lunes, 23 de enero de 2023

Reflexionamos sobre el poder de las creencias en nuestra vida

                                             

Cuentito:

Un mercader de camellos, un árabe que atravesaba el desierto del Sahara, acampó para pasar la noche.

Los esclavos levantaron tiendas y clavaron estacas en el suelo para atar a ellas los camellos.

- Hay sólo diecinueve estacas y tenemos veinte camellos; ¿cómo atamos el vigésimo camello? - le preguntó un esclavo al amo.

- Estos camellos son animales tontos. Hagan los movimientos como para atar al camello y permanecerá quieto toda la noche.

Eso hicieron, y el animal se quedó quieto allí, convencido de que estaba atado.

A la mañana siguiente, al levantar campamento y prepararse para continuar el viaje, el mismo esclavo se quejó al amo de que todos los camellos lo seguían, excepto aquél, que se rehusaba a moverse.

- Se olvidaron de desatarlo - dijo el amo.

Y el esclavo realizó entonces los movimientos como si lo desatara, y el camello comenzó a andar...


Ésa es una imagen de la condición humana, de cómo estamos atados a cosas que no existen; tenemos miedo de cosas que no son... Son ilusiones, falsedades, creencias y hábitos; no son realidades.


¿Alguna vez te has preguntado por qué en muchas áreas de la vida vivimos por debajo de nuestras verdaderas posibilidades?

Nuestras conductas están teñidas por las creencias que subyacen en nuestro subconsciente y, en realidad, son las que determinan muchas de las capacidades y conductas que se las atribuimos al azar.

Es necesario identificar estas creencias, muchas de las cuales derivan en miedos ocultos, silenciosos, que, boicotean nuestros esfuerzos, debilitan nuestra voluntad y hasta nos paralizan a la hora de actuar y tomar decisiones.

Si en tu vida padeces una limitación y te hace “tropezar varias veces con la misma piedra”, y te resignas creyendo que no puedes cambiar los resultados, podrías pensar que gran parte del problema es que estás influenciado por tu manera de ver los acontecimientos, y te has olvidado que tu capacidad de salto, es más extraordinaria de lo que te imaginas.

En primer lugar, debemos reconocer que estamos gobernados por nuestras creencias más de lo que nos imaginamos.

Conviene observar en la niñez qué mensajes limitadores recibimos, como: “no puedes”, “no hagas eso”, “eres un inútil”, “no eres como tu hermano”, “no vales”, etc.

Las creencias son como filtros de nuestra concepción del mundo, nos apoyan o nos sabotean. Hay creencias que restringen y creencias que expanden, unas nos tornan impotentes y las otras nos dan el poder para cambiar nuestra vida.

Una vez que asumes una creencia, se convierte en “tu verdad”, y toda tu vida estará teñida por ella. Es como un cristal de color a través del cual vez el mundo.


En segundo lugar: hacia dónde me conducen las creencias instaladas en mi mente.

Examinar ideas y creencias fundamentales, es una experiencia de cambio de vida.

Cuando cambiamos nuestras creencias conscientes y actitudes, cambia la química del organismo.

Podemos aprender nuevos comportamientos, nuevas formas de pensar. No estamos condenados a seguir repitiendo patrones de conducta que nos resultan tóxicos y dañinos para nuestra salud física, mental o emocional.

No tenemos que quedarnos conectados con aquellas creencias que nos transmitieron en la infancia: eres torpe, no cambiarás, no podrás seguir la carrera universitaria, eres como tu abuelo, etc.


A diferencia de los pensamientos, que forman activamente palabras o imágenes, la creencia actúa de manera pasiva y silenciosa.

Si es tóxica, genera pensamientos negativos, que irán acompañados por imágenes y emociones negativas.

Nuestras limitaciones personales responden a creencias limitantes. Si alguien por ejemplo, se cree que no merece recibir amor, se sentirá miserable por más que lo quieran, porque su creencia lo hará enfocar su atención en cualquier detalle que confirme que nadie lo quiere.

Incluso si alguien lo amara de un modo evidente, que no se puede dudar, esta persona no llegaría a confiar por completo de ese amor, es más como las creencias generan actitudes, es probable que esta persona actúe, aunque sea inconscientemente, de manera que provoque el rechazo de los demás, para así alimentar su creencia original, con el tiempo conseguirá eso en lo que está enfocado: el rechazo.

Así funcionan la mayoría de nuestros patrones de comportamiento.

