ANTECEDENTES - BASES CIENTÍFICAS





Metalnikov y Chorine, 1928 

discípulos de Pavlov fueron los primeros investigadores quienes descubrieron que el Sistema Inmune podía ser condicionado.

Ambos publicaron sus hallazgos en los Anales del Instituto Pasteur en el año 1928.

El experimento de Metalnikov y Chorine consistió en inocular antígenos (Estímulo Incondicionado) a cobayos, lo cual normalmente debería producir elevación de anticuerpos (Respuesta Incondicionada).
Ellos asociaron la inoculación de antígenos (Estímulo Incondicionado) al rascado intenso de la piel, o una varilla caliente sobre la piel ( Estímulos Neutros).
Al cabo de unos días estos estímulos se habían convertido en Estímulos Condicionados al producir por si mismos elevación de anticuerpos (Respuesta Condicionada).

Habían descubierto el condicionamiento inmunológico, lo cual implicaba que debería existir una vía de comunicación entre el cerebro y el sistema inmune.
Sin embargo sus trabajos quedaron olvidados durante décadas.


Elena Korneva, 1964

En Leningrado, Korneva descubrió que si lesionaba partes del hipotálamo, se producían trastornos en el sistema inmunitario.
Sus hallazgos fueron los primeros que señalaban una región específica en el cerebro que controlaba la actividad inmunológica.


George Solomon, 1964

El Psiquiatra George Solomon, a principios de los 60 en Stanford encontró que las características de la personalidad y el estrés de los pacientes con artritis reumatoide se relacionaban con los estados de su enfermedad.
Publicó en 1964 un artículo titulado “Emotions, immunity and disease: a speculative theoretical integration”.

Solomon denominó a este nuevo campo de investigación como Psicoinmunología.


Experimento de Ader y Cohen, 1974

Durante mucho tiempo se pensó que el sistema inmunológico se autorregulaba, hasta que en los 70 Robert Ader (Psicólogo) y Nicholas Cohen (Inmunólogo) redescubrieron que podía ser condicionado por el sistema nervioso.

En el año 1974, Ader se encontraba realizando experimentos de condicionamiento Pavloviano clásico en su laboratorio de la Universidad de Rochester inyectando ciclofosfamida junto con sacarina, administrada en el agua que bebían los ratones de experimentación.
El buscaba aparear el sabor aversivo de la ciclofosfamida con la sustancia de sabor dulce sacarina, la cual no posee efectos perjudiciales evidenciables en el corto plazo.
Normalmente la ciclofosfamida producía en los ratones, nauseas, vómitos y trastornos gastrointestinales.

Cuando se realizaban los condicionamientos, la sacarina al convertirse en estímulo condicionado, debería producir la respuesta condicionada de nauseas, vómitos y trastornos gastrointestinales.
Al cabo de unos días, los animales que habían sido condicionados con la sacarina comenzaban a enfermarse y morir, esto llamó la atención a Ader quien comenzó a investigar sobre las propiedades de la ciclofosfamida y encontró en la bibliografía que esta sustancia no solamente producía transtornos gastrointestinales sino que también era una potente droga inmunosupresora.

En ese momento Ader desconocía los trabajos de Metalnikov, nadie en esa época hablaba o escribía sobre la existencia del condicionamieno inmunológico.
Tuvo la brillante intuición científica de pensar que la muerte de los animales de experimentación se había debido a la inmunosupresión producida por una respuesta condicionada inesperada causada por la sacarina, que había actuado como estímulo condicionado produciendo en las ratas los efectos de la ciclofosfamida.

Ader acudió en busca de la colaboración del inmunólogo de Rochester Nicholas Cohen, al cual le mostró los resultados de su experiencia con la ciclofosfamida y la sacarina.
Juntos, los dos investigadores diseñaron un elegante experimento que buscaba comprobar si realmente el sistema inmunológico podía ser condicionado.

Todos los animales que participaron en el experimento recibieron una inyección con antígenos para estimular al sistema inmunológico a producir anticuerpos, con esto ellos pudieron comprobar y medir la supresión del sistema inmunológico causada por el condicionamiento con sacarina y ciclofosfamida.

Su trabajo fue publicado en Psychosomatic Medicine en el año 1975 con el título “Behaviorally conditioned immunosupression”. Esta publicación dio origen a la Psiconeuroinmunología moderna.

En sus conclusiones escribieron: “Estos resultados demuestran que puede existir una relación íntima y virtualmente inexplorada entre el sistema nervioso central y los procesos inmunológicos”

Ader fue quien acuñó la palabra Psiconeuroimunología, que es como se le denomina actualmente a esta nueva ciencia. Años antes el Psiquiatra George Solomon la había llamado Psicoinmunología a inicios de los años 60.


