viernes, 23 de enero de 2026

Comunicación cuerpo-mente

 


El cuerpo y la mente están íntimamente ligados y su interacción ejerce una profunda influencia sobre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte.

Las emociones cuando las reprimimos, vulneran nuestro sistema inmune, al igual que el estrés y las creencias insalubres que se instalan en nuestro cerebro en forma de redes neuronales, determinando respuestas adictivas  a nuestra forma de percibir y reaccionar en la vida.

Podemos adquirir plasticidad biológica y biopsicosocial para enfrentar situaciones adversas y salir fortalecidos, resilientes, entendiendo por resiliencia a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límites y sobreponerse a ellas.

Los tratamientos basados  en la medicina biopsicosocial, que atienden las necesidades emocionales, cognitivas, físicas, nutricionales, vinculares, inconscientes, espirituales y energéticas, pueden no solo mejorar la vida de personas con enfermedades graves, sino también modificar el curso de la enfermedad.

Ya no podemos negar que las actitudes, hábitos, los estados emocionales (desde el amor hasta la compasión, desde el miedo hasta el resentimiento o la rabia) pueden desencadenar reacciones que afectan la química interna, optimizando o debilitando nuestro estado funcional.

Nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones. Cuando aprendemos cómo se crean estos hábitos tóxicos que nos afecta en la vida y que están instalados en nuestras redes neuronales, podemos acabar con ellos y además, reprogramar y desarrollar nuestro cerebro para que podamos tener nuevos comportamientos más saludables en nuestra vida.

El cuerpo es como un mensajero, nos alerta constantemente cuando algo de lo que  pensamos, sentimos o imaginamos, es bueno o no para nuestra biología, mediante indicadores somáticos de bienestar o malestar, que, generalmente ignoramos.

Podemos aprender a movilizar sustancias químicas (drogas endógenas) para mover el curso de nuestra biología.

Estas drogas endógenas (internas) pueden ser antidepresivos, estimulantes, ansiolíticos, analgésicos, etc., esta es un área rica y poco difundida.

 

Para comprender de dónde surgen realmente nuestras limitaciones, es fundamental conocer nuestra mente. 

 

El Dr. Andrew Newberg, reconocido neurocientífico norteamericano dice:

el cerebro es capaz de realizar millones de cosas diferentes y las personas, en verdad, deberían saber que son realmente increíbles y que sus mentes también lo son.  Tenemos esta cosa increíble dentro de nuestra cabeza, que no solo  puede hacer muchas cosas por nosotros y nos puede ayudar a aprender, sino que es capaz de cambiar y adaptarse y nos puede hacer mejores de lo que somos. Nos puede ayudar a trascendernos y debe haber algún modo que, de hecho, nos lleve a un nivel superior de nuestra existencia en la que podamos comprender el mundo y nuestra relación con las cosas y las personas de una manera más profunda y que en definitiva podamos darle mayor significado a nuestras vidas y nuestro mundo. Existe una parte espiritual en nuestro cerebro, se trata de una parte a la cual todos podemos acceder, es algo que todos podemos hacer.”

Nuestra mente y nuestro cuerpo, constantemente están comunicándose, esta interacción la estudia la Psiconeuroendocrinoinmunología (PNEI), esta estudia la interacción entre los procesos de adaptación de conducta, neuronales, neuroendocrinos y los inmunológicos. Su premisa principal es que la homeostasis (equilibrio) es un proceso integrado que involucra las interacciones entre los sistemas nervioso, endócrino e inmune.

Toda esta extraordinaria maquinaria neuro- inmuno- endocrinológica, está permanentemente a nuestras órdenes y cada uno de nosotros de manera consciente o no, la estamos movilizando a cada segundo.

Es el cerebro el que coordina y envía sus órdenes a través del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, y pone en marcha la secreción de una serie de hormonas que alcanzan los linfocitos que, en última instancia son los que transmiten las órdenes. Y también a través del sistema nervioso autónomo, simpático y parasimpático, al que el sistema inmunitario presta especial atención y escucha en cada momento.

De manera que podemos darnos cuenta de cómo nuestros pensamientos, actitudes y creencias, crean las condiciones de nuestro cuerpo a través de los sistemas de control homeostático de nuestro organismo: sistema nervioso, endocrino e inmunitario.

El estado emocional, filtra y modula la percepción para que los estímulos ambientales, los factores psicosociales, los estresores que vivimos, y en general todo aquello que nos importa, produzca determinado tipo de impacto  sobre el cerebro.