Todos actuamos según nuestras creencias y lo que recibimos de la vida depende de nuestras creencias profundas.


Toda creencia despierta un potencial,
Que genera una conducta,
Que a su vez provoca un resultado,
Y este refuerza la creencia inicial.


Así una creencia negativa nos hace entrar en un círculo de acción y reacción.

Nuestros supuestos más profundos son los que activan los cambios físicos. Si la creencia es acertada o no, si es buena o no, no tiene importancia. Una vez aceptada, será el software que manejará nuestra computadora biológica.

Si creo que “nací para sufrir”, esta es una creencia muy tóxica para mí.

Pero si afirmo, “todo es posible y tengo el poder para lograrlo”, esa es una creencia muy saludable.

En cualquier proceso de evolución y de sanación es vital prestar atención a nuestras creencias, muchas inconscientes.

Hemos de detectarlas, profundizar en ellas y cambiar aquellas que nos limitan por otras que favorezcan nuestro desarrollo y expansión.


Te acompaño en el proceso


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Juana Ma. Martínez Camacho

Terapeuta Transpersonal
Terapeuta Acompañante en Bioneuroemoción
Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
   (Cellular Memory Release)
Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
Formación Internacional en Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE)
Yoga Integral Terapéutico 
Mindfulness- Meditación 
Terapias Naturales



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jueves, 19 de enero de 2023

Pensamientos y sentimientos "negativos"

 

A todos nos pasa que a veces tenemos pensamientos “negativos”. Muchos de estos pensamientos o sentimientos pueden desaparecer rápidamente si reducimos el dramatismo y la importancia que les otorgamos. Hay muchas goteras por donde se nos escapa la energía y que nos bajan el nivel de vibración y de rendimiento, como ej., la irritabilidad , la impaciencia, la frustración, etc. suelen acabar convirtiéndose con el tiempo en un déficit espectacular si no nos “reseteamos” y la transmutamos en vibraciones superiores (como la paciencia, la resiliencia y el fluir).

Estos hábitos adictivos, de bajo nivel vibratorio impiden que fluya nuestro espíritu, lo cual produce grandes problema técnicos en nuestros principales sistemas (mental, emocional y físico- sistema nervioso y demas) todo lo cual nos hace más vulnerables a los típicos problemas de salud resultantes de una constante sobrecarga de nuestro sistema emocional.

Cuando nuestro deseo sea genuino, el apuntador de nuestro corazón, su intuición, empezara a avisarnos de cuando tenemos un nivel bajo de vibración y estamos entrando en fase de estrés por déficit de energía. Cuanta más atención le prestemos a dicho apuntador, mejor comprenderemos sus indicaciones, porque nos avisa de que nos están tentando para caer en los viejos patrones que no constituyen lo que nosotros hemos decidido ser y nos da su apoyo para que regresemos a nuestras conductas y compromisos saludables.

Aunque la mayoría estamos conectados al apuntador de nuestro corazón a un cierto nivel, dicha conexión nos abre gradualmente las puertas para que podamos escuchar mejor a nuestro guía interior. Algunos sabemos ya, por experiencia que es más posible que la intuición se nos atasque si la intentamos escuchar con una mente desesperada, per que resulta más accesible desde el silencio de un corazón sosegado y abierto.



Ejercicio rápido para reemplazar sentimientos de bajo nivel vibratorio.

1- Escoge un momento en que te sientas triste, inseguro desconectado de los demás o tengas cualquier tipo de sensación de bajo nivel vibratorio que quieras reemplazar por otra para sentirte mejor.

2- Encuentra un lugar en el que puedas pasarte unos pocos minutos respirando tranquilamente y con cada respiración imagínate que se te van calmando la mente, los sentimientos y el cuerpo.

3- Desde ese lugar de quietud interior, piensa en el tipo de sentimiento que quieres tener o que hayas tenido antes en algún momento que estuvieras más seguro de ti mismo. Al respirar, visualiza que ese sentimiento va llenando todo tu ser.

4- El último paso es seguir respirando unos pocos minutos con esa sensación en tu interior para que quede bien asentada. Si no funciona, pruébalo otra vez un poco más tarde, a veces soltamos demasiado rápido las cosas que más beneficiosas nos resultan.