Hugo Besedovsky, 1977

Besedosvky, médico y neurocientífico argentino descubrió que un área cerebral como el hipotálamo modificaba su actividad eléctrica por acción del sistema inmune.
En su experimento, la interleuquina 1 secretada por el sistema inmune después de la inyección de antígenos, produjo aumento en la actividad eléctrica en la membrana de las neuronas hipotalámicas.

En sus conclusiones escribió: “Estos hallazgos constituyen la primera evidencia de una corriente de información entre el sistema inmunológico y el hipotálamo, que sugiere que el cerebro participa en la respuesta inmunológica”


David y Suzanne Felten, 1980

En otro hallazgo, David y Suzanne Felten demostraron que las células inmunes estaban inervadas por neuronas cuyos axones hacían contactos sinápticos con linfocitos en los órganos inmunes secundarios.
En la Universidad de Rochester en los 80, descubrieron la primera “sinapsis neuroinmune” vía directa de comunicación desde el cerebro hasta la inmunidad.


David Blalock,  1980

En Alabama, Blalock fue el primer científico en encontrar que las moléculas de comunicación eran comunes a todos los sistemas.
Su hallazgo fue el encontrar que los linfocitos T eran capaces de sintetizar la hormona ACTH.
Por primera vez se pudo conocer que una célula inmune podía producir hormonas clásicas, Blalock propone que el sistema inmune es un sistema neuroinmunoendocrino circulante. Asimismo, al poseer receptores de señales externas y enviar estas señales al cerebro, postula que el sistema inmune es un “sexto sentido”.


Janice Kiecolt y Ronald Glaser, 1980

Jannice Kiecolt y Ronald Glaser (Psicóloga e Inmunólogo) descubrieron relaciones entre estados emocionales y el funcionamiento inmunológico.

En los 80, comenzaron a estudiar en la Universidad de Ohio la relación existente entre los estados psicológicos y el estrés con la respuesta inmunitaria.
Encontraron disminución de la inmunoglobulina A en estudiantes sometidos al estrés académico.

En personas viviendo en situación de estrés crónico como las parejas en discordia marital y en cuidadores de pacientes con Alzheimer hallaron disminución de la respuesta inmunitaria antitumoral NK (Natural Killer)


Candace Pert, 1980

descubridora de los receptores a los péptidos opioides fue quien propuso el modelo de red psicosomática o red psiconeuroinmunoendócrina en los años 80.


David Spiegel de Stanford, fue el primero en publicar los resultados de una investigación en la cual un programa de apoyo psicosocial podía contribuir a la sobrevida en mujeres con cáncer de mama metastásico.





Psiconeuroinmunología al servicio de la integración del ser humano

La psiconeuroinmunología (PNI) se mueve armoniosamente en dos terrenos, por un lado mira hacia adentro al nivel más detallado de la química del cuerpo y al mismo tiempo mira hacia fuera en los ámbitos más generales de las emociones y la salud. Hace uso de diferentes tipos de alta tecnología que le sirven para analizar las moléculas y los genes en sus más mínimos detalles, e incluso para simular el funcionamiento de órganos completos como el cerebro.

Por lo tanto, la PNI sirve de enlace entre diferentes disciplinas de las ciencias básicas tales como la inmunología, la neurobiología, endocrinología, y hace el puente con campos especializados de la medicina tales como la psiquiatría y la reumatología.

También conecta, a las ciencias básicas con la medicina clínica y ambas con la psicología particularmente con esos aspectos intangibles pero de esencial contribución para la comprensión del ser humano, como son los sentimientos y las emociones.

Probablemente era necesario pasar por el ejercicio de una alta especialización desde el tiempo de Descartes y Bacon hasta la mitad del siglo pasado para obtener el nivel de entendimiento detallado del organismo que tenemos hoy en día. Sin embargo, lo que está resultando es que cada disciplina está tan abrumada con los detalles, que pareciera que el todo se perdió en esas partes, en lo que al dominio de la salud se refiere. Por lo tanto, la psiconeuroinmunología está retomando el camino de la integración y está desmontando las barreras que se derivan del incremento exagerado en la especialización y su consecuente arrogancia, que no es otra cosa que el miedo a la ignorancia en el campo del otro.

El resultado final de esta ciencia no es otro que reconstruir la psique y el cuerpo completos de nuevo, donde el espíritu no quede excluido. Implica retomar la conexión y el significado de realmente quienes somos, como seres humanos totales, lo cual redunda en el descubrimiento de todo nuestro potencial físico, afectivo, intelectual y trascendental.