El cerebro, utiliza por un lado el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y por el otro el sistema nervioso vegetativo para comunicarse con el sistema inmunitario. Los intermediarios son las moléculas de información que corresponden a cada uno de estos tres sistemas, o sea, las hormonas del sistema endocrino, los neurotransmisores del sistema nervioso y las linfosinas del sistema inmunitario.

En el sentido inverso, este proceso también funciona: el sistema inmunitario recoge información periférica de estresores infecciosos o inflamatorios radicados en cualquier órgano o tejido del cuerpo, y a través de la secreción de linfosinas, informa lo que ocurre al cerebro, el cual con la información adecuada,  pone en marcha las correspondientes estrategias de comportamiento.

Es decir que, los efectos del comportamiento, están mediados por las linfocinas del sistema inmunitario ya sea el estresor infeccioso-inflamatorio (en el sentido sistema inmunitario-sistema nervioso), o bien ambiental psicológico (en el sentido sistema nervioso-sistema inmunitario), pero en ambos casos, el sistema de respuesta es común.

El sistema nervioso modula el sistema inmunitario y viceversa, el sistema inmunitario  informa al sistema nervioso.

Los tres sistemas forman un triángulo de información en donde el sistema nervioso impone su melódico ritmo, el del día y la noche, el de luz y oscuridad,  el de bienestar y malestar, el de placer y dolor, el de los periodos de sueño y el  ritmo circadiano. Y esa conversación no cesa nunca, ni siquiera cuando dormimos y mucho menos cuando quedamos sin energía; justo en estos casos es cuando nuestro sistema inmunitario se apodera de ella totalmente, justo cuando más la necesita para desempeñar su trabajo en estos momentos de depresión o enfermedad.

El sistema inmunitario, no solo escucha, sino que reacciona al diálogo emocional. Es nuestro cuidador, siempre que se le permita disponer de la información adecuada. El sistema inmune es nuestro sexto sentido, el que informa a nuestro organismo de lo que no se puede ver, ni tocar, ni oír, ni degustar, ni oler; pero si es capaz de traducir información ambiental al cerebro que no es captada por otros sentidos, estímulos no cognitivos o premonición de enfermedad, por ejemplo.

Los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario, encarnan en nuestro organismo literalmente, el proceso de la consciencia que queda impreso en nuestros tejidos a partir de nuestras vivencias, así entendemos como una persona puede enfermar a causa del sufrimiento y también como la comprensión psicológica del mensaje que trae cada enfermedad grave, ilumina el área del cerebro que enviará sus órdenes al sistema inmune para que ponga fin al conflicto.

Es fácil comprender entonces como diversos factores psicosociales (el estrés, el tipo de personalidad, la preocupación y el modo de afrontarla, el apoyo social, el duelo, los conflictos de pareja, la depresión, la ansiedad, un desastre natural, o un conflicto bélico), producen un patrón de impacto específico sobre el sistema inmunitario, que termina elaborando el patrón de respuesta inmune propio de cada individuo. Una forma de llevar la experiencia en el organismo que, sumado a factores como la edad, la dieta, y otros, dependerá su estado de salud o enfermedad y en caso de esta última, que tipo de enfermedad y qué órgano se afectará, según la vulnerabilidad de cada uno frente al impacto físico y/o emocional.

Las expresiones afecto-cognitivas, influyen en el sistema de defensas. Sabemos que al disminuir la ansiedad, aumenta de manera específica los linfocitos CD4, que confesar secretos de culpabilidad         produce un aumento del número de linfocitos o que las hormonas del estrés disminuyen las células NK (“asesinas naturales”) circulantes.

Toda memoria es biocognitiva y la mente se encuentra en todo el cuerpo. El hecho de que el sistema inmune tenga la capacidad de aprender parámetros afectivos y cognitivos, explica por qué el recuerdo reproduce respuestas fisiológicas. (S. M. Maruso)

El sistema inmunitario se pasa el tiempo escuchando nuestros monólogos y su respuesta está condicionada por los pensamientos.

Las células que defienden el organismo tienen receptores de las sustancias que el cerebro produce con cada pensamiento.

 

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miércoles, 14 de enero de 2026

Yoga y sanación (integración del Yoga- Mindfulness- Neurociencia- Psicología)

                                 

Neurociencia y Psicología aplicada al yoga

Podemos sanar heridas, carencias emocionales, traumas, que todos traemos, muchos de ellos inconscientes, y no es una “condena” sino una oportunidad para cambio, recuperación y crecimiento.

El yoga nos puede  ayudar en esto, nos permite procesar partes de nosotros mismos que están maltratadas por los golpes de la vida, nos permite reconstruirnos con paciencia, amor propio y compasión.

Nos enseña a conectar con nuestro cuerpo y encontrar un lugar seguro dentro de uno mismo.