Mantener la energía alta:

Recordemos que los niños suelen utilizar la imaginación para transformar rápidamente la rabia y la frustración en alegría y felicidad. Aunque de adultos, conservemos esa capacidad, hemos aprendido y acumulado gran cantidad de programaciones mentales que ya está muy limitada esa conexión directa que teníamos de pequeños con el corazón y la resiliencia emocional.

Lo más corriente es que de adultos, tengamos que esforzarnos para volver a despertar esa conexión directa con la inteligencia de nuestro corazón y conseguir integrarla en nuestras interacciones, gracias a lo cual podremos tomar decisiones más equilibradas y optar por caminos que nos conduzcan más directamente a nuestros objetivos.

- Si empezamos a practicar transmutando pequeñas sensaciones indeseables, con el tiempo llegaremos a poder reemplazar sentimientos, hábitos y estructuras mentales muchos más complejos. Aunque se puede aprender a abrir la puerta que conduce al potencial oculto de nuestro corazón, a veces tenemos que girar repetidas veces el pomo para que afloje esa vieja costumbre de resistirnos a los cambios.

- Si nos conectamos a lo largo del dia, con sentimientos de gratitud, amabilidad, compasión, paciencia y una actitud de fluidez, conseguiremos mantener nuestra vibración a un nivel elevado al tiempo que eliminamos esos repetitivos déficits de energía. Además, estas cualidades del corazón nos permiten mantener un buen nivel de salud y de bienestar.

- Tomarnos unos pocos días para volver a valorar nuestras amistades y conexiones a las que nos hemos acostumbrado o que involuntariamente, se han convertido en algo cotidiano, esto acaba con la calidez y la “chispa” que tenemos con esas personas. Evita acostumbrarte, haz del cariño y la gratitud tu modus vivendi, para mantener las relaciones con los seres queridos vivas y actualizadas, ya que el agradecimiento y la amabilidad son dos formas de expresar amor que nos aportan los máximos beneficios que nos depara la vida.

La elevada vibración de nuestro auténtico Ser genera un entramado de amabilidad, respeto y demás cualidades que constituyen las frecuencias cardiacas esenciales para aportar armonía a nuestras interacciones en la vida. De forma espontánea nuestro corazón irradia cualidades como la gratitud y la compasión cuando nos comunicamos con las personas importantes de nuestro entorno. La humanidad es una cualidad que va más allá de ser correcto (amabilidad carente de calidez), lo cual no produce más que interacciones superficiales que carecen de los beneficios regeneradores de las auténticas conexiones entre personas.

Por regla general, la calidez del corazón la expresamos con nuestra familia, mascotas y círculo de amistades, pero a medida que maduramos a nivel espiritual, ese sentimiento se expande también a más personas, aumenta nuestro respeto por la naturaleza y comienzan a entrarnos ganas de formar parte de algo especial (que sirva para el bien de toda la humanidad). Desde allí, nuestro amor madura y se vuelve incondicional, sin fronteras, gracias a cuya vibración conectamos más directamente con la intuición del corazón y aportamos más alegría y plenitud, al tiempo que colaboramos para que los demas también lo consigan.

Este proceso, lo podemos acortar, aprendiendo a conectarnos con la intuición de nuestro corazón.

- La oración y la meditación ayudan a incrementar el nivel de energía, siempre y cuando no sea algo repetitivo sino conectado con el corazón.



- La quietud interior aporta una energía a nuestro entorno que favorece el desarrollo de la consciencia, lo cual puede activar el poder transformador del amor. Se puede monitorizar como el acceso a la quietud permite la conexión con nuestra sabiduría e intuición interiores.



Cuando la mente se calla, o más bien cuando dejas de hacerle caso…nos encontramos de repente con la quietud interior y desde allí podemos reconfigurar y mejorar nuestra forma de vivir. Cuanto antes podemos valorar esa quietud interior, menos tendremos que experimentar otras formas más estrictas que tienen la vida de empujarnos a interesarnos por metas superiores como la paz y la felicidad a nivel personal.

Muchas veces decimos si hubiera podido preverlo, habría actuado distinto en esa situación..

La quietud interior es uno de los requisitos para tener previsión y discernimiento. Es un lugar desde el que el corazón nos puede hablar sin que la mente lo saque a empujones. Pero para estar en silencio y saber, primero tenemos que tener suficiente quietud interior para saber escuchar.

Para avanzar, es bueno reservarnos momentos para nuestra quietud interior y permitirle al corazón, a la mente y a nuestros sentimientos que se tomen un descanso de su permanente competición y que disfruten de un rato de paz informal los tres juntos.

