sábado, 4 de abril de 2020

Toda emoción tiene un reflejo bioquímico dentro del cuerpo.



La doctora Candace Pert es una psicofarmacóloga de prestigio internacional. Dentro de comunidad científica, se la conoce fundamentalmente por su descubrimiento del receptor opiáceo en 1973, punto de partida a una sucesión de hallazgos de otros receptores y sus neurotransmisores, con el consiguiente impacto en el conocimiento de las bases químicas del funcionamiento del cerebro, los neurotransmisores y las endorfinas.

Los más de 25 años de investigación y especialización de la doctora Pert en la base molecular de los neuropéptidos y sus receptores, tanto en el cerebro como en el sistema inmunológico, han proporcionado la base científica para un nuevo campo de la medicina y la farmacología denominado como psiconeuroinmunología, que estudia la comunicación entre mente y cuerpo y la importancia de las emociones como puente entre estas dos partes, habitualmente tratadas como separadas.

Pert dice: "La mayoría de lo psicólogos tratan la mente como separada del cuerpo, un fenómeno con apenas conexión con el cuerpo físico. Inversamente, los médicos tratan al cuerpo como desvinculado de la mente y las emociones. Pero el cuerpo y la mente no están separados y no podemos tratar ni entender a uno sin el otro. Investigaciones científicas están demostrando que el cuerpo puede y debe ser curado a través de la mente, y la mente puede y debe ser curada a través del cuerpo”.

Candace Pert ha escrito más de 250 publicaciones científicas y ha trabajado como jefa de sección de bioquímica cerebral en la rama clínica de neurociencia del NIMH [Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos). También ha escrito dos libros: Molecules of Emotion y All you need to know to feel good.

Las implicaciones de sus hipótesis y los resultados de sus investigaciones plantean un salto cualitativo de perspectiva sobre cómo funciona el cuerpo humano, nuestra salud física y bienestar psicoafectivo. Una visión que integra las partes, poniendo el foco en los procesos y el funcionamiento del Todo.



La información de las células secretoras de péptidos produce cambios fisiológicos, que a su vez implican una retroalimentación y en base a ello se producirá un número determinado de péptidos y de que clase.

Todo ello supone que la información usa un lenguaje codificado precisamente por los neuropéptidos y sus receptores, que son las sustancias físicas de la información. Por ello la información se convierte en el enlace entre psique y cuerpo, esas moléculas de información usan ese lenguaje para comunicarse a través de la red compuesta por los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico, es decir una red psicosomática.

Otro aspecto fundamental de sus teorías a partir de esa red psicosomática, es que los péptidos son la manifestación bioquímica de las emociones. En ese sentido indica que los péptidos, o al menos la mayoría de ellos, alteran el comportamiento y el estado de ánimo, y actualmente se trabaja con la hipótesis de que cada uno de ellos pueda despertar un determinado estado emocional, por lo que todo el grupo de péptidos, entre 60 o 70 macromoléculas, podrían constituir un lenguaje bioquímico universal emocional.


Dice la Dra. Candace Pert:

Las emociones son el contenido informacional, que es intercambiado vía la red psicosomática, con los órganos, células y sistemas que participan en el proceso. Así como la información, las emociones viajan en dos realidades: la de la mente y el cuerpo, como péptido y receptores en la realidad física y como sentimientos y emociones en el plano no material.”




Por ello deduce que cada péptido mediatiza un determinado estado emocional, significando que todos los pensamientos, creencias, percepciones sensoriales, y de hecho todas las funciones corporales estarían influidas por las emociones, puesto que en todas intervienen los péptidos.

Igualmente todos esos estudios, incluyendo los de otros científicos, la han llevado a postular que la mente no está localizada en el cerebro, sino distribuida por todo el organismo en forma de moléculas señal.

La red psicosomática implica, contrariamente a lo que se creía, que el sistema nervioso no está estructurado jerárquicamente. 

Dice específicamente la Dra. Candace Pert:

“Los glóbulos blancos son partes del cerebro que flotan por el cuerpo.”

“No soy capaz de establecer una clara distinción entre el cerebro y el resto del cuerpo”.

También, de sus estudios y de otros posteriores, Pert, expone que el sistema inmunológico, incluyendo el sistema nervioso central, tiene memoria y capacidad de aprendizaje, con lo cual deduce que la inteligencia se encuentra en todas y cada una de nuestras células del cuerpo, por ello la separación de procesos psíquicos y procesos orgánicos no sería cierta.

Pert revela cómo su estudio sobre los receptores que procesan la información en las membranas de las células nerviosas le llevó a descubrir que los mismos receptores «neurales» estaban presentes en la mayoría, si no en todas, las células del cuerpo.



Los estudios de la Dra. Pert, han sido muy importantes en el desarrollo y avance de la Psiconeuroinmunología.
Indica que toda enfermedad tiene siempre un componente psicológico, por lo que es imposible la separación cartesiana de mente y cuerpo.

Esto implicaría que la cognición es un fenómeno extendido por todo el organismo, y opera a través de una compleja red química de péptidos que aúna todas nuestras actividades, sean éstas mentales, emocionales u orgánicas.

La enfermedad por tanto estaría asociada ineludiblemente a las emociones. Cuando estas son expresadas todos los sistemas del organismo forman un corpus unificado, pero cuando son negadas y reprimidas, dichas emociones quedarían atrapadas por nuestro cuerpo físico, los sistemas se bloquean y nos llevaría a la enfermedad.