Mediante movimientos conscientes, induce profundos efectos curativos en el sistema nervioso. Estos efectos alivian la ansiedad y crean las bases para una vida plena.

El yoga es una poderosa herramienta curativa que puede ayudarnos a recuperarnos del dolor atrapado, viviendo una vida plena y equilibrada liberándonos de heridas del pasado y aprendiendo a habitar el presente consciente y empoderado.

En yoga creamos un entorno seguro para explorar nuestro cuerpo, emociones y pensamientos.

La práctica se adapta  a las necesidades individuales y tiene en cuenta los miedos y ansiedades que pueden estar asociados a las distintas partes del cuerpo.

Con el yoga regulamos el sistema nervioso. Los traumas/heridas provocan una desregulación del sistema nervioso, lo que provoca síntomas como ansiedad, hipervigilancia y dificultades para controlar el estrés.

Aprendemos a respirar correctamente, conectar a tierra y movimientos conscientes, siendo todo ello una potente herramienta de regulación del sistema nervioso autónomo.

Los síntomas se reducen y vamos hacia una curación holística (en todos los niveles)

Existe una sabiduría en nuestros cuerpos. Walter Cannon

Suavemente y poco a poco el yoga nos ayuda a una suave reconexión con el cuerpo a través de movimientos y posturas conscientes.

El aumento de la consciencia corporal nos ayuda a procesar y liberar el dolor  almacenado, lo que refuerza a un más nuestro sentido de corporeidad y la autocompasión.

 

Mientras haces las posturas de yoga, diriges tu atención a las sensaciones físicas de tu cuerpo, con libertad de elegir y abandonar cualquier postura que provoque malestar, o te abrume.

A medida que sientes las posturas seguras observa las sensaciones en diversas partes de tu cuerpo, aprendiendo a aceptar gradualmente la incomodidad; esto sienta las bases para restablecer una relación segura entre la mente y el cuerpo, reducir la respuesta al estrés y fomentar la sensación de seguridad.

 

La sensación de conexión con el suelo durante la práctica, proporciona una sensación de enraizamiento y aumenta la sensación de seguridad; esto empodera al desarrollar una renovada confianza en sí mismos y desempeña un papel vital en el fortalecimiento de la conexión mente-cuerpo.

Con la práctica constante, gradualmente percibes el cuerpo como un lugar seguro, sintiéndose las posturas más cómodas.

Eliges tu propio ritmo y comodidad a moverte por las posturas.

Te sientes cada vez más centrado, conectado, seguro, alegre y compasivo con los demás.  Experimentas una gran liberación en los movimientos y calma  que ayuda a alcanzar estados de equilibrio emocional.

Cuando notas que puedes regular tus estados emocionales, estás ganado fuerza e impulso para empezar una nueva vida de alegría, entusiasmo y pasión.

Esta práctica puede alterar nuestras vías neuronales y la estructura de nuestro cerebro.


El yoga favorece la liberación y el procesamiento emocional

Reprimir las emociones es otro mecanismo de defensa con el que nuestro cerebro intenta protegernos; sin embargo, las investigaciones sugieren que las emociones reprimidas, se manifiestan como diversos tipos de dolencias físicas y mentales, como ansiedad, depresión y otras.

También puede llevar a las personas a abusar del alcohol y otras sustancias. Los síntomas de angustia persisten hasta que las emociones reprimidas se sienten y afrontan.

O sea, que la única forma de evitar que las emociones reprimidas se conviertan en malestar físico y mental, es sentirlas y liberarlas (Raypole, 2020)

Las posturas y la respiración nos permiten liberar las emociones reprimidas en un entorno seguro.

 

El yoga aumenta la resistencia

Algunas posturas son fáciles de realizar, otras nos suponen un reto; a medida que superamos estas posturas desafiantes, experimentamos un aumento significativo de la confianza en nosotros mismos. Poco a poco, empezamos a poner en práctica las habilidades recién aprendidas para superar los retos de la vida cotidiana, y esto, nos hace sentir más fuertes, más seguros y aumenta nuestra resiliencia.

 

El yoga trabaja gradualmente para mejorar nuestra resiliencia emocional.

El desafío y la imprevisibilidad asociados al yoga enseñan al cerebro a ser flexible y a adaptarse a los cambios sin esfuerzo.

Cada vez que realizamos una nueva postura de yoga, sacamos al cerebro de su zona de confort, lo que fomenta la conexión de nuevas vías neuronales y nos hace más adaptable al cambio. Cuando repetimos esas posturas, reforzamos estas conexiones y las hacemos más fuertes. Es similar al ejercicio regular que fortalece nuestros músculos.