Se necesita práctica para experimentar esa quietud, pues la mente siempre intentara ocupar ese espacio. Con el tiempo, esa quietud es como un ascensor que nos eleva interiormente hacia nuestra conciencia más elevada y nos evita el agotamiento de tener que subir por unas escaleras interminables.

Esa quietud nos conecta con la inteligencia intuitiva de nuestro corazón. Es importante llevarla a nuestros quehaceres diarios.

Cuando tomamos decisiones desde el sosiego interior, evitamos que la impaciencia de la mente, ensordezca los sabios consejos que nos susurre la intuición desde nuestro interior, así estamos aplicando la cualidad de la inteligencia del corazón. Este fluir es el camino más corto para que nuestros objetivos se hagan realidad.


Cualidades del corazón para la transformación personal

 

Sabemos que utilizamos un pequeño porcentaje del cerebro, pero aún más pequeño es el porcentaje que utilizamos del potencial de nuestro corazón.

Cuando la mente y el corazón se ponen de acuerdo para ayudarnos a cumplir con nuestros compromisos, resulta más fácil transformar aquellos antiguos hábitos de conducta que ya no deseamos tener.

Lo más difícil que nos resulta es cambiar esas profundas marcas emocionales que arrastramos desde el pasado.

A veces es mejor ocuparnos de ellas en segmentos, poco a poco. Los patrones emocionales que tenemos ahí atascados son como unas viejas tuercas oxidadas que debemos empapar bien de lubricante para vencer su resistencia.

Aceptar nuestras dificultades airosamente constituye un potente lubricante para desenroscar la visión intuitiva de nuestro corazón con el fin de afrontar con mayor eficacia los retos que se nos presenten.

Es más fácil aceptar nuestras resistencias cuando asumimos que gran parte de nuestra escasez de paz interior se debe al exceso incontrolado de la importancia que le otorgamos a los problemas.

Por ejemplo, lo que hace que un simple problema se convierta en una preocupación obsesiva o que un poco de ansiedad alcance niveles de pavor agobiante es el exceso de importancia que le otorgamos.

Esa importancia desbocada confiere un tamaño desmesurado a los retos que se nos presentan, en particular los emocionales.

Un exceso de importancia y dramatismo nos hace dudar de nuestra capacidad de afrontar la situación, lo cual se traduce en un alto nivel de ansiedad.

Pero podemos aprender a darles menos importancia a las frecuencias mentales inferiores e interrumpir estos actos de piratería contra nuestra fuerza vital y nuestra paz individual.

Al practicar la compasión por uno mismo (que no es compadecerse de uno mismo) es como si aminorara esa desmesura emocional que nos impide tener una visión más clara para tomar mejores decisiones.

Al quitarle importancia, somos recompensados con rapidez porque no tardamos en darnos cuenta de sus beneficios.

A menudo, llenos de entusiasmo, nos ponemos elevadas metas para cambiar nuestros hábitos pero, con el tiempo, nos quedamos atascados al carecer de la paciencia, autoaceptación y autocompasión necesarias para soportar el proceso de cambio, eso se debe a que no nos acordamos de utilizar las cualidades del corazón, que tan útiles nos serian en ese importante momento de transformación.


La energía llena de estrés e impaciencia, limita nuestra capacidad de conseguir resultados favorables cuando nos corresponde tomar decisiones que necesitan de un discernimiento más afinado. Al forzar la energía se la impide fluir, lo cual crea contratiempos.

En cambio la paciencia y el sosiego, crean un ambiente favorable para que la energía fluya al comunicarnos con los demás y al tomar decisiones.

La mente es la que tiende a meterle prisa a la energía, mientras que el corazón prefiere el equilibrio, el ritmo y la fluidez. Cuando ambos cooperan, los resultados que se obtienen se adecuan más a las necesidades del momento..

Cuando la mente y el corazón cooperan entre sí, podemos interactuar y experimentar la vida de forma más acompasada y fluida. Esa cadencia implica una mejor estimación de los tiempos y una mayor sensibilidad en nuestros compromisos (algo parecido a cuando se sabe llevar el ritmo al bailar, lo cual evita tropezar).

Lo que tiene de mágico saber fluir y llevar la cadencia y el ritmo es que tanto evita como previene los obstáculos y el estrés a medida que avanzamos, lo cual constituye un paso a favor nuestro cuando conseguimos comprender lo importante que es aprender a ahorrar nuestra energía.