Pero también indica que dichas emociones pueden ser liberadas y por tanto eso nos puede llevar a la curación. Todo ello lo deduce de sus descubrimientos, en base a que toda emoción tiene un reflejo bioquímico dentro del cuerpo.

Sigue indicando la Dra. Pert que el sistema orgánico está sano cuando ese bucle de información no es entorpecido y el proceso se produce con celeridad. A mayor rapidez, más y mejor información recibe la célula, que a su vez permite realizar los cambios necesarios en el menor tiempo posible, lo cual es sinónimo de buena salud, o de curación o mejoría en los procesos de disfunciones orgánicas.

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lunes, 23 de marzo de 2020

Cuando el cuerpo nos habla

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Cuando el cuerpo nos habla a través de un malestar o una enfermedad cualquiera, lo hace para ayudarnos a tomar conciencia de una forma de pensar que no es beneficiosa para nosotros. 

Esta forma de pensar, aunque de un modo inconsciente, perjudica a todo nuestro ser y entonces aparece el malestar para decirnos que ha llegado el momento de cambiar esa manera de pensar, esas creencias que no nos benefician. Nos dice que estamos llegando a nuestros límites físicos, emocionales y mentales. 

Un cuerpo enfermo lo que busca es restablecer su equilibrio, porque el estado natural del cuerpo es la salud. 

La enfermedad es un “regalo” para hacernos más conscientes, para que podamos lograr el equilibrio interno. 

¿Qué es el ego? (mascara, personalidad, coraza, son otros nombres para designarlo). 

El ego es la totalidad de tus recuerdos que, habiendo adquirido demasiada importancia con el paso de los años, terminan por volverse lo suficientemente poderosos como para invadir tu individualidad (se trata de un programa, que una vez grabado en el inconsciente, funciona automáticamente, mientras no seamos conscientes de él). 

La forma en la que en su momento percibiste un acontecimiento fue registrada en tu memoria. Debido a que este suceso fue especialmente o feliz o difícil de vivir, decidiste que era necesario no olvidarlo. De este recuerdo sacaste una conclusión, que se convirtió en una creencia que busca evitarte un sufrimiento si el acontecimiento fue desafortunado, o repetirlo si el suceso fue motivo de dicha, todo esto es inconsciente. 

Es importante que seas consciente de que cuando creíste en algo fue porque estabas convencido de que esa creencia te ayudaría a ser más feliz. 

Desafortunadamente, la gran mayoría de las creencias acumuladas desde tu infancia ya no te son útiles. Algunas pudieron haberlo sido, pero la mayoría ya no lo son. 

El ego está constituido por cientos de creencias de las cuales debemos ser conscientes, o de lo contrario nos impedirán vivir una vida plena, donde podamos manifestar nuestra verdadera Esencia. 

Esta es la razón principal de todos nuestros malestares y enfermedades: el enorme poder que le damos a nuestro ego, nuestro sistema de creencias, que mueven emociones y afectan bioquímicamente todo el organismo. 

De hecho, cuando dejamos que dirija nuestra vida, y dejamos que esto nos impida ser lo que somos realmente, bloqueamos la parte física del cuerpo que sería necesaria para manifestar o realizar nuestros deseos. 

Es importante que aprendas a estar atento, consciente de cuando tu malestar o tu enfermedad te parezcan solamente "físicos". Es muy tentador creer que la causa es solamente física. 

No podemos separar disociar los cuerpos físico, emocional y mental, ya las investigaciones científicas nos hablan lo que ya se sabía hace muchos años, la interacción entre cuerpo físico, emociones, creencias… solo ver algunos de los aportes de la psiconeuroendocrinoimunología, para poder comprender este funcionamiento integrado, y darnos cuenta que podemos hacer algo al respecto. 

Solemos atribuirle la razón de las enfermedades a algo externo, un accidente, una indigestión, un virus, la genética, etc.. 

Las causas más comunes de la enfermedad son las actitudes y las emociones negativas, la culpabilidad, la búsqueda de atención y la utilización de la enfermedad para evitar una situación desagradable o para huir de ella, generalmente inconsciente. 

También hay personas que se dejan influir fácilmente y sufren a menudo enfermedades causadas por las creencias populares, como por ejemplo que "una corriente de aire ocasiona un catarro". Estas personas atrapan fácilmente las enfermedades llamadas contagiosas. 

En resumen: todo malestar te dice que te ames. 

Al amarnos dejamos que sea nuestro corazón quien dirija nuestra vida, no nuestro ego. Amarnos significa concedernos el derecho de vivir nuestras experiencias, y amar a los demás es concederles el derecho de vivir sus propias experiencias. 

Esto significa darte el derecho de ser humano, con tus miedos, tus creencias, tus límites, tus fuerzas, tus debilidades, tus deseos y tus aspiraciones; en fin, darte el derecho de ser como eres ahora. 

Y todo esto se debe hacer sin juicios morales de bueno o malo, correcto o incorrecto, viviéndolo solamente como una experiencia, con el conocimiento de que siempre habrá consecuencias, agradables o no, resultantes de las decisiones tomadas. 

Cuando descubres la actitud mental que te bloquea hasta el punto de crearte un problema físico, debes pasar rápidamente a la etapa de la aceptación incondicional de lo que eres, antes de que tenga lugar en ti alguna transformación mental. 