Al principio, la mente  puede dejarse llevar por la frustración, la impotencia y la ansiedad ante la introducción de movimientos desconocidos, pero con el tiempo, a medida que se acostumbra a enfrentarse a los retos, puede empezar a aceptar nuevas posturas con mayor facilidad.

Cuanto más aprende el cerebro a convivir con el cambio y la incomodidad, mejor maneja el estrés y las exposiciones traumáticas. Aprende a relajarse en la incertidumbre y a fluir los retos en lugar de negar su existencia o estancarse en una rutina emocional. Esto sienta una base sólida para la resiliencia emocional. Nos da una sensación de poder estar presentes en nuestros síntomas y con ello una sensación  de empoderamiento más allá de las palabras, que nos aporta un sentido de fe en nosotros mismos, en nuestros cuerpos y en nuestros cerebros.

Sin embargo, puede que a veces nos encontremos un tanto desesperados, ya que somos seres humanos. No necesitamos “machacarnos”, más bien enfocarnos en el progreso y darnos un tiempo para recuperarnos.



El yoga reduce el tamaño de la amígdala, modulando la hiperactividad.

Cuando vivimos en modo supervivencia de forma persistente, la hormona de estrés, el cortisol, recorre nuestro cuerpo en exceso, provocando una serie de síntomas. Algunos son la incapacidad para dormir, ansiedad, fatiga persistente y dolores corporales.

A través de la práctica regular, se refuerzan las conexiones entre la amígdala y las regiones cerebrales asociadas a la función cognitiva, lo que reduce la reactividad, y reconfigura el cerebro, disminuyendo el estrés ante los problemas de la vida. Es el resultado de una mayor resiliencia emocional.

 

El yoga nos ayuda a desarrollar una sensación de “control”.

Es cierto que no podemos controlar completamente las situaciones de nuestra vida, pero cuando podemos ejercer cierto “control” (gestión) sobre nuestras reacciones y respuestas a las situaciones y volver a aprender a tomar partido por nosotros mismos, nos sentimos capacitados y seguros.

No podemos cambiar el afuera pero sí nuestra respuesta a lo que nos sucede, y esto es lo que nos da esa seguridad y capacidad interior.

Con el yoga podemos desarraigar esta impotencia de nuestra personalidad.

Nos devuelve el sentido de la acción y nuestra capacidad para sentirnos más seguros  y emprender las acciones deseadas, transformando positivamente nuestras vidas.



Algunos beneficios:

·       Se induce a una conexión mente-cuerpo

·       Integra la respiración, el movimiento y la atención plena para ayudar a gestionar las respuestas emocionales de manera más eficaz

·       Estas prácticas de atención plena pueden remodelar las vías neuronales asociadas al estrés

·       Es un camino hacia la resiliencia emocional y la recuperación del estrés

·       Los practicantes se empoderan mediante la elección, el consentimiento y la agencia personal, lo que contribuye a un empoderamiento emocional en la vida cotidiana:

-        Se proponen opciones para realizar posturas sin ser juzgados

-        Tienes la opción de desarmarla si al escuchar el cuerpo sientes que no es un momento adecuado para permanecer en la postura

-        En todo momento el alumno guiado a escuchar su cuerpo y observar su mente, soltando los pensamientos sin negarlos, rechazarlos, ni cambiarlos, sino, observándolos y no dándoles atención. La atención se lleva a la respiración, al cuerpo, a las sensaciones físicas… se trata de “habitar el cuerpo”

-        No se les “ordena” que hagan las posturas, se sugiere, indica y cada quien hace hasta donde puede, realizando modificaciones si es necesario, al escuchar su cuerpo… Esto les da a los alumnos una sensación de  seguridad durante la clase.

- Pueden utilizar cojines u otros accesorios para aumentar su sentido de autonomía.

- Pueden venir con la vestimenta que les sea cómoda y elegir el sitio en el que se sientan cómodos también

Gradualmente van sintiendo una sensación de mayor seguridad y con el tiempo se sienten capacitados y van llevando estos aprendizajes a la vida cotidiana, al irse instalando nuevos hábitos saludables.

 

Lo más importante que podemos crear en un espacio de yoga es una sensación de seguridad para que el sistema nervioso pueda empezar a soltar parte de su hipervigilancia y, por lo tanto, empezar a explorar como es estar en el cuerpo.

Katia Shulga

 

Este yoga se centra en crear una práctica  segura y de apoyo que desarraigue los sentimientos de inseguridad.

Los ejercicios de enraizamiento y la conciencia de la respiración son ejemplos de estrategias o técnicas de regulación emocional.

La persona se siente más conectada con el momento presente.