Ciertas actitudes o tendencias pueden resultar más difíciles de cambiar, pero resulta más fácil cuando la mente accede a cooperar en armonía con los sentimientos y la intuición del corazón. Cada vez son más los que sienten, de forma intuitiva, que son capaces de reescribir determinados modelos de conducta y patrones emocionales que les consumen energía.

Cuando la capacidad de percepción de la mente se sintoniza con las valoraciones intuitivas del corazón, se obtiene una visión, más completa de la situación y aparecen nuevas posibilidades.

Tanto las actitudes como las percepciones son como frecuencias preconfiguradas que almacenamos y activamos en determinados momentos, dependiendo de cómo nos sintamos o del nivel vibratorio de nuestra energía en ese momento. Casi todos hemos experimentado que si somos capaces de mantener una actitud positiva, nuestras interacciones pueden fluir más y mejor.

No es raro que cuando nos encontramos ante una situación difícil, alguien nos diga: tranquilo que tienes donde escoger, sin embargo, como funcionamos a frecuencias bajas, nuestros filtros eliminan las percepciones y las opciones más efectivas, por lo que tendemos a ver tan solo las opciones inferiores, que son por las que acabamos optando una y otra vez para repetir las mismas lecciones desaprendidas.

Normalmente tenemos que repetir las lecciones antes de sacarles su rédito. Cuando nos cansemos de aprender las mismas lecciones, podremos conectar con el corazón y asumir nuestra parte de responsabilidad, pasar por encima de los dramas y las culpabilidades y seguir avanzando con lo que hayamos aprendido.

A veces, esto nos saldrá con fluidez, mientras que otras las distintas piezas del engranaje chirriarán durante la transición.

HeartMath- coherencia cardíaca

www.centroelim.org

viernes, 6 de enero de 2023

La percepción es una construcción cerebral


La vida tiene partes feas y partes agradables, junto a las partes que no nos gusta podemos también buscar esa parte de la realidad que si existe, en vez de quedarnos en “esto no funciona”…pues ¿cómo podría hacer que funcionara?

Tengamos en cuenta que donde nosotros llevemos nuestra atención, van nuestras emociones y se hace más real para nosotros.

Si solo estamos enfocados en el aspecto negativos de las cosas, llega un momento literalmente, en el que aunque haya un aspecto positivo y valioso, no lo podremos ver, la percepción es una construcción cerebral.

Hay personas que viven en un mundo de oportunidad, no niegan la realidad de los problemas, tampoco niegan la posibilidad de las oportunidades; hay personas que viven constantemente en un mundo de amenaza; viven en el mismo espacio físico pero no viven en el mismo espacio mental.

Si yo creo que hay oportunidades, encontrare una dificultad, tendré que lidiar con esa dificultad pero yo no me concentraré, no llevare toda mi atención al problema, sino también a la búsqueda de soluciones, con lo cual es mucho más probable que lo encuentre.

Y esto no es genético como se piensa, solo el 40 % es genético y el 60% es no genético. Hoy sabemos que los estados emocionales de la persona afectan el material genético, la Epigenética (ciencia sólida, de peso) demuestra que los estados emocionales de las personas movilizan ciertas hormonas, moléculas de la emoción que interactúan con las membranas de las células, tienen acceso al material genético y hacen que unos genes se queden dormidos y otros se despierten.

Esto tiene un gran impacto, pues hay algunos genes que es fabuloso que se despierten, genes relacionados con neurotransmisores que tienen que ver con la inteligencia, y hay otros genes que es mejor que sigan dormidos, esto quiere decir que una vez que se ha descubierto la Epigenética ya tampoco podemos decir 40 % y 60%, es como decía Ortega y Gasset, el ser humano no es un participio sino un gerundio, no estamos hechos del todo, sino que nos vamos haciendo.

Lo primero que tenemos que entender es que esto es un proceso y la pregunta es: ¿realmente el cerebro puede cambiar?

Hoy sabemos que el cerebro es plástico, la neuroplasticidad tiene dos facetas:

- una la conexión de nuevas neuronas y

- la otra la generación de nuevas neuronas a partir de células madre.

Nosotros podemos generar entre 500 y 1000 neuronas a partir de células madre al día, esto quiere decir que cuando nosotros estamos buscando el lado positivo de la vida sin negar que hay un lado muy duro y muy doloroso y desfavorable, estamos cambiando la estructura física del proceso.