Tu cuerpo físico se adaptará con gusto a esta transformación. Recuerda que él es sólo un reflejo de lo que sucede en tu interior. 

No basta con comprender o aceptar una situación exterior o aceptar a otra persona. Lo más importante es la aceptación de uno mismo, es decir...perdonarnos. 

El hecho de que tú mismo encuentres la causa de tu malestar no quiere decir que no consultes al médico. Debes buscar ayuda física mientras realizas tu búsqueda interior en los niveles emocional, mental y espiritual. 



PARA PRECISAR MEJOR LA CAUSA DE TU PROBLEMA FÍSICO, 
HAZTE LAS SIGUIENTES PREGUNTAS: 
(adaptación de Lisa Borbeaut) 
Toma papel y lápiz y anota lo que investigues...

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BLOQUEO FÍSICO: 

"¿Qué adjetivos pueden describir mejor lo que siento en mi cuerpo?". 

Tu respuesta representará lo que sientes ante la persona o la situación que ha desencadenado el malestar. 


BLOQUEO EMOCIONAL: 

"¿Qué me impide realizar esta enfermedad?". 

Tus respuestas a esta pregunta representan al deseo o los deseos bloqueados. 

"¿A qué me obliga esta enfermedad?". 

Retoma esta respuesta (o respuestas) y agrega la palabra "no" al principio de cada uno de ellas. Estas frases representan tus deseos bloqueados. 


BLOQUEO ESPIRITUAL: 

"Si me permitiera estos deseos, ¿qué sería?" (Utiliza los deseos encontrados en la etapa anterior). 

La respuesta a esta pregunta corresponde a una necesidad profunda de tu ser (algún valor, como libertad, armonía, plenitud, etc.), bloqueada por alguna carencia. 


BLOQUEO MENTAL: 

"Si en mi vida me permitiera ser... (Repite la respuesta de la pregunta anterior), ¿qué podría sucederme de desagradable o de no aceptable?". 

La respuesta a esta pregunta corresponde a la creencia no benéfica que bloquea tus deseos y te impide realizar tu necesidad, creando así el problema físico. 


Cuando conoces la creencia no benéfica o la manera de pensar que te impide ser lo que quieres, lo primero que has hacer para transformarte es: 

- permitirte haber tenido la necesidad de creerla, estableciendo contacto con el niño que habita en ti y que la creyó después de haber experimentado un sufrimiento. 

- Después, pregúntate si todavía la necesitas realmente para ser feliz. 

- Si la respuesta es afirmativa, ello es señal de que todavía te es útil. Tú eres quien gobierna tu vida, de modo que puedes seguir creyendo en ella, pero debes saber que, al actuar así, obtendrás los mismos resultados que han obtenido hasta ahora. No esperes ningún cambio. 

- Si estás convencido de que esta creencia todavía es cierta pero que el hecho de creerla no te hace feliz, verifica en tu interior si estás tan convencido de su veracidad como hace algunos años. Es muy probable que ahora lo creas mucho menos. Por lo tanto, estás en vías de sanar. 

- Cuando en lo más profundo de ti sabes que no quieres seguir creyendo la misma cosa, no te queda más que realizar las acciones necesarias para manifestar tus deseos a fin de permitirte ser lo que quieres ser. 

- La curación sólo puede realizarse en el momento en el que uno se perdona. Esta etapa tiene el poder de transformar no sólo nuestro amor hacia nosotros mismos, sino también el corazón y la sangre en nuestro cuerpo físico. Esta sangre nueva, reenergetizada por el influjo de este amor reencontrado, es como un bálsamo que circula por todo el cuerpo: a su paso transforma y rearmoniza las células. 


Aun cuando intelectualmente te resulte difícil creerlo, ¿qué puedes perder con probar? 

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martes, 17 de marzo de 2020

Emociones y salud


Cada vez son más los investigadores que reconocen el papel de las emociones en la medicina.

Algunos de los trabajos más interesantes en este campo, se deben a la doctora Candace Pert (ex Directora del Departamento de Bioquímica Cerebral del Instituto Nacional de Salud Mental de los EEUU). Fue una de las primeras en estudiar los neuropéptidos, receptores de mensajes químicos que intervienen en la comunicación de las emociones. 

Tenemos en general la costumbre de ver sólo lo que entra en nuestro marco de creencias. La doctora Candace Pert, nos habla de cómo muchas de las "curaciones milagrosas, o remisiones espontáneas" de cáncer y otras enfermedades, están influenciadas por el poder de la mente y las emociones, y lo prueba científicamente.

Las emociones funcionan como "quimio-taxis", recorriendo todo el cuerpo, dice Candace. El ser humano tiene infinitas posibilidades si "cree" en su inmenso poder. La mente puede crear nuestra propia realidad.

"La mayoría de los psicólogos tratan la mente como separada del cuerpo, un fenómeno con apenas conexión con el cuerpo físico. Inversamente, los médicos tratan al cuerpo como desvinculado de la mente y las emociones.

Pero el cuerpo y la mente no están separados y no podemos tratar ni entender a uno sin el otro. Investigaciones científicas están demostrando que el cuerpo puede y debe ser curado a través de la mente, y la mente puede y debe ser curada a través del cuerpo”.