Los ejercicios ralentizan la parte reactiva del cerebro y activan las áreas más lógicas, lo que produce una sensación de calma cuando se practican, habilitando además ese “testigo interior” (Atención Plena- Mindfulness) que es capaz de observar sin juicios lo que va aconteciendo en el psico-cuerpo.

Los ejercicios de conexión a tierra y consciencia de la respiración actúan como vía de comunicación entre las partes lógica y reactiva del cerebro, reduciendo la reactividad y mejorando las respuestas.

La flexibilidad no es un requisito previo para practicar yoga, lo más bonito que es una práctica inclusiva y adaptable a persona de todos tipos de cuerpo, niveles de forma física y niveles de flexibilidad.

No consiste en alcanzar un nivel especifico de flexibilidad ni de dominar posturas avanzadas.

Es un viaje personal en el que, con el tiempo, se va adquiriendo fuerza, flexibilidad y conciencia de uno mismo. Las posturas de yoga pueden modificarse o cambiarse para ayudar a las personas a encontrar una versión que se adapte a las capacidades de su cuerpo.

El yoga debe centrarse en la respiración y la atención, que no se ven afectadas por la flexibilidad. Las instrucciones claras y suaves son de ayuda para crear una sensación de previsibilidad y seguridad.

El poder variar o ajustar la postura a tus capacidades físicas y comodidad es importante. Permitir que cada persona al escuchar su cuerpo pueda permitirse entrar y  salir de la postura a su ritmo, fomentando la sensación de seguridad y autonomía. Se crea una atmósfera de apoyo haciendo hincapié en que no hay una forma correcta   o incorrecta de practicar.


La respiración consciente

Establecer conexión entre la respiración y a mente, cuando la respiración se estabiliza, las fluctuaciones de la mente también se estabilizan y mejoran el enfoque mental y la concentración.

El pranayama se centra en equilibrar el flujo del prana en el cuerpo, garantizando una distribución saludable de la energía vital.

Los beneficios del pranayama incluyen la reducción del estrés mediante el énfasis en respiraciones lentas y profundas que activan el sistema nervioso parasimpático.

Esto conduce a relajación y reducción del estrés. Mejora la capacidad pulmonar, la eficiencia respiratoria y a oxigenación de la sangre. Al optimizar el flujo del prana, el pranayama puede aumentar los niveles generales de energía y vitalidad.

Efectos calmantes y de concentración, aumentan la claridad mental, la concentración y la atención plena.

Ayuda a regular las emociones, dando sensación de equilibrio y estabilidad emocional. La respiración consciente es un puente entre los aspectos físicos y espirituales del yoga.

Se cree que prepara la mente para la meditación y un estado de conciencia más profundo.

La respiración controlada y consciente también ayuda a eliminar las toxinas del cuerpo, favoreciendo el bienestar general.

Las técnicas de respiración consciente, activan el sistema nervioso parasimpático, induce respuesta de relajación que alivia el estrés y promueve la calma. Oxigenan el cerebro y mejoran la claridad mental, la concentración y las funciones cognitivas. Contribuye todo esto a aumentar la capacidad de regular las emociones y a crear una profunda conexión cuerpo-mente.

Ofrecen una puerta de entrada a la curación holística y al bienestar de las personas.

 

La atención plena

Introducir la atención plena en la práctica de yoga, mejora la experiencia global, profundiza la conexión mente-cuerpo y contribuye a diversos beneficios físicos, mentales y emocionales. Permite conectar con las sensaciones, los movimientos y la respiración de cada postura, sin preocuparse por el pasado o el futuro.

Fomenta una conexión más profunda entre la mente y el cuerpo.

Al prestar atención consciente a la respiración y las sensaciones, los practicantes desarrollan una mayor conciencia de cómo se mueve y se siente su cuerpo en cada postura.

Reduce el estrés al activarse e sistema nervioso parasimpático, como comentamos, fomentando la relajación y una sensación de calma.

 

La conciencia de la respiración en la práctica del yoga.

Es un aspecto fundamental de la práctica de yoga consciente, y su importancia radica en la profunda conexión entre la respiración, el cuerpo y la mente. La respiración es un aspecto constante y siempre presente de nuestra experiencia.

Centrarse en la respiración proporciona un anclaje fiable al momento presente, ayudando a los practicante a mantenerse enraizados y centrados.

Prestar atención a la respiración fomenta la atención plena. La respiración sirve como punto de atención que permite a las personas observar sus pensamientos, sensaciones y emociones sin perderse en ellos.

El yoga consciente implica sincronizar el movimiento con la respiración. La conciencia de la respiración garantiza que cada movimiento sea intencionado y este coordinado con el ritmo natural de la respiración, promoviendo un flujo armonioso.