Tengamos en cuenta que las células madre, tienen que viajar un milímetro hasta el hipocampo y ahí en 21 días se han convertido en nuevas neuronas. Estas nuevas neuronas de la memoria y el aprendizaje, reestructuran toda nuestra personalidad porque tienen conexiones a la corteza cerebral.

Esto quiere decir que en el fondo, estamos reinventando nuestro cerebro y va pasando el tiempo y si nos mantenemos, si seguimos aunque tengamos caídas y lo volvemos a tomar, aunque nos parezca una tontería, llega un momento en que el cerebro realmente, físicamente cambia y de manera natural, empiezas a ver con especial facilidad aquello de la vida que si está bien, con lo cual, tu forma de relacionarte con la vida es radicalmente distinta, porque te relacionas con más ilusión, con más alegría, no niegas el problema pero das más peso a la oportunidad.

Dr. Puig

martes, 3 de enero de 2023

Gestación y estrés

 

En el periodo de la gestación, desde la concepción hasta el nacimiento, durante todo el proceso de desarrollo embrionario y fetal, los procesos psiconeuroinmunoendocrinológicos de la gestante influyen sobre el desarrollo prenatal y sobre la salud del embarazo en general.

El estrés materno afecta negativamente el desarrollo del bebé según el periodo de la gestación, además, está relacionado a complicaciones obstétricas como aborto espontáneo, preeclampsia, diabetes gestacional, parto prematuro, bajo peso al nacer, está relacionado a embriopatías y fetopatías, así como enfermedades que se manifiestan en la niñez como trastornos neurológicos, psiquiátricos, gastrointestinales, asma, alergias, inmunodeficiencias, entre otras.

En la etapa fetal, el sistema neuroendocrino de la madre se encuentra sincronizado con el sistema neuroendocrino del feto y con la actividad placentaria influyendo en su maduración y en el inicio del parto.

Luego del nacimiento, con la vulnerabilidad al estrés adquirida, el niño está predispuesto a enfermedades metabólicas y psiquiátricas que se pueden manifestar en cualquier momento de la vida.

Esta predisposición se produce por los cambios epigenéticos que afectan la regulación de moléculas claves en la regulación del estrés, y de las vías metabólicas como el receptor de glucocorticoides.

Estudios en niños cuyas madres estuvieron estresadas en el periodo gestacional, revelan:
  • Mayor frecuencia de problemas emocionales y cognitivos
  • Aumento del riesgo de deficit de atención e hiperactividad
  • Ansiedad
  • Retardo en el lenguaje

Hay estudios que prueban que un ambiente fetal adverso, se relaciona al incremento en el riesgo de trastornos de salud en adulto.

Otros estudios hablan de un Estrés transgeneracional: gestantes que desarrollaron estrés post-traumático en el ataque a las torres gemelas del 11 de setiembre redujeron sus niveles de cortisol y este perfil neuroendocrino se transmitió a su descendencia.

Los efectos fisiopatológicos del estrés gestacional, se extienden a través de múltiples generaciones. Una de las vías identificadas son los cambios epigenéticos.



El modelo de la psiconeuroinmunoendocrinología / psiconeuroinmunología permite entender la importancia de una atención PREVENTIVA PRENATAL TEMPRANA, dirigida a contrarrestar los efectos deletéreos del estrés en el embarazo, y esencialmente en la primera mitad de la gestación, desde el inicio, en los cuales por las características de la programación genética del desarrollo sus consecuencias son más graves.



domingo, 18 de diciembre de 2022

La Inteligencia del Corazón y la Psicología

                                     

Las creencias emocionales que tenemos profundamente arraigadas consiguen socavar nuestro pensamiento racional y conceptual. Con frecuencia, un primer paso crucial para vencer las resistencias emocionales, consiste en concentrarnos en nuestra propia conciencia emocional y aceptar lo que sentimos sin prejuzgarlo, lo cual nos abre el corazón para que la inteligencia intuitiva del corazón permita que se nos abra interiormente una visión más amplia y nos sane tanto a nivel mental como emocional.

Para que siga avanzando la conciencia humana, tanto a nivel individual como colectivo, es crucial que desarrollemos la capacidad de gestionar las emociones, no reprimiéndolas sino permitiéndoles que se transformen en sentimientos y percepciones de mayor calidad.