La Dra. Candace Pert, junto a un grupo de investigadores, a mediados de los 80, descubrió que un grupo de moléculas llamadas péptidos (derivados proteínicos) son los mensajeros moleculares que facilitan la conversación entre los sistemas nervioso, inmunológico y endocrino. Es decir, estos mensajeros conectan tres sistemas distintos en una sola red (Psiconeuroendocrinmunología- PNEI).

La PNEI nos ayuda a entender mejor cómo se transforman las emociones en sustancias químicas, moléculas de información que influyen en el sistema inmunológico y en otros mecanismos de curación del cuerpo.

Desde siempre se ha considerado que esos tres sistemas están separados y tienen funciones distintas.


El sistema nervioso constituido por el cerebro y una red de células nerviosas, es la sede de la memoria, del pensamiento, de la sensibilidad corporal y de la emoción.

El sistema endocrino, constituido por las glándulas y sus secreciones hormonales, controla e integra, como principal sistema regulador del cuerpo, diversas funciones corporales.

El sistema inmunológico, constituido por el bazo, la médula ósea, los ganglios linfáticos y las células inmunológicas, es el sistema de defensa del cuerpo, responsable de la integridad de las células, de los tejidos y de los órganos.

Las investigaciones sobre péptidos han demostrado que estas separaciones conceptuales ya no pueden mantenerse con una única red psicosomática.

Los péptidos constituyen una familia de sesenta a setenta macromoléculas que tradicionalmente recibían distintos nombres: hormonas, neurotransmisores, endorfinas, factores de crecimiento etc. Actualmente se considera que en realidad forman una sola familia de mensajeros moleculares.

Estos mensajeros son cadenas cortas de aminoácidos que se fijan a receptores específicos situados abundantemente en las superficies de todas las células del cuerpo.

Al unir a los tres sistemas en una misma red, los péptidos son los mensajeros que circulan libremente por esta red alcanzando todos los rincones del organismo.

Se transforman así en la manifestación bioquímica de la memoria, del pensamiento, de la sensibilidad corporal, de la emoción, de los niveles hormonales, de la capacidad defensiva, de la integridad de células, tejidos y los órganos.

Dice la Dra. Candace Pert:

“Las emociones son el contenido informacional, que es intercambiado vía la red psicosomática, con los órganos, células y sistemas que participan en el proceso. Así como la información, las emociones viajan en dos realidades: la de la mente y el cuerpo; como péptido y receptores en la realidad física, y como sentimientos y emociones en el plano no material.”

Por ello deduce que cada péptido mediatiza un determinado estado emocional, significando que todos los pensamientos, creencias, percepciones sensoriales, y de hecho todas las funciones corporales estarían influidas por las emociones, puesto que en todas intervienen los péptidos.


Igualmente todos esos estudios, incluyendo los de otros científicos, la han llevado a postular que la mente no está localizada en el cerebro, sino distribuida por todo el organismo en forma de moléculas señal.

Todas las partes del cuerpo y de la mente "saben" lo que está pasando en todas las demás partes del cuerpo y de la mente. Es un sistema de información integrado.

Además, se descubrió que las hormonas, supuestamente producidas en exclusividad por las glándulas, son péptidos que también se producen y se almacenan en el cerebro.

Un tipo de neurotransmisores llamados endorfinas, que, según se pensaba, eran producidas solamente en el cerebro, son péptidos y también son fabricados por las células inmunológicas.

Se siguieron identificando más y más receptores de péptidos y se vio que prácticamente cualquier péptido conocido es producido en el cerebro y en varias partes del cuerpo simultáneamente.

En palabras de Candace Pert:

"Ya no puedo hacer una distinción tajante entre cerebro y cuerpo".

Los péptidos del sistema nervioso no solo son producidos por las neuronas y juegan un papel fundamental en las comunicaciones de todo el sistema nervioso, sino que, al fijarse en receptores alejados de las neuronas que los originaron, actúan también en otras partes distintas del cuerpo.

En el sistema inmunológico, los glóbulos blancos de la sangre no solo tienen receptores para todos los péptidos, sino que ellos mismos fabrican péptidos. Los péptidos controlan el patrón de migración de las células inmunológicas y todas sus funciones vitales.

Recordaremos que todos los leucocitos son células móviles, lo que les permite salir de los capilares escurriéndose por los espacios intercelulares de la pared (diapedesis) y emigrar mediante movimiento ameboideo hacia cualquier microorganismo o partícula extraña que haya invadido los tejidos. Por lo tanto, no solo son capaces de alcanzar todos los rincones del organismo transportado por la sangre, sino que también escapan de la sangre y se mueven por los líquidos intersticiales donde se bañan las células.

Otro descubrimiento importante es que los péptidos son la manifestación bioquímica de las emociones. La mayoría de los péptidos, si no todos, alteran la conducta y los estados de ánimo, de tal manera que cada péptido puede evocar un tono emocional único.



Los péptidos constituyen el lenguaje bioquímico universal de las emociones.

El área cerebral relacionada con las emociones es el sistema límbico. El sistema límbico se encuentra muy enriquecido con péptidos, pero no es la única zona corporal rica en péptidos.

La totalidad del intestino también está recubierto con receptores de péptidos. Por eso ocurre lo que de forma coloquial se llama "sentir con las tripas". Literalmente sentimos nuestras emociones con el intestino.

Todas las percepciones sensoriales, todos los pensamientos y todas las funciones corporales estarían "tocados por la emoción a través de los péptidos y los péptidos actuarían como mensajeros directos del agua de mar en el organismo".