La respiración está íntimamente relacionada con los movimientos y las sensaciones del cuerpo. Al sintonizar con la respiración, los practicantes desarrollan una mayor conciencia corporal porque observan como cada respiración influye en las distintas partes del cuerpo.

La respiración sirve de puente entre el cuerpo y las emociones.

La conciencia plena de la respiración permite a las personas observar y regular sus respuestas emocionales, fomentando un estado mental más equilibrado y sereno. También enseña el desapego al invitar a los practicantes a observar la respiración sin aferrarse a ella ni resistirse.

Esta actitud de desapego se extiende más allá de la esterilla, fomentando una mayor resistencia ante los retos de la vida.

A incorporar, integrar la conciencia de la respiración a las posturas, mejora la conexión mente-cuerpo.

La incorporación de la atención plena durante los momentos de transición entre posturas y fases de descanso en el yoga ofrece importantes beneficios. Estas pausas conscientes ofrecen la oportunidad de profundizar en la conexión mente-cuerpo, mejorar la autoconsciencia y promover una sensación de presencia y calma. Las transiciones conscientes permiten integrar los beneficios de cada postura en la práctica general.

Los practicantes pueden llevar la conciencia y la sensibilidad de una postura a la siguiente, creando una secuencia más fluida y conectada.

Los momentos de transición ofrecen la oportunidad de practicar el movimiento consciente. Al moverse intencionadamente y con conciencia, cultivas un sentido de presencia y propósito en cada cambio, fomentando una meditación en movimiento.

Fomenta la sincronización y el movimiento y esta coordinación mejora el flujo de energía y promueve una conexión armoniosa entre la respiración y el cuerpo físico. Las pausas entre posturas evitan las prisas.

Permite moverse a un ritmo que se alinea con la respiración, reduciendo el riesgo de lesiones y mejorando la calidad del movimiento.

Las pausas conscientes ofrecen oportunidades para la regulación emocional. Puedes observar cualquier respuesta emocional a las posturas y transiciones, lo que permite un enfoque consciente y equilibrado tanto de los retos como de los momentos de tranquilidad. Durante las transiciones, mejora la concentración y el enfoque. Al permanecer presentes en cada momento, pueden desarrollar la resiliencia mental, que puede extenderse más allá de la esterilla y llegar a la vida cotidiana. Te puedes relajar por competo, dejando ir la tensión y el parloteo mental, y experimentar un profundo estado de relajación.

 

Las visualizaciones guiadas

Ayudan a crear un espacio mental y emocional seguro en el que las personas pueden explorar su mundo interior a su propio ritmo. Las imágenes guiadas proporcionan un contenedor para la práctica, dando sensación de seguridad.

Las técnicas pueden adaptarse para fomentar la resiliencia. Las imágenes guiadas que incorporan temas de fortaleza, estabilidad y recursos internos ayudan a las personas a aprovechar su resiliencia inherente, proporcionado fortaleza interior.

A medida que visualizan la curación y seguridad, activan la mente y también la respuesta del cuerpo a las imágenes positivas. Este enfoque integrado favorece la regulación emocional y mejora el bienestar general.

 

El yoga favorece el procesamiento somático, es un proceso de curación holístico, aborda aspectos mentales, emocionales y físicos del bienestar.

Contribuye a cultivar la resiliencia y las estrategias de afrontamiento adaptativas.

 

Desde la disposición hasta la decoración y las instrucciones, todo para dar una sensación de seguridad y ayudarnos a abrazar la experiencia sin sentirnos abrumados, lo cual ayuda a calmar la ansiedad.

Poco a poco vamos soltando el dolor y experimentamos una sensación de liberación y ligereza que no habíamos experimentado en mucho tiempo, o nunca…

Las semillas de la curación se pueden sembrar en el momento en que entran a la clase. El simple hecho de sentarse en un entorno curativo que evoca sentimientos de seguridad inicia las semillas de la curación.




Prácticas de autocuidado

-        No hacer nada: dedica breves momentos a no hacer nada a lo largo del día, sean unos minutos de respiración consciente o un momento de reflexión en silencio, estos micromomentos pueden integrarse en la vida cotidiana con facilidad.

-        Encuentra a alguien con quien hablar: reserva algo de tiempo para conectar con amigos o seres queridos, puede ser una llamada telefónica rápida durante una pausa, una cita virtual para tomar un café o una conversación cara a cara. Da prioridad a estas conexiones para fomentar el bienestar emocional.