Observando la historia, una mala gestión de las emociones nos lleva a reproches, odio y represalias, lo que genera interminables círculos viciosos de sufrimiento en nuestro planeta.

Cuando aprendemos a escuchar más atentamente a nuestra intuición y la sabiduría de nuestro corazón, se desarrolla el poder de transformar los pensamientos y las emociones en percepciones nuevas, lo cual nos capacita aún más para escoger que tipo de reacción emocional queremos en ligar que nos asalte un modo reactivo de forma automática.

Podemos aprender qué emociones y actitudes nos agotan y reemplazarlas por otras que sean regenerativas y nos aporten perspectivas más ilustradas.

Esta habilidad es una de los principales beneficios que nos permiten acceder a la inteligencia del corazón.

Ser capaz de discernir entre las pautas que nos ofrece el corazón y las creencias mentales y emocionales que suelen condicionar nuestros pensamientos puede ser todo un reto.

Con la práctica podemos aprender a percibir que el tono o la cualidad de la intuición del corazón son distintos de la de los pensamientos conceptuales o de los deseos y las creencias emocionales.

Es fácil confundir la intuición del corazón con una sensación emocional y dejarnos cautivar por ella, por ej. cosquilleo en el estómago y que se acelerara el corazón ante una cita y que luego sale mal.

La atracción no siempre viene del corazón. El corazón suele susurrarnos con un sentido común sosegado.

Acostumbra a ser el corazón quien nos dice: no se si aceptar ese trabajo a pesar del salario tan alto que me ofrecen… pero entonces la mente dice: acéptalo porque por lo general nos tira más el dinero que el corazón, hasta que conseguimos desarrollar por completo nuestra capacidad de discernimiento.

La mente tiende a racionalizar nuestros deseos y reacciones. Cuando consigo controlar las opiniones y reacciones de la mente, me siento justificada al sentirme enfadada. Pero el corazón es distinto, más tierno y más sencillo. Para hacerle caso al corazón, hay que ser valiente.

Puede que el corazón te diga: no le des importancia a eso o déjalo, pero por otro lado, entra el miedo de que alguien se salga con la suya o que alguien en concreto te machaque vivo. Pero cuando uno es suficientemente valiente como para hacer lo que le dice el corazón, se siente mejor y es como si las cosas salieran también mejor.


Ejemplos de cómo distinguir cuando nos habla la cabeza o el corazón:

- En el coche a una hora punta.

La cabeza: ¿Qué horror de trafico! ¿es ese estúpido que nos está frenando a todos!, cuando van a ensanchar la carretera? Hay que ver esta que me ha cortado el paso!

El corazón: los coches se moverán cuando puedan. No ganas nada poniéndote de mal humor y malgastando la energía. Pon la radio y escucha un poco de música.


- En el trabajo.

La cabeza: pero quien se cree que es esta?, pero que injusticia que le den a él los mejores proyectos, y a mi me dejen los restos! Que rabia me da!

Corazón: sé que lo está pasando mal y que quiere hacerse notar, pero tengo que mantenerme en calma, no dejarme atrapar con algo que no va conmigo y no meter más cizaña. Quizá soy yo quien tiene que cambiar de actitud. Creo que la voy a invitar a comer.


Es aprender a observar esas dos voces, de la mente y del corazón, y sintonizar con la del corazón, cambiando de actitud y buscando las respuestas que mejor se adapten a la situación en su totalidad. Así la mente se vuelve más razonable.

La inteligencia del corazón aporta una visión más global que te permite decidir qué es lo mejor para ti pero en armonía con los demás.

La mejor manera de mantenerte equilibrado emocionalmente es practicar la autocompasión, el cariño y la amabilidad. Cuando practicas esto, se obtienen revelaciones intuitivas con frecuencia y se facilita obtener respuestas en el interior. Esto tiene que ver con las prácticas de Mindfulness.


John Kabat-Zinn dice:

la conciencia podríamos compararla con un campo de inteligencia compasiva que se localiza en el corazón, lo asimila todo y constituye una fuente de paz en medio de la confusión, de la misma forma que una madre representa un fuente de paz, compasión y perspectiva cuando su hijo se enfada, porque sabe que eso se le pasara a su hijo, cualquiera sea la causa de su enfado y por eso, ella le aporta bienestar, seguridad y paz desde su propia existencia.