El descubrimiento de esta red psicosomática implica que el sistema nervioso no está, como se creía, jerárquicamente estructurado. Como dice Candace Pert, "los glóbulos blancos de la sangre son pedazos del cerebro que flotan a lo largo del cuerpo."

En última instancia esto implica que la cognición es un fenómeno que se extiende a lo largo de todo el organismo, operando a través de una intrincada red química de péptidos, que integra nuestras actividades mentales, emocionales y biológicas.

“Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en las 5 trillones de células que forman un organismo”

Hay sustancias químicas para el enojo y para la tristeza, para la victimización, para cada estado emocional. Son las endorfinas, la serotonina, la dopamina, la norepinefrina… Y cada vez que activamos cierta interpretación o pensamiento nuestro hipotálamo inmediatamente libera ese péptido en la corriente sanguínea.

Si tenemos presente que cada una de las células del cuerpo tiene miles de receptores tapizando su superficie, abiertas a la recepción de tales neuropéptidos, advertiremos que nuestros estados emocionales anidan finalmente en la totalidad de nuestro organismo.

En otros términos, según la Dra. Pert, los péptidos son las hojas de música que contienen las notas, las frases y los ritmos que permiten a la orquesta, que es el cuerpo, tocar como una unidad integrada y la música resultante es el tono corporal que vivimos como “emoción”.

Esto implicaría que la cognición es un fenómeno extendido por todo el organismo, y opera a través de una compleja red química de péptidos que aunque todas nuestras actividades, sean éstas mentales, emocionales u orgánicas.

"La enfermedad por tanto estaría asociada ineludiblemente a las emociones. Cuando estas son expresadas todos los sistemas del organismo forman un corpus unificado, pero cuando son negadas y reprimidas, dichas emociones quedarían atrapadas por nuestro cuerpo físico, los sistemas se bloquean y nos llevaría a la enfermedad.

Pero también indica que dichas emociones pueden ser liberadas y por tanto eso nos puede llevar a la curación. Todo ello lo deduce de sus descubrimientos, en base a que toda emoción tiene un reflejo bioquímico dentro del cuerpo.

El sistema orgánico está sano cuando ese bucle de información no es entorpecido y el proceso se produce con celeridad. A mayor rapidez, más y mejor información recibe la célula, que a su vez permite realizar los cambios necesarios en el menor tiempo posible, lo cual es sinónimo de buena salud, o de curación o mejoría en los procesos de disfunciones orgánicas." (C. Pert)


Pero ¿podemos hacer algo al respecto? Podemos trascender esta especie de programación, cambiar nuestros modelos internos, desaprender modos negativos de pensamiento y comportamiento y aprender nuevas maneras de funcionar?

La respuesta es SI. La neuroplasticidad cerebral significa que podemos desconectar y reconectar nuestras neuronas, desarticular y formar nuevas redes de pensamiento.

Y si las células de nuestro cuerpo desarrollan mayor cantidad de receptores hacia aquellas sustancias que las impactan con mayor frecuencia, también podemos actuar para superar aquellas adicciones emocionales que nos hacen sufrir, comenzando a generar receptores nuevos para los péptidos correspondientes a los estados emocionales que queremos experimentar. Podemos hacernos responsables de nosotros mismos.

Durante toda nuestra vida estamos al al timón de la vida. Para cambiar las conexiones asociativas automáticas, para cambiar nuestra propia biología celular (a nivel de receptores de neuropéptidos), lo primero que tenemos que cambiar es nuestra manera de pensar, nuestro sistema de creencias.




TERAPIA DE INTEGRACIÓN PSICO-EMOCIONAL


Juana María Martínez Camacho

Terapeuta Transpersonal
Especialista en Bioneuroemoción
Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
Psiconeuroendocrinoinmunología



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La Paciencia



¿Tienes la paciencia de esperar

A que todo se asiente y el agua se aclare?

¿Eres capaz de permanecer inmóvil

Hasta que la acción correcta surja por sí sola?

Lao Tse


La paciencia es una actitud que podemos cultivar. Cuando no estamos intentando llegar a ningún otro lugar, cuando vivimos en el ahora, la paciencia surge por sí sola.

Hemos olvidado cómo esperar. Nuestro mayor tesoro, es ser capaces de esperar el momento apropiado. Si observamos, toda la existencia espera el momento oportuno. Los árboles saben cuándo ha llegado el momento de florecer y cuándo es la época de dejar caer sus hojas y permanecer desnudos frente al firmamento, y son hermosos en esta desnudez, esperando el nuevo follaje, con la confianza en que lo viejo se ha marchado para dar paso a lo nuevo, el crecimiento de las nuevas hojas. En la primavera las semillas despiertan, la hierba comienza a crecer por sí misma, las flores se despliegan en todo su esplendor.…

Los humanos, nos olvidamos cómo esperar…lo queremos todo de prisa.

Paciencia es recordarnos que las cosas se despliegan a su propio ritmo.

No podemos acelerar el paso del día a la noche, ni el cambio de una estación a otra…… El vivir apurados, con prisa, no sólo no nos beneficia, sino que va instalando el estrés en nuestra vida, el sufrimiento en nosotros y en las personas que nos rodean.

Con la mente agitada por pensamientos, estresada por llegar… nos perdemos el valioso momento presente, convirtiéndolo en un medio para un fin, olvidándonos de vivir; ante esta situación, surge la alternativa de cultivar la paciencia.


