según tu cuadro emocional y los procesos cognitivos que esa información dolorosa produce; aun tratándose de un dolor físico, también incluye una vivencia emocional.


Dolor emocional:

Si bien el dolor físico también puede tener un aspecto emocional como agregado, cualquier circunstancia que nos resulta emocionalmente dolorosa (una palabra hiriente, una ofensa, un menosprecio, un rechazo, un desengaño, una ruptura afectiva, frustración o cualquier circunstancia emocionalmente hiriente) produce dolor, en definitiva se trata de un verdadero trauma.

El componente emocional negativo que acompaña a cualquier circunstancia de estrés, va a tener una repercusión como lo tendría un estresor de orden físico; ocurre en cualquier situación estresante compleja o conflictiva: estrés laboral, postraumático, experiencias injustas, pobreza, indigencia, mirada despectiva del otro, etcétera.

Lo que ha demostrado la ciencia, es que las mismas áreas que se activan para el dolor físico, son las que se activan para el dolor emocional, y no solo se activan las áreas que se corresponden a la zona dañada del cuerpo (en caso de algo físico), sino también, otras áreas cerebrales como la corteza cingulada anterior y la corteza de la ínsula.
Estas dos zonas, son las que se activan tanto si el dolor es físico, como si es un dolor emocional, por lo cual el cerebro, no distingue demasiado entre el dolor físico y el dolor emocional... De ahí la importancia del trauma emocional producido por ejemplo, por el bullying, y otros, que dejan una secuela o cicatriz emocional.

Es importante que todo dolor sea procesado y atendido adecuadamente, no subestimarlo, ya que continuará trabajando en nuestra mente, nos solo en el plano de la conciencia, sino también en el inconsciente.
El dolor emocional es parte de la vida, conviene procesarlo y sacar el aprendizaje, nos invita a sentir, reflexionar y pensar.


Sufrimiento:

Cuando nos pasa algo desagradable, conviene comenzar por la aceptación, en vez de ¿por qué a mí? puedo plantearme, ¿y porque no a mí?
El sufrimiento es una condición plagada de emociones negativas, sostenidas en el tiempo, en sí mismo es inútil y una fuente constante de dolor. Es solo aprovechable, si nos permite dar un salto hacia adelante para fortalecernos; solo a través de un proceso consciente, podremos superarlo y convertirlo en aprendizaje.

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, dijo Buda, porque está bajo nuestra responsabilidad y albedrío superarlo.

El sufrimiento, se instala cuando no aceptamos los cambios, cuando le ofrecemos resistencia a los hechos que se nos presentan, cuando no nos adaptamos a las nuevas condiciones.

Como dice Selye:

El estrés es un síndrome general de adaptación. Nuestro cuerpo y mente buscan adaptarse a la condición que nos estresa.

Si no logramos la adaptación a la situación, irá más allá de los límites tolerables y se convertirá en estrés dañino, produciendo enfermedades de desadaptación.

Para salir del sufrimiento, no es la realidad la que ha de cambiar, sino nuestra forma de pararnos ante ella. El sufrimiento, nos indica que estamos procesando el mundo de modo incorrecto y en contra de nuestros intereses, conveniencia y bienestar.
Solo si le damos nuestro consentimiento, habrá sufrimiento.
La realidad es neutra, lo que interesa es cómo nosotros la procesamos.

Distingamos entre lo que podemos cambiar, lo cambiamos, pero cuando no está a nuestro alcance hacerlo, es mejor aceptarlo, que no quiere decir que me agrade, sino aceptar es decir “si” a lo que está aconteciendo, simplemente porque está sucediendo y luego ver qué es posible hacer con ello.

Quedarse enganchados en una realidad que ya no existe, cuando el sufrimiento nos conmueve, nos impedirá salir de él. Aceptar los vaivenes de la vida no es resignarse, que significa inacción. Aceptar es adaptarse activamente a las circunstancias; negar los cambios es no aceptar la impermanencia, que es lo único permanente que existe.
Hemos de tener flexibilidad mental para adaptarnos a los cambios.

www.centroelim.org

jueves, 5 de febrero de 2026

El paradigma de la medicina del futuro


 La Psiconeuroendocrinoinmunología (PNEI) será el paradigma de la medicina del futuro. Estudia la relación entre la psiquis, el sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino, y ofrece los conceptos y los componentes para cambiar la forma en que percibimos el mundo.


Los componentes de la PNEI, son los neurotransmisores, las hormonas y las citoquinas, que actúan como moléculas mensajeras llevando información entre los sistemas nervioso, endócrino e inmune.

Esta nueva rama de la ciencia, nos muestra que la mente y la actividad del cerebro, es la primera línea que tiene el cuerpo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte, y alinearse a favor de la salud y el bienestar.

Gracias a investigaciones recientes, no podemos negar la evidencia de las interacciones entre mente-cerebro-cuerpo, a nivel molecular, celular y del organismo, que pueden impactar sobre la salud y la calidad de vida de los individuos.

El Dr. Robert Ader, es considerado el padre de la PNEI, demostró que el sistema inmunológico podía condicionarse (1974), hasta ese momento, se creía que sólo el cerebro y el sistema nervioso central, podían responder a la experiencia y cambiar su forma de comportarse.

Si se puede condicionar el sistema inmunológico, es porque se encuentra bajo el control de nuestro sistema nervioso, y éste, bajo el control de los pensamientos, y esto es una revolución en la medicina. Hasta ese momento los científicos no veían una conexión entre el sistema nervioso y el inmunológico.

Muchos investigadores, han descubierto que los mensajeros químicos que operan más ampliamente en el cerebro y en el sistema inmunológico, son aquellos que resultan más densos en aquellas zonas nerviosas que regulan la emoción, o sea que las emociones afectan al sistema inmune, algunas de las pruebas más evidentes las ofrece el Dr. Felten, colega de Robert Ader; en su trabajo junto con su esposa y otros colegas, detectó el punto de encuentro en donde el sistema nervioso autónomo se comunica en forma directa con los linfocitos y los macrófagos (células del sistema inmunológico).

En la observación microscópica electrónica, descubrieron contactos semejantes a sinapsis, en los que las terminales nerviosas del sistema autónomo se apoyan directamente en las células inmunológicas.

Este contacto físico, permite que las células nerviosas liberen neurotransmisores para regular las células inmunológicas, estas envían y reciben señales. Nadie había imaginado que las células inmunológicas podían ser blanco de los mensajes enviados desde los nervios.


Cada vez son más los investigadores que reconocen

el papel de las emociones en la medicina.


La PNEI nos ayuda a entender mejor cómo se transforman las emociones en sustancias químicas, moléculas de información que influyen en el sistema inmunológico y en otros mecanismos de curación del cuerpo.




Algunos de los trabajos más interesantes en este campo, se deben a la doctora Candace Pert (ex Directora del Departamento de Bioquímica Cerebral del Instituto Nacional de Salud Mental de los EEUU).

Fue una de las primeras en estudiar los neuropéptidos, receptores de mensajes químicos que intervienen en la comunicación de las emociones.


Esta neurocientífica, descubrió los receptores opiáceos en las neuronas.

Esto demuestra una vez más la interconexión entre cuerpo y mente.


Estamos acostumbrados a ver sólo lo que entra en nuestro marco de creencias. La doctora Candace, nos habla de cómo muchas de las "curaciones milagrosas, o remisiones espontáneas" de cáncer y otras enfermedades, están influenciadas por el poder de la mente y las emociones, y lo prueba científicamente.

Dice que las emociones funcionan como "quimio-taxis", recorriendo todo el cuerpo. El ser humano tiene infinitas posibilidades si "cree" en su inmenso poder. La mente puede crear nuestra propia realidad.

Fue por los años 80, la Dra. Candace Pert, liderando un grupo de investigadores, descubrió que, un grupo de moléculas llamadas péptidos (derivados proteínicos), son los mensajeros moleculares que facilitan la comunicación entre los sistemas Nervioso, Endócrino e Inmunológico, es decir, que estos mensajeros, conectan tres sistemas diferentes en una misma red.

Hasta ese momento, se sabía que, cada uno de estos tres sistemas, cumplía funciones diferentes y funcionaban por separado.

El Sistema Nervioso, formado por el cerebro y una red de células nerviosas, la sede de la memoria y el pensamiento, de la sensibilidad corporal y de la emoción; el Sistema Endócrino, formado por las glándulas y sus secreciones hormonales, controla e integra diversas funciones corporales; y el Sistema Inmunológico, constituido por el bazo, la médula ósea, los ganglios linfáticos y células inmunológicas, es el sistema de defensa del cuerpo, se encarga de la integridad de las células, de los tejidos y órganos.

Las investigaciones sobre péptidos, demuestran que estas separaciones conceptuales, no pueden seguirse manteniendo.


Los péptidos conforman una familia de entre 60 y 70 macromoléculas que tradicionalmente recibían diferentes nombres: hormonas, endorfinas, neurotransmisores, factores de crecimiento, etc.

Actualmente, se considera que forman una sola familia de "mensajeros moleculares".

Estos mensajeros, son cadenas cortas de aminoácidos que se fijan a receptores específicos, situados en abundancia en la superficie de todas las células del cuerpo.

Al unir los tres sistemas en una misma red, los péptidos son mensajeros que circulando libremente por esta red, alcanzan todos los rincones del organismo.

De esta manera, se transforman en la manifestación bioquímica de la memoria, del pensamiento, de la sensibilidad corporal, de la emoción, de los niveles hormonales, de la capacidad de defensa y de la integridad de las células, tejidos y órganos.


Todas las partes del cuerpo y de la mente "saben" lo que está pasando

en todas las demás partes del cuerpo y de la mente.

Estamos ante un sistema de información integrado.


Ampliando el concepto y la función de los péptidos, se descubrió que las hormonas, que supuestamente eran producidas exclusivamente por las glándulas, son péptidos que también se producen y almacenan en el cerebro.

Se descubrió, que las endorfinas (un tipo de neurotransmisores, que producen bienestar, felicidad), que se creía que sólo eran producidas en el cerebro, son péptidos que también son fabricados por las células inmunológicas.

Y, al seguir investigando, identificaron más receptores de péptidos y se descubrió que, prácticamente cualquier péptido conocido es producido en el cerebro y en varias partes del cuerpo simultáneamente.

La Dra. Candace Pert, expresa:

"Ya no puedo hacer una distinción tajante entre el cerebro y el cuerpo."


Los péptidos del sistema nervioso, no sólo son producidos por las neuronas, y son fundamentales para las comunicaciones de todo el sistema nervioso, sino que, al fijarse en receptores que están alejados de las neuronas que los originaron, están también en otras partes del cuerpo.

En el sistema inmunológico, los glóbulos blancos, no sólo tienen receptores para todos los péptidos, sino que ellos mismos fabrican péptidos.

Los péptidos controlan el patrón de migración de las células del sistema inmunitario y también todas sus funciones vitales.

Los leucocitos (glóbulos blancos), son células móviles, con lo cual, pueden salir de los capilares introduciéndose en los espacios intercelulares de la pared y emigrar mediante movimientos ameboideos hacia cualquier partícula extraña que se encuentre invadiendo los tejidos.

Así que, además de ser transportados por la sangre llegando a cualquier parte del organismo, también se escapan de la sangre y se cuelan por los espacios intersticiales donde se bañan las células.







viernes, 23 de enero de 2026

Comunicación cuerpo-mente

 


El cuerpo y la mente están íntimamente ligados y su interacción ejerce una profunda influencia sobre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte.

Las emociones cuando las reprimimos, vulneran nuestro sistema inmune, al igual que el estrés y las creencias insalubres que se instalan en nuestro cerebro en forma de redes neuronales, determinando respuestas adictivas  a nuestra forma de percibir y reaccionar en la vida.

Podemos adquirir plasticidad biológica y biopsicosocial para enfrentar situaciones adversas y salir fortalecidos, resilientes, entendiendo por resiliencia a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límites y sobreponerse a ellas.

Los tratamientos basados  en la medicina biopsicosocial, que atienden las necesidades emocionales, cognitivas, físicas, nutricionales, vinculares, inconscientes, espirituales y energéticas, pueden no solo mejorar la vida de personas con enfermedades graves, sino también modificar el curso de la enfermedad.

Ya no podemos negar que las actitudes, hábitos, los estados emocionales (desde el amor hasta la compasión, desde el miedo hasta el resentimiento o la rabia) pueden desencadenar reacciones que afectan la química interna, optimizando o debilitando nuestro estado funcional.

Nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones. Cuando aprendemos cómo se crean estos hábitos tóxicos que nos afecta en la vida y que están instalados en nuestras redes neuronales, podemos acabar con ellos y además, reprogramar y desarrollar nuestro cerebro para que podamos tener nuevos comportamientos más saludables en nuestra vida.

El cuerpo es como un mensajero, nos alerta constantemente cuando algo de lo que  pensamos, sentimos o imaginamos, es bueno o no para nuestra biología, mediante indicadores somáticos de bienestar o malestar, que, generalmente ignoramos.

Podemos aprender a movilizar sustancias químicas (drogas endógenas) para mover el curso de nuestra biología.

Estas drogas endógenas (internas) pueden ser antidepresivos, estimulantes, ansiolíticos, analgésicos, etc., esta es un área rica y poco difundida.

 

Para comprender de dónde surgen realmente nuestras limitaciones, es fundamental conocer nuestra mente. 

 

El Dr. Andrew Newberg, reconocido neurocientífico norteamericano dice:

el cerebro es capaz de realizar millones de cosas diferentes y las personas, en verdad, deberían saber que son realmente increíbles y que sus mentes también lo son.  Tenemos esta cosa increíble dentro de nuestra cabeza, que no solo  puede hacer muchas cosas por nosotros y nos puede ayudar a aprender, sino que es capaz de cambiar y adaptarse y nos puede hacer mejores de lo que somos. Nos puede ayudar a trascendernos y debe haber algún modo que, de hecho, nos lleve a un nivel superior de nuestra existencia en la que podamos comprender el mundo y nuestra relación con las cosas y las personas de una manera más profunda y que en definitiva podamos darle mayor significado a nuestras vidas y nuestro mundo. Existe una parte espiritual en nuestro cerebro, se trata de una parte a la cual todos podemos acceder, es algo que todos podemos hacer.”

Nuestra mente y nuestro cuerpo, constantemente están comunicándose, esta interacción la estudia la Psiconeuroendocrinoinmunología (PNEI), esta estudia la interacción entre los procesos de adaptación de conducta, neuronales, neuroendocrinos y los inmunológicos. Su premisa principal es que la homeostasis (equilibrio) es un proceso integrado que involucra las interacciones entre los sistemas nervioso, endócrino e inmune.

Toda esta extraordinaria maquinaria neuro- inmuno- endocrinológica, está permanentemente a nuestras órdenes y cada uno de nosotros de manera consciente o no, la estamos movilizando a cada segundo.

Es el cerebro el que coordina y envía sus órdenes a través del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, y pone en marcha la secreción de una serie de hormonas que alcanzan los linfocitos que, en última instancia son los que transmiten las órdenes. Y también a través del sistema nervioso autónomo, simpático y parasimpático, al que el sistema inmunitario presta especial atención y escucha en cada momento.

De manera que podemos darnos cuenta de cómo nuestros pensamientos, actitudes y creencias, crean las condiciones de nuestro cuerpo a través de los sistemas de control homeostático de nuestro organismo: sistema nervioso, endocrino e inmunitario.

El estado emocional, filtra y modula la percepción para que los estímulos ambientales, los factores psicosociales, los estresores que vivimos, y en general todo aquello que nos importa, produzca determinado tipo de impacto  sobre el cerebro.

El cerebro, utiliza por un lado el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y por el otro el sistema nervioso vegetativo para comunicarse con el sistema inmunitario. Los intermediarios son las moléculas de información que corresponden a cada uno de estos tres sistemas, o sea, las hormonas del sistema endocrino, los neurotransmisores del sistema nervioso y las linfosinas del sistema inmunitario.

En el sentido inverso, este proceso también funciona: el sistema inmunitario recoge información periférica de estresores infecciosos o inflamatorios radicados en cualquier órgano o tejido del cuerpo, y a través de la secreción de linfosinas, informa lo que ocurre al cerebro, el cual con la información adecuada,  pone en marcha las correspondientes estrategias de comportamiento.

Es decir que, los efectos del comportamiento, están mediados por las linfocinas del sistema inmunitario ya sea el estresor infeccioso-inflamatorio (en el sentido sistema inmunitario-sistema nervioso), o bien ambiental psicológico (en el sentido sistema nervioso-sistema inmunitario), pero en ambos casos, el sistema de respuesta es común.

El sistema nervioso modula el sistema inmunitario y viceversa, el sistema inmunitario  informa al sistema nervioso.

Los tres sistemas forman un triángulo de información en donde el sistema nervioso impone su melódico ritmo, el del día y la noche, el de luz y oscuridad,  el de bienestar y malestar, el de placer y dolor, el de los periodos de sueño y el  ritmo circadiano. Y esa conversación no cesa nunca, ni siquiera cuando dormimos y mucho menos cuando quedamos sin energía; justo en estos casos es cuando nuestro sistema inmunitario se apodera de ella totalmente, justo cuando más la necesita para desempeñar su trabajo en estos momentos de depresión o enfermedad.

El sistema inmunitario, no solo escucha, sino que reacciona al diálogo emocional. Es nuestro cuidador, siempre que se le permita disponer de la información adecuada. El sistema inmune es nuestro sexto sentido, el que informa a nuestro organismo de lo que no se puede ver, ni tocar, ni oír, ni degustar, ni oler; pero si es capaz de traducir información ambiental al cerebro que no es captada por otros sentidos, estímulos no cognitivos o premonición de enfermedad, por ejemplo.

Los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario, encarnan en nuestro organismo literalmente, el proceso de la consciencia que queda impreso en nuestros tejidos a partir de nuestras vivencias, así entendemos como una persona puede enfermar a causa del sufrimiento y también como la comprensión psicológica del mensaje que trae cada enfermedad grave, ilumina el área del cerebro que enviará sus órdenes al sistema inmune para que ponga fin al conflicto.

Es fácil comprender entonces como diversos factores psicosociales (el estrés, el tipo de personalidad, la preocupación y el modo de afrontarla, el apoyo social, el duelo, los conflictos de pareja, la depresión, la ansiedad, un desastre natural, o un conflicto bélico), producen un patrón de impacto específico sobre el sistema inmunitario, que termina elaborando el patrón de respuesta inmune propio de cada individuo. Una forma de llevar la experiencia en el organismo que, sumado a factores como la edad, la dieta, y otros, dependerá su estado de salud o enfermedad y en caso de esta última, que tipo de enfermedad y qué órgano se afectará, según la vulnerabilidad de cada uno frente al impacto físico y/o emocional.

Las expresiones afecto-cognitivas, influyen en el sistema de defensas. Sabemos que al disminuir la ansiedad, aumenta de manera específica los linfocitos CD4, que confesar secretos de culpabilidad         produce un aumento del número de linfocitos o que las hormonas del estrés disminuyen las células NK (“asesinas naturales”) circulantes.

Toda memoria es biocognitiva y la mente se encuentra en todo el cuerpo. El hecho de que el sistema inmune tenga la capacidad de aprender parámetros afectivos y cognitivos, explica por qué el recuerdo reproduce respuestas fisiológicas. (S. M. Maruso)

El sistema inmunitario se pasa el tiempo escuchando nuestros monólogos y su respuesta está condicionada por los pensamientos.

Las células que defienden el organismo tienen receptores de las sustancias que el cerebro produce con cada pensamiento.

 

Curso online Comunicación Cuerpo-Mente