Respirar y reducir el estrés


Respiración y ritmo cardiaco están íntimamente relacionados. Son dos sistemas imprescindibles para la vida y el buen funcionamiento de las células. Respirar mal implica que aparezcan el estrés, la ansiedad y la fatiga física, y también provoca que nuestro corazón tenga que realizar un trabajo extra para que las células reciban el oxígeno necesario.

El estrés, por otra parte, produce una gran activación y desgaste del organismo. Cuando nuestro cerebro percibe cualquier situación como una amenaza, hace que el cuerpo desencadene una serie de respuestas: la respiración se acelera, la frecuencia cardiaca aumenta y los músculos se tensionan, lo que afecta de forma negativa a la evolución de la hipertensión y la arterioesclerosis.

El estrés no es la causa directa de la tensión arterial alta (esta se debe a una disfunción de las arterias), sin embargo sí se ha comprobado que puede desencadenar subidas de tensión. Por eso, saber manejar mejor el estrés puede ser una buena ayuda para los hipertensos aunque, eso sí, en ningún caso deberán interrumpir el tratamiento sin consultar con su cardiólogo.

Una herramienta que resulta muy útil para manejar el estrés y la ansiedad es la respiración. Concretamente, un nuevo método desarrollado por el Instituto HeartMath de California (EE.UU.) denominado ‘respiración por coherencia cardiaca’ que relaciona la relajación con la respiración y la frecuencia cardiaca.


Entre 60 y 80 latidos

Mucha gente piensa que el corazón debe mantener un ritmo constante, pero no es así: late a una frecuencia no estable y variable de entre 60 y 80 latidos por minuto en reposo. Esta variabilidad del ritmo cardiaco, que no tiene nada que ver con las arritmias, es indicativa del buen funcionamiento de nuestra fisiología. Cuando el corazón late con demasiada regularidad puede ser un síntoma alarma de algún trastorno cardiaco.

La frecuencia cardiaca (el número de veces por minuto que nuestro corazón late o se contrae) varía en función de la actividad que estemos realizando, así como del estado emocional en el que nos encontremos. Sube, por ejemplo, cuando realizamos un esfuerzo físico porque necesitamos más oxígeno. Y también aumenta cuando estamos bajo el efecto de una emoción (miedo, enfado) y en situaciones de estrés.

La técnica de respiración por coherencia cardiaca permite, precisamente, controlar las aceleraciones y desaceleraciones del corazón. Se trata de inspirar y espirar de forma voluntaria lentamente para aumentar la amplitud de la frecuencia cardiaca. Gracias a esa sincronización entre la respiración y el ritmo del corazón se consigue entrar en lo que se llama ‘coherencia’.

La investigación científica ha demostrado que la coherencia cardiaca está en su máxima eficacia cuando la frecuencia de respiración es de seis ciclos por minuto, lo que proporciona un aumento óptimo de la amplitud de la variabilidad del ritmo cardiaco. Cuando este es regular, se dibuja una onda armoniosa y redondeada el gráfico que dibuja las oscilaciones del ritmo respiratorio.

Con ese patrón de latido rítmico y fluido, entramos en lo que se denomina ‘coherencia cardiaca’ y en un estado de relajación y bienestar.

En contraposición, cuando estamos ansiosos o en una situación de estrés se produce un trazo irregular y caótico del ritmo respiratorio, con forma de picos. Es lo que se llama ‘ritmo cardiaco incoherente’, que provoca que nuestra fisiología se vea alterada.

Este nuevo método permite aliviar el estrés de forma rápida y proporciona numerosos efectos positivos en nuestra salud, con un aumento notable de claridad mental y un mayor equilibrio psicoemocional. De hecho, pilotos de caza franceses están entrenados en la coherencia cardiaca para reducir el estrés.


Relajado en cinco minutos

En un entorno tranquilo, siéntese en una silla con la espalda recta, los pies en el suelo, sin cruzar las piernas y las manos apoyadas sobre los muslos. Durante el ejercicio focalice su atención en la inspiración y la espiración, en la entrada y salida del aire, como una ola.

1. Inspire por la nariz durante 5 segundos, hinchando el abdomen.

2. Espire por la boca durante 5 segundos, contrayendo el abdomen.

3. Se deben realizar seis inspiraciones/espiraciones por minuto y la duración del ejercicio será de 5 minutos. Es necesario practicarlo al menos tres veces al día. Al poco tiempo de practicarlo notará que su estrés se reduce de forma considerable.


Fuente Revista Salud & Corazón- Rufi Gómez