Observemos: ¿qué hay debajo de la impaciencia?

En mayor o en menor grado, encontramos enfado, resistencia a que las cosas sean como son, la necesidad imperiosa de encontrar culpables por lo que acontece, a veces son los otros, otras veces, nos culpamos a nosotros mismos.

El actuar con paciencia, no significa que cuando es necesario ir un poco más de prisa, en ocasiones puntuales, no podamos hacerlo, pero con paciencia, presentes, moviéndonos con rapidez pero atentos, dándonos cuenta que hemos elegido hacerlo de esta manera, que no es un automatismo, una costumbre de ir de prisa, a veces sin motivos aparentes.

Es importante recordar que nada está separado ni aislado, que los acontecimientos ocurren por algo y una cosa está encadenada con otra, así que no se trata de ir por la vida buscando culpables, no es útil ni saludable.

Para cultivar la Paciencia, es muy importante aprender a ser compasivos con nosotros mismos y con el otro, sabiendo que cada quien actúa como puede según sus condicionamientos, con sus heridas internas, muchas veces inconscientes.

El cultivar la compasión, por comprensión, nos permite estar en paz y permanecer pacientes ante una provocación o un sufrimiento intenso.
El ser compasivo, es toda una educación, donde utilizamos esa energía del enfado para transmutarla en paciencia, compasión y armonía, nada fácil al principio; esto no significa que si es necesario enfadarse, porque nuestro discernimiento en ese momento así nos lo indica, no podamos hacerlo, pero luego, conviene mirar el enfado, entenderlo, quien sabe las múltiples razones ocultas o no que hay tras esa situación… todo nos sirve para crecer, después de todo se trata de comprender nuestro ego, sanarlo y trascenderlo, no dejándonos arrasar por sus impulsos y preferencias.

La cualidad de la paciencia, la podemos cultivar por medio de la meditación. Cada vez que meditamos, que nos tornamos conscientes del flujo de la respiración entrando y saliendo de nuestro cuerpo, cultivamos la paciencia, entramos en un estado de armonía interna. También durante las asanas del yoga, cada vez que permanecemos unos minutos en cada postura, respirando y observando las sensaciones corporales, sintiendo el cuerpo estirándose, observando el devenir de los pensamientos sin involucrarnos, estamos cultivando la paciencia. Podemos practicar esta cualidad en la vida diaria, ante cualquier situación que nos resulte estresante, respirar conscientemente para aquietarnos y aprender a despertar al “observador”, al testigo, tomando distancia interna de la situación para poder verla con más objetividad, aceptando las cosas como son.

Aun en los momentos dolorosos de nuestra vida, intentemos no dejarnos llevar por la ansiedad de que las cosas sean de otra manera a como son, intentemos buscar esta cualidad de la paciencia, aceptando los hechos, en definitiva, todo pasa, todo cambia, todo tiene un ritmo, nada permanece estable, en el nivel del ego.

A veces es necesario actuar, moverse, empujar, pero otras solo cabe esperar, aportar equilibrio al momento presente, al ahora, comprendiendo la sabiduría que se esconde en la paciencia, las cosas se desplegarán de acuerdo a este estado de paciencia alcanzado ahora.

Namasté

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lunes, 2 de marzo de 2020

Práctica de la Respiración Consciente


La práctica de la respiración consciente puede parecer simple, pero el efecto es grande. Al centrarnos en nuestra inspiración, liberamos el pasado, liberamos el futuro, liberamos nuestros proyectos. Habitamos la respiración con todo nuestro ser. Nuestra mente regresa a nuestro cuerpo y nos encontramos verdaderamente ahí, vivos, en el instante presente. Estamos en casa. Un solo aliento, inspiración y espiración, puede hacer que estemos plenamente presentes y vivos otra vez. 

La plena consciencia o atención plena es la energía que nos hace estar plenamente presentes, plenamente vivos en el aquí y el ahora. Si volvemos a casa y advertimos que nuestro cuerpo porta cierta tensión o dolor, la plena consciencia nos permitirá ser conscientes de ello.

La plena consciencia es aquello que nos permite volver a tomar contacto con lo que está ocurriendo en nuestro cuerpo, en nuestros sentimientos, en nuestro pensamiento y también en nuestro entorno en el momento presente. Nos permite estar plenamente presentes en el aquí y el ahora, mente y cuerpo unidos, conocedores de lo que acontece en nuestro interior y a nuestro alrededor. 

Podemos tomar el té en plena consciencia, desayunar en plena consciencia y ducharnos en plena consciencia; todo ello pasa a convertirse en nuestra práctica espiritual y nos proporciona fuerza para controlar las muchas dificultades que surgen en nuestra vida cotidiana y en la sociedad. 

Dondequiera que estés, el mero hecho de ser consciente de tu cuerpo y del estado de relajación, tensión o dolor (o incluso de todos a la vez, en diferentes áreas) que estás experimentando, ya te permite cierta comprensión, cierto despertar, cierta conciencia: cierta iluminación. Y cuando sabes que en tu cuerpo hay alguna tensión o dolor, probablemente quieras hacer algo para aliviarlo. Al inspirar y espirar podemos decirnos a nosotros mismos: 

«Al inspirar, soy consciente de cierta tensión o dolor en mi cuerpo;
 al espirar, permito que la tensión y el dolor de mi cuerpo se liberen». 

Ésta es la práctica del mindfulness del cuerpo. 