Psiconeuroinmunología: encuentro de la ciencia y la cultura popular

La psiconeuroinmunología está destinada a convertirse en un punto de encuentro entre la ciencia y la cultura popular. Debe hacer posible, que la ciencia escéptica, que según la tradición de Descartes y Bacon afirma, que un hecho no es real, a menos que pueda ser observado, documentado, medido y entendido, pueda acercarse a la persona, que cuando se siente enferma, o tiene un dolor, aún en ausencia de evidencias, sabe desde su corazón, que lo que está sintiendo es real. La forma como esta ciencia emergente puede cumplir esta difícil tarea es convenciendo a ambos lados del punto de vista del otro.

Para los científicos, la observación experimental, desde todos los ámbitos de estudios, desde la biología celular y molecular tanto en modelos experimentales como humanos, puede llevar a una definición más fina y detallada de la complicada red de conexiones entre el sistema inmune y el sistema nervioso. A través de este conocimiento los intrincados mecanismos de la enfermedad pueden ser develados, abriendo nuevas vías de tratamientos en esto momentos impensables para la curación de ciertas enfermedades.

Parte del futuro en el campo de la PNI incluye identificar qué componentes de la respuesta fisiológica se pueden modificar mediante el aprendizaje de nuevas técnicas de afrontamiento del estrés, y cuales no pueden ser modificadas excepto por intervención médica.
Esta ciencia permitirá identificar cuáles de estos comportamientos y respuestas fisiológicas frente a situaciones estresantes son heredadas y cuales son aprendidas, incluso desde épocas tan tempranas como la gestación y los primeros años de vida.

A partir de todas estas piezas del rompecabezas, será posible determinar las consecuencias emocionales que pueden ser cambiadas, con intervenciones basadas en el aprendizaje.
Entendiendo los componentes activos de las prácticas de relajación (Castés, 2002), los médicos y los profesionales de la salud pueden ayudar mejor a las personas a escoger las herramientas que puedan ser útiles para sus pacientes y así incluirlos en su arsenal terapéutico.
Si esto además se hace con la aceptación del profesional, de acuerdo a lo que nos informa la Psiconeuorinmunología esto tendrá un efecto más positivo en el proceso de recuperación de esa persona.


La psiconeuroinmunología frente a la culpabilidad y la victimización y su contraparte la responsabilidad

Un aspecto importante que hemos vivenciado y que nos hemos visto forzados a reflexionar en el manejo de las personas con cáncer que participan en los programas de apoyo psicosocial de FUNDASINEIN (Castés, 2000) es un concepto generalizado por la cultura de la nueva era, que tiene que ver con la culpabilidad que experimentan ciertos pacientes frente a su enfermedad.

La idea subyacente es que si la persona creo su enfermedad también podrá deshacerse de ella. Esto en contraste con la otra postura de sentirse víctima de la enfermedad.
En contraposición a estos modelos la psiconeuroinmunología privilegia el de la responsabilidad. Cuando una persona se hace responsable, no culpable, deja de ser víctima, para asumir la responsabilidad, es cuando tiene la oportunidad de cambiar las cosas.
Las víctimas no pueden cambiar nada, pues justamente son víctimas de las circunstancias externas, y siempre hay situaciones u otras personas que son los culpables.

Así que el conocimiento que se obtiene a partir de esta ciencia también puede ayudar a los pacientes que escogen estos caminos, y que fallan en darse cuenta que no es "su culpa" si están enfermos. Puede ser que en su caso, no importa cuánto esfuerzo hagan, sus genes, respuestas hormonales, e inmunes les impide reaprender nuevos modos de responder al estrés, en forma eficaz como para cambiar sus respuestas biológicas.
En tales casos, esta ciencia puede enseñarnos como combinar medicinas derivadas del entendimiento de las conexiones entre el SNC y el sistema inmune con prácticas derivadas de siglos de uso, rescatadas de nuevo por un entendimiento de la ciencia que está detrás de ella.

Contribuir a aligerar el sufrimiento que está presente cuando las personas están enfermas especialmente con aquellas que ponen su vida en peligro y ayudarlas con amor y compasión en ese intrincado laberinto de opciones y posibilidades, con un manejo adecuado de las emociones que se desbordan en esos momentos, es un aspecto sumamente humano de la Psiconeuroinmunología.

Esta combinación de la ciencia con la humanidad de la persona enferma, es uno de las contribuciones más ricas de la Psiconeuroinmunología.


Fuente: Marianella Castés Boscán
Laboratorio de Psiconeuroinmunología, Cátedra de Inmunología, Instituto de Biomedicina, Escuela J.M. Vargas, Facultad de Medicina, Universidad Central de Venezuela, Apdo.4043, Caracas, Venezuela.







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