-        Aprende a gestionar y expresar saludablemente tus emociones

-        Entrénate en observar la mente sin dejarte llevar por ella (atención plena)

-        Duerme las horas que tu organismo necesite, el sueño es muy importante

-        Cuida tu alimentación y bebe agua

-        Haz ejercicio: incorpora breves sesiones de ejercicio a tu rutina. Puede ser un entrenamiento en casa de 20 minutos, un paseo a paso ligero luego del almuerzo o ejercicios de estiramiento durante las pausas de trabajo, etc.

-        Pasa tiempo en la naturaleza: programa breves descansos en la naturaleza, como salir a respirar aire fresco, comer en un parque cercano o dar un breve paseo por un entorno natural

-        Se selectivo con lo que ves y lees: elige conscientemente los medios de comunicación. Limita tu tiempo frente a la pantalla, selecciona contenidos positivos, que te nutran en las redes sociales y lee materiales que te inspiren o eduquen.

-        Mímate: crea pequeños rituales que formen parte de tu rutina diaria. Puede ser cuidado de tu piel, disfrutar una taza de té, tomar un baño caliente, etc.

-        Abraza la creatividad: infunde creatividad a tu día con breves descansos para la expresión creativa. Garabatea, escribe un poema o participa en cualquier actividad artística que te aporte alegría y expresión.

Encuentra aficiones que te atraigan: dedica un tiempo a tus aficiones, aunque solo sea 15 minutos al día, sea tocar un instrumento, trabajar el jardín, cocinar, etc., actividades que contribuyen a una vida equilibrada y plena.

-        Diario: dedica unos minutos al día a escribir tus pensamientos y sentimientos. Puede ser por la mañana, reflexión o una práctica vespertina de gratitud para mejorar el conocimiento de uno mismo

-        Busca ayuda: si ves que lo necesitas, forma parte de tu autocuidado, un terapeuta o consejero.

Considera todo esto como tu prioridad, un compromiso contigo mismo, conviértelas en una parte natural de tu rutina, empieza por pequeños pasos manejables y ve ampliándolos gradualmente a medida que te sientas más cómodo con cada práctica.

La clave es la constancia para experimentar todos los beneficios del autocuidado en el cultivo del bienestar holístico y la resiliencia emocional.

Combinar el yoga, la terapia y el autocuidado con la información saludable, es un enfoque poderoso para nutrir el alma y curar las heridas. (Sue Berman)

www.centroelim.org



viernes, 9 de enero de 2026

¿Por qué es importante salirse del modo “lucha/huida/parálisis” (estrés)?

 


El cuerpo entra en inflamación cuando la mente no descansa.


La mente no descansa por:

- pensamientos constantes,

- preocupación continua,

- hiperalerta mental incluso en reposo


El cuerpo interpreta ese estado como una amenaza persistente. Aunque no exista daño físico ni infección, el organismo responde activando mecanismos defensivos que, con el tiempo, derivan en inflamación crónica de bajo grado.

Este proceso es silencioso, progresivo y profundamente desgastante.

El origen está en el sistema nervioso.

Una mente que “no se apaga” mantiene activado de forma sostenida el sistema nervioso simpático, encargado de la respuesta de alerta.



El cuerpo no diferencia entre una amenaza real y una amenaza mental constante. Como resultado, se liberan de manera continua cortisol y adrenalina, hormonas diseñadas para respuestas cortas, no para estados prolongados.

En condiciones normales, el cortisol ayuda a controlar la inflamación. Sin embargo, cuando permanece elevado durante largos periodos, pierde su efecto regulador y comienza a desorganizar la respuesta inmune. El sistema inmunológico entra en un estado de activación parcial continua: no combate una amenaza concreta, pero tampoco se desactiva.

Este estado mantiene encendidas vías inflamatorias sin un propósito claro.

A nivel inmunológico, esta activación constante altera la producción de citocinas, moléculas que regulan la inflamación.

Se incrementan las citosinas (citoquinas) proinflamatorias y se reduce la señal de resolución inflamatoria.

El resultado es una inflamación silenciosa, que no causa fiebre ni dolor agudo, pero deteriora tejidos, afecta la reparación celular y altera el funcionamiento de órganos clave.

El intestino es uno de los principales afectados.

La mente en estrés continuo altera el eje intestino-cerebro, aumentando la permeabilidad intestinal.

Fragmentos bacterianos y toxinas atraviesan la barrera intestinal y activan al sistema inmune, amplificando la inflamación sistémica. Dado que una gran parte de las defensas del cuerpo reside en el intestino, este proceso se convierte en un potente motor inflamatorio.

A nivel celular, la inflamación crónica deteriora la función mitocondrial.

Las mitocondrias producen menos energía y más radicales libres en entornos inflamados.