No puedes decir: «Estoy muy ocupado, no tengo tiempo para la meditación». No. 
Al caminar de un edificio a otro, al desplazarte del aparcamiento a tu oficina, siempre puedes disfrutar de un paseo consciente, recrearte en cada uno de tus pasos. 

Cada paso que des sumergido en la plena consciencia o atención plena te ayudará a liberar la tensión de tu cuerpo, la tensión de tus sentimientos, y te traerá la curación, el gozo, la transformación. 



Práctica sencilla 

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Siéntate, procura que tu espalda y cuello tracen una línea recta, pero no rígida o tensa. Centra tu atención en la respiración mientras fluye primero dentro, y después fuera, de tu vientre y de tu pecho. 


Al inspirar, siento que mi aliento se adentra en mi vientre y en mi pecho. 

Al espirar, siento que mi aliento sale de mi vientre y de mi pecho. 

Al inspirar, soy consciente de todo mi cuerpo. 

Al espirar, sonrío a todo mi cuerpo. 

Al inspirar, soy consciente de algunos dolores y tensiones en mi cuerpo. 

Al espirar, libero todos los dolores y tensiones de mi cuerpo. 

Al inspirar, me siento bien. 

Al espirar, me siento ligero. 



Puedes practicar con esta estrofa muchas veces a lo largo del día, en el trabajo o en cualquier momento, para recuperar una sensación de amplitud, relajación y liviandad. 

Thich Nhat Hanh 

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lunes, 3 de febrero de 2020

Evidencias científicas de la interacción mente / cuerpo.

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En los últimos años la ciencia ha establecido de manera contundente que el cuerpo se ve afectado por los pensamientos y creencias del individuo. Ya no sólo el estrés como un factor determinante en la salud, sino también el pensamiento positivo y las creencias como capaces de activar una respuesta de sanación, algo que ocurre de manera frecuente con la toma de un placebo. En este sentido la ciencia llega al último a algo que era evidente para la experiencia común o para la sabiduría popular. 

Uno de los panoramas más completos de la sanación mente-cuerpo (mind-body healing en inglés) ha sido realizado por la periodista científica Jo Marchant, quien acaba de publicar el libro Cure, en el que no sólo revisa diferentes estudios científicos, sino que entrevista a personas que han experimentado la sanación facilitada por el pensamiento y experimenta ella misma con técnicas y nueva tecnología que está poniendo esto en práctica. 

Marchant concluye que existe evidencia científica que sustenta el poder de sanación del pensamiento. Ejemplos de esto van desde evidencia de que la hipnosis es altamente efectiva para sanar el síndrome del intestino irritable, estudios que correlacionan la longitud de los telómeros (los extremos de los cromosomas) y el estrés percibido en el paciente o la fascinante capacidad que tiene el juego de realidad virtual Snow World para disminuir el dolor en pacientes que han sufrido severas quemaduras. 
En este caso, los pacientes utilizan una interfaz de realidad virtual para navegar un paisaje de hielo y realizan algunas acciones como tirar bolas de nieve a pingüinos y hombres de nieve. Al focalizar la atención del cerebro en la nieve se produce una disminución del dolor de entre 15% y 40%, a veces superando lo que logran fuertes analgésicos. Otro caso fascinante es el de las pastillas de placebo que son tomadas sabiendo que son placebo y aún así funcionan. 

Lo que convenció a Marchant, sin embargo, de la realidad del efecto mental de sanación, fue encontrar una función evolutiva para la influencia de la mente en la salud: 

Actualmente existen diversas líneas de investigación que sugieren que nuestra percepción mental del mundo constantemente informa y guía nuestro sistema inmune de una forma que nos permite responder mejor a amenazas futuras. Ese fue el momento “Eureka” para mí –en el que la idea de una mente entrelazada con el cuerpo de repente hizo más sentido desde una perspectiva científica. 

La respuesta de sanación mediada por el pensamiento parece operar en el sentido contrario que el estrés, el cual está asociado con la tensión mental (la primera opera a través de la relajación). Mientras que sabemos que el estrés tiene la función evolutiva de protegernos del peligro, al colocarnos en el famoso modo “huir o luchar” (el cual es cronificado por amenazas invisibles sostenidas por la creencia de la mente), es menos evidente, desde la perspectiva de la ciencia, la función evolutiva de la propiedad de autosanación que tiene la mente humana. 
Dice Marchant: 

Los investigadores actualmente han descubierto que las creencias positivas no sólo funcionan mitigando el estrés. Tienen un efecto positivo también –hacernos sentir sanos y salvos, o creer que las cosas se resolverán positivamente, parece ayudar al cuerpo a preservarse y repararse… El optimismo parece reducir los niveles inflamatorios producidos por hormonas como el cortisol. También parece reducir la susceptibilidad a la enfermedad al reducir la actividad del sistema nervioso simpático y estimular el parasimpático. Este último gobierna lo que se conoce como la respuesta de “descansar y digerir”, lo opuesto a la respuesta “huir o luchar”. 

De aquí podemos inferir algo bastante sencillo, que la mente es la gobernadora o directora del cuerpo y al relajarse y dejar de enviar un exceso de energía a ciertos puntos del cuerpo éstos pueden descansar y repararse de manera natural. Algo que es difícil de determinar actualmente es si la dirección o el énfasis del pensamiento –que parece acarrear una cierta energía o al menos un contenido de información que se transduce como un trabajo o una acción corporal– puede, por así decirlo, “colorear” la reacción que se produce, es decir, conlleva una cierta nota cualitativa en su focalización. Esto significaría que la sanación no sólo se produce por la retirada de la tensión mental que inundaba o bloqueaba el funcionamiento de un sistema u órgano específico, sino también por el efecto positivo de un tipo de concentración. 

En otras palabras, ¿es la ausencia de tensión la que produce los beneficios de salud o existe también una acción positiva capaz de activar una respuesta que no necesariamente existe como consecuencia de la ausencia de estrés? 
En primera instancia la medicina moderna no estará dispuesta a aceptar que el pensamiento dirige un flujo de energía de sanación, a lo mucho entenderá el efecto del pensamiento como detonando la secreción de un cóctel de neurotransmiores, ya sean excitatorios o inhibidores (de una manera un poco reduccionista los inhibidores serían los relacionados a una respuesta de sanación). En la medicina china, sin embargo, existe el concepto de “qi”, la energía vital de la cual depende el organismo en su totalidad para su buen funcionamiento. A grosso modo el “qi” circula por el cuerpo a través de la sangre –así es como funciona la acupuntura; sin embargo la filosofía taoísta considera que el “qi” puede dirigirse a través de la intención, esto es lo que se conoce en el qi gong como “dao yin”, la dirección consciente de la energía (se dice que donde está la atención está la energía). 

Marchant apunta a que el pensamiento tiene una función moduladora del sistema inmune, lo cual significa que nuestro sistema de defensa, el cual se extiende por todo el cuerpo (aunque tiene su mayor concentración en la pared intestinal, ligado a nuestra flora intestinal y al llamado “segundo cerebro” o sistema neuroentérico), no es un órgano que funciona de manera automática, sino que es sensible a nuestra percepción del mundo, a nuestra agencia. Nuestra percepción, como también nuestras bacterias, entrenan a este ejército de células y las ponen a punto para desplegar de manera efectiva sus recursos. 
Una mala percepción sobre un potencial enemigo puede hacer que incendiemos nuestra aldea como estrategia de sobrevivencia para detener que siga avanzando el enemigo, cuando quizás ese enemigo hubiera sido fácilmente detenido en la primera línea de combate. 

Quizás estemos en los comienzos de un cambio de paradigma, aunque será difícil superar la presión de las grandes farmacéuticas que determinan los métodos de tratamiento que son válidos y que dependen (y la economía con ellas) del constante aumento de enfermos crónicos. Marchant, sin embargo, considera que los datos demuestran que en el caso de algunas condiciones médicas existen métodos de tratamiento menos costosos y problemáticos, con menos efectos secundarios y riesgos de adicción, basados en este principio de sanación cuerpo-mente. 

Es fácil notar para cualquiera que investigue la literatura médica o que se observe a sí mismo detenidamente que nuestro estado de ánimo y los estímulos del medio ambiente tienen efectos a nivel celular y son tanto o más importantes para nuestra salud que nuestros genes.
El trabajo del profesor de medicina de UCLA Steven Cole va en este sentido. Cole ha notado que el nivel de satisfacción y significado que tenemos en nuestra vida está asociado con el funcionamiento de nuestro sistema inmune: “La vieja forma de pensar era que nuestros cuerpos eran entidades biológicas estables, fundamentalmente separadas del mundo externo… La nueva forma de pensar es que hay mucha más permeabilidad y fluidez… nuestro cuerpo es literalmente producto del ambiente”; con ambiente Cole se refiere a las experiencias que tenemos y la percepción de las mismas. Cole cree que las experiencias positivas son capaces de “remodelar nuestra composición celular”. 

La evidencia del placebo y de la sanación mente-cuerpo plantea ya serias preguntas al modelo materialista de la ciencia, así que sigamos preguntando sobre cómo la mente afecta el cuerpo y no dejemos de lado la pregunta filosófica de por qué la mente tiene la capacidad de hacer sanar o enfermar un cuerpo. 

¿Qué nos dice este “poder” sobre la naturaleza de la materia? ¿Es acaso un signo más de que la conciencia es una propiedad fundamental del universo? Y, por otro lado, reflexionemos sobre qué nos dice esto en su última consecuencia sobre la salud, ¿acaso no mueve la responsabilidad de estar o no enfermo del azar o de la genética al individuo, dueño de sus actos y pensamientos, agente más que paciente?. 

Fuente: Diario-ecología


domingo, 19 de enero de 2020

Diálogo interno y estrés



Diversos estudios científicos, han demostrado que un minuto entreteniéndonos en un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas.


El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.

Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

Pero tenemos un valioso recurso contra la preocupación que es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.

Se trata de sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente -no más razonable- llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.

Tengamos en cuenta que siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el por qué, que el cómo.

Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.

Otro recurso es la palabra, es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metafórica. Ahora sabemos que es literal:

"Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro".

Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales.

Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: La percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.

Es el miedo el que nos impide salir de la zona de confort; tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.

La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, si no sólo hay automatismos.

Es muy importante entrenar la mente.

Cambiar hábitos de pensamiento y entrenar tu integridad honrando tu propia palabra. Cuando decimos "voy a hacer esto" y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.

Aprender a ver lo que hay y aceptarlo.

Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste, persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

"SEAMOS EL CAMBIO QUE QUEREMOS VER EN EL MUNDO”

Dr. Mario Puig