Esto genera fatiga persistente, dolor difuso, rigidez muscular y sensación de agotamiento general, incluso sin esfuerzo físico.

El cuerpo entra en un estado de desgaste metabólico.

El sueño, clave para apagar la inflamación, también se ve afectado. Una mente que no descansa fragmenta el sueño profundo, fase en la que se regulan las respuestas inmunes y se reduce la inflamación.

Sin este descanso reparador, el cuerpo no logra desactivar los procesos inflamatorios, perpetuando el ciclo mente activa → inflamación → cansancio → más activación mental.


El cerebro tampoco queda al margen.

La inflamación de bajo grado afecta la comunicación neuronal, reduce la plasticidad cerebral y favorece síntomas como niebla mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse y alteraciones del estado de ánimo.

Estos síntomas refuerzan la rumiación mental, cerrando un círculo inflamatorio mente-cuerpo.


Lo más engañoso, es que este proceso ocurre sin señales claras.

La persona puede sentirse “funcional”, pero vive cansada, tensa, inflamada y con molestias difusas que no tienen una causa aparente en los estudios médicos iniciales.


Con el tiempo, esta inflamación silenciosa aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares, autoinmunes y neurodegenerativas. No porque la mente “cause” directamente estas enfermedades, sino porque mantiene al cuerpo en un entorno inflamatorio constante.


La salida comienza cuando la mente aprende a descansar de verdad.

Pausas mentales reales, reducción de estímulos, respiración profunda, movimiento consciente, sueño profundo, momentos de silencio, yoga, práctica de atención plena, permiten que el sistema parasimpático se active y que la inflamación disminuya de forma natural.


En síntesis, cuando la MENTE no descansa, el cuerpo entra en inflamación como mecanismo de defensa.

No es debilidad ni exageración: es una respuesta biológica a una alerta constante.

Calmar la mente no es solo bienestar emocional, es una intervención directa para reducir la inflamación.

Fuente Té Dra. K


viernes, 2 de enero de 2026

El lenguaje de las emociones

 

Tarde o temprano, la vida emocional, nos invita a que miremos dentro. Cuando aparece el dolor, la rabia, el miedo, la tristeza, etc., tenemos una invitación a conocer un poco más de lo que realmente nos está pasando.

No nos educan a sentir, a escuchar los mensajes que cada emoción nos trae para poder integrar y crecer sanamente, de manera que es imperioso que aprendamos a relacionarnos con lo que nos pasa de una manera inteligente (desarrollar la inteligencia emocional), sin dejarnos llevar por lo mecánico y condicionado, aprender a gerenciar ese mundo emocional, evitando desbordarnos, reprimir o negar lo que nos está sucediendo.

Es importante durante este aprendizaje, ser amables con nosotros mismos y tener paciencia con nuestros propios procesos internos.

El aprender a gestionar las emociones, nos ayuda a crear una vida saludable, pero si las dejamos a su aire o bien, las reprimimos, pretendiendo que no existen, negándolas, las apartamos de la conciencia, pueden provocar perturbaciones, síntomas, enfermedades.

Las emociones surgen en base a programas mentales, creencias, maneras de interpretar los acontecimientos. Estos patrones, buscan la felicidad, huyendo del dolor, teniendo siempre una intención positiva, un beneficio escondido, que a veces cuesta entender con la mente concreta (la que analiza, juzga, cuestiona…)

Funcionamos por repetición de patrones mentales, sin ser conscientes de ellos muchas veces, patrones que fuimos grabando en los primeros años de vida y reforzando luego mediante las distintas experiencias que confirmaban esa manera de ver y actuar.
Nuestras emociones se basan en esos patrones; para desarrollar una inteligencia emocional, debemos reconocer y cambiar dichos patrones.

Cuando se trata de una experiencia traumática y la emoción que la acompaña se bloquea, la mente no puede evaluar o integrar esa experiencia. Cuando la energía emocional bloquea la resolución del trauma, la mente disminuye su capacidad de funcionamiento. Con los años, la mente se empequeñece cada vez más, ya que el bloqueo de la energía emocional se intensifica cada vez que ocurre una experiencia similar.
Siempre que tenemos una experiencia nueva, y que de alguna forma se parece al trauma original, sentimos con una intensidad que es desproporcionada con lo que está ocurriendo en realidad. Se trata de una regresión espontánea.

Nuestro niño interno herido está lleno de energía no resuelta que proviene de la tristeza de un trauma infantil.
Uno de los motivos de que sintamos tristeza es para completar los sucesos dolorosos del pasado, de modo que podamos disponer de nuestra energía para el presente. Cuando no se nos permite lamentarnos, esta energía se congela.


Para aprender más sobre el tema te ofrecemos: