jueves, 27 de noviembre de 2025

El cerebro puede cambiar

                                 

La vida tiene partes desagradables y otras  agradables; junto a las partes que no nos gusta, podemos también buscar esa parte de la realidad que si existe, en vez de quedarnos en “esto no funciona”, plantearnos ¿cómo podría hacer que funcionara?

Tengamos en cuenta que donde  llevemos nuestra atención, van nuestras emociones y se hace más real para nosotros.

Si solo estamos enfocados en el aspecto negativo de las cosas, llega un momento literalmente, en el que aunque haya un aspecto positivo y valioso, no lo podremos ver, la percepción es una construcción cerebral.

Hay personas que viven en un mundo de oportunidad, no niegan la realidad de los problemas, tampoco niegan la posibilidad de las oportunidades; hay personas que viven constantemente en un mundo de amenaza; viven en el mismo espacio físico pero no viven en el mismo espacio mental.

Si creo que hay oportunidades, encontraré una dificultad, tendré que lidiar con esa dificultad pero no me concentraré, no llevaré toda mi atención al problema, sino también a la búsqueda de soluciones, con lo cual es mucho más probable que las  encuentre.

Y esto no es genético, como se suele pensar; solo el 40 % es genético y el 60% es no genético. Hoy sabemos que los estados emocionales de la persona afectan el material genético, la Epigenética (ciencia sólida, de peso) demuestra que los estados emocionales movilizan ciertas hormonas, moléculas de la emoción (como las llamó Candace Pert) que interactúan con las membranas de las células, tienen acceso al material genético y hacen que unos genes se queden dormidos y otros se despierten.

Esto tiene un gran impacto, pues hay algunos genes que es fabuloso que se despierten, relacionados con neurotransmisores que tienen que ver con la inteligencia, y  hay otros genes que es mejor que sigan dormidos.

Una vez que se ha descubierto la Epigenética,  ya tampoco podemos decir 40 % y 60%, es como decía Ortega y Gasset, “el ser humano no es un participio sino un gerundio”, no estamos hechos del todo, sino que nos vamos haciendo.

 

Lo primero que tenemos que entender, es que esto es un proceso y la pregunta es:

¿Realmente el cerebro puede cambiar?

Hoy sabemos que el cerebro es plástico, la neuroplasticidad tiene dos facetas:

 -  la conexión de nuevas neuronas y

-   la generación de nuevas neuronas a partir de células madre.

Podemos generar entre 500 y 1000 neuronas a partir de células madre al día, esto quiere decir que cuando  estamos buscando el lado positivo de la vida, sin negar que hay un lado muy duro, muy doloroso y desfavorable, estamos cambiando la estructura física del proceso.

Tengamos en cuenta que las células madre, tienen que viajar un milímetro hasta el hipocampo y ahí en veintiún días se han convertido en nuevas neuronas. Estas nuevas neuronas de la memoria y el aprendizaje, reestructuran toda nuestra personalidad porque tienen conexiones a la corteza cerebral.

Esto quiere decir que en el fondo, estamos reinventando nuestro cerebro y va pasando el tiempo y si nos mantenemos, si seguimos aunque tengamos caídas y lo volvemos a tomar, aunque nos parezca una tontería, llega un momento en que el cerebro realmente, físicamente cambia y de manera natural, empiezas a ver con especial facilidad aquello de la vida que si está bien, con lo cual, tu forma de relacionarte con la vida es radicalmente distinta, porque te relacionas con más ilusión, con más alegría, no niegas el problema, pero das más peso a la oportunidad.

 

Ante algún desafío, por duro que sea, el cerebro tiene dos modos de operar:

- supervivencia o

- adaptación

Si se queda en modo supervivencia; es luchar, huir o bloquearse.

El problema puede ser real (estoy sin trabajo) pero el mayor problema, es el diálogo interno que la persona tiene ante esa situación, “no hay salida, no puedo, no hay manera de salir de esta situación”, ese diálogo tiene la capacidad de bloquear el cerebro, se ha podido fotografiar el impacto con resonancia funcional magnética.

La forma en que valoremos una cosa afecta tremendamente al potencial, a los recursos que podamos aflorar.

Si lo que está ocurriendo lo valoramos como algo que no podemos afrontar porque es muy complicado, o pensamos que son los demás lo que lo tienen que resolver, no vamos a sacar nuestro potencial.

Somos absolutamente capaces de salir de la situación difícil, siempre que tengamos un cambio en la actitud, sensación de responsabilidad; yo no lo puedo hacer todo, al menos puedo hacer algo, me voy a dedicar a hacer aquello que pueda hacer, se trata de generar muchas más conversaciones que crean valor; tú qué es lo que sientes, qué necesitas, qué podemos hacer juntos, en lugar de dedicarnos a cambiar cosas que a lo mejor están tan alejadas de nosotros, que ahí perdemos toda nuestra energía, nuestra  fuerza, nuestra vitalidad. 

Se trata de invertir bien la energía, donde va nuestro foco, va nuestra energía, van nuestras emociones y vamos nosotros.




martes, 18 de noviembre de 2025

Comprender y regular la respuesta al estrés desde la Teoría Polivagal

 

La teoría polivagal, es un modelo explicativo que describe de manera concluyente la estructura, las propiedades y el funcionamiento del Sistema Nervioso Autónomo (SNA).

Desde el comienzo, como seres humanos, hemos estado buscando constantemente un entorno de vida seguro, así como relaciones en las que poder confiar.

El Sistema Nervioso Autónomo, es decir, involuntario, es la parte más importante de nuestro organismo. Tal y como indica la palabra “autónomo”, actúa sin nuestra voluntad, sin nuestra intervención activa o control consciente, y pasa desapercibido, en gran medida.

Trabaja sin descanso, día y noche e independientemente de nuestra actividad, para mantenernos a salvo.

Para esto, el sistema nervioso puede recurrir a tres posibles patrones de reacción autónoma, que se sitúan jerárquicamente y sus funciones reflejan la historia evolutiva del cerebro.


1- El primer sistema muy antiguo es llamado Vago Dorsal. Diseñado como un sistema de ahorro de energía que se manifiesta mediante el patrón de shock o simulación de muerte y busca la supervivencia en las situaciones más extremas.

En todo recién nacido, esta parte, ya está completamente desarrollada y funcional.


2- El sistema que le sigue en jerarquía, es el Sistema Simpático, más joven en términos evolutivos, capaz de movilizar fuerza para superar situaciones de emergencia y desencadenar nuestro comportamiento de lucha o huida.


3- El tercero en términos de historia evolutiva, es el Vago Ventral, es el más joven de los tres, está detrás de la capacidad de comunicarnos, de resolver problemas a través de la comunicación y de vivir en conexión o elegir conscientemente apartarnos.


Dependiendo de la maduración del sistema nervioso del niño, la madre asumirá temporalmente este papel regulador hasta que el niño aprenda a hacerlo por sí mismo.


Conocer el funcionamiento autónomo de nuestro cuerpo a través de los tres sistemas mencionados, es muy valioso a la hora de comprender las reacciones generales del estrés y el comportamiento humano, pero también para curar los traumas y los trastornos resultantes.

Estas conexiones y el conocimiento de ellas, también son esenciales para la interacción comunicativa básica y por lo tanto, para una vida social regulada.

Por eso no son solo de interés para aquellas personas afectadas por un trauma.

El hecho de que la teoría esté ganando progresivamente aceptación en todo el mundo, no es casualidad sino más bien, consecuencia de su correcto enfoque y del éxito de los métodos basados en ella, para mejorar la comunicación y la curación de los traumas; y también para diversas enfermedades que no se atribuirían fácilmente a

un evento traumático, como los frecuentes y variados dolores mencionados, entre ellos, dolores de cabeza, de espalda, de las articulaciones, enfermedades internas y ortopédicas como hipertensión arterial, trastornos gastrointestinales, inflamación, artrosis, síndromes complejos como la fatiga crónica, las migrañas, la fibromialgia, las alergias, síndrome de burnout, etc.


La teoría polivagal fue mencionada por primera vez en 1994 por su fundador, profesor de psiquiatría Stephen W. Porges (científico), el mismo se sorprendió del éxito de su enfoque entre los médicos, en especial en traumatología.

Por fin se podían explicar de manera concluyente, qué reacciones físicas adaptativas ocurren después del trauma.

La búsqueda constante de seguridad y supervivencia, se hizo evidente como una meta justificada en la vida de todos los seres vivos.

Antes de desarrollar esta teoría, se suponía que nuestro Sistema Nervioso Autónomo, estaba formado por el Simpático y su opuesto el Parasimpático.

Una gran parte del Sistema Parasimpático, consiste en el Nervio Vago.


Porges descubrió que no solo hay un nervio vago, sino un sistema de reacción Autónomo Ventral, es decir, Anterior y otro Dorsal, es decir posterior.

Aunque ambos se consideran Sistemas Parasimpáticos, es decir, calmantes, tranquilizadores, sus funciones no podrían ser más diferentes.

La rama anterior del Nervio Vago, nos mantiene conectados y con una energía vital sana, mientras que la Posterior, desencadena estados de shock y desmayo y por lo tanto, procesa situaciones que suponen una amenaza para la vida.

La separación y el retraimiento, son características de patrón de respuesta del Vago Posterior.


El término Polivagal, está compuesto por poly (del griego): muchos, más de uno, vagal (del latin); vagar.

Nervius vagus: significa “nervio errante”.


¿Quieres aprender más sobre este tema y aprender a autorregularte siendo consciente el sistema que se activa en cada momento en ti?


Curso online EL NERVIO VAGO. TEORÍA POLIVAGAL Y ESTRÉS.

Telf. WhatsApp info. 653-936-074

juani593@hotmail.com


lunes, 17 de noviembre de 2025

Mecanismo neurológico del dolor crónico

 

Las rutas pueden comenzar debido a una lesión o evento estresante que produce emociones fuertes en la amígdala.

Una vez comienza el dolor, los nervios que envían señales de dolor al cerebro, se vuelven sensibles con el tiempo y siguen enviando señales, incluso cuando no hay daño en el tejido de la zona donde se siente el dolor.

Estas señales van a la amígdala y luego se amplifican por las emociones conscientes y subconscientes, que desencadenan la activación del córtex cingulado anterior.

El sistema nervioso autónomo, activa el mecanismo de lucha, huida, parálisis o hacerse el muerto, el cual produce la activación de los nervios, la tensión muscular, el espasmo gastro-intestinal y/o la activación del sistema cardio-vascular y del sistema genito-urinario, lo cual no hace otra cosa que empeorar los síntomas físicos.

Estas vías, se ven reforzadas con el tiempo, y esto crea un círculo vicioso de dolor y aumento de las respuestas emocionales.

Una variedad de desencadenantes (como ciertos movimientos o posiciones físicas, lugares, cambios de clima, alimentos o situaciones) pueden actuar como respuestas condicionadas y se suman a las vías neurológicas que perpetúan el dolor.

En la porción consciente del cerebro, la zona del córtex dorsolateral prefrontal puede actuar para disminuir y romper el ciclo, anulando así la actividad del sistema nervioso autónomo y desactivando el córtex cingulado anterior.

Es el cerebro el que controla si se produce dolor y en qué intensidad; ejemplo, un trabajador de la construcción, cayó de un andamio y fue a parar de pie sobre un clavo que se encontraba al descubierto y que atravesó su bota de trabajo. Inmediatamente el trabajador empezó a gritar de dolor y le dieron sedantes y medicamentos para calmarlo, cuando los médicos retiraron la bota, descubrieron que el clavo estaba alojado entre dos de los dedos del pie y que no le había causado ninguna lesión. Es el cerebro el que controla si se produce el dolor y en qué intensidad, mientras que la característica de la lesión física (real o no) era un factor secundario.

Nuestro cerebro está diseñado para alertarnos del peligro.

Cuando se activan las vías del dolor en el cerebro, sentimos dolor, cuando tenemos un susto repentino, sentimos miedo. En ambas situaciones nuestro cerebro trata de alertarnos del peligro físico o emocional para protegernos de las amenazas a nuestra salud y bienestar.

Nos está diciendo que busquemos ayuda, que prestemos atención o que nos despertemos.

En el caso del dolor, ansiedad o la depresión, el cerebro nos hace saber que estamos amenazados por algún tipo de peligro, activando vías neuronales muy poderosas.

El cerebro, en particular la amígdala, es la puede estar interpretando el acto (aunque se trate de una compra de una casa, por ejemplo, que produce ansiedad) como si estuviera escapando de un edificio en llamas.

Nuestro trabajo, es aprender a reconocer estos síntomas como señales primitivas de advertencias.

Cuando oímos la alarma de incendio, estamos agradecidos de que nos haya alertado del peligro, sin embargo, si se trata de una falsa alarma y no hay fuego a la vista, simplemente apagamos el dispositivo y lo reiniciamos.

Es importante comprender que no hay un peligro físico real, agradecer al cerebro por alertarnos, investigar nuestras vidas para encontrar la fuente del mensaje que nuestro cerebro está enviando y apagar la alarma.



Afortunadamente, el córtex dorsolateral prefrontal y otras áreas que están en la parte consciente del cerebro (en el lóbulo frontal), pueden revertir el círculo vicioso del dolor, controlando las rutas del subconsciente que lo producen.

El córtex dorsolateral prefrontal es tan poderoso, que puede eliminar las experiencias dolorosas.

Cuando se activa el córtex dorsolateral prefrontal, el córtex cingulado anterior (la zona que exacerba el dolor) se desactiva automáticamente, con lo que se reduce aún más el dolor.

Disminuir la actividad del córtex cingulado anterior y del sistema nervioso autónomo, mediante el aumento de la actividad del córtex dorsolateral prefrontal; extinguir los desencadenantes que perpetúan el dolor y disminuir las respuestas emocionales de la amígdala; todo ello, interrumpe el círculo vicioso del dolor, como otros síntomas que se corresponden a los trastornos cuerpo/mente.

Los procesos que llevan a cabo unos hiperactivos Sistema nervioso autónomo y córtex cingulado anterior, producen unos espasmos y tensión muscular excesiva (desencadenados por una gran variedad de actividades, sustancias químicas y situaciones) y son la causa de la mayoría de dolores de cuello, dolores de espalda, cefaleas tensionales, migrañas, espasmos y molestias intestinales, espasmos de vejiga, dolores corporales extensivos (fibromialgia), y muchas otras condiciones crónicas.

Cuando se tienen algunos de estos síntomas y las pruebas convencionales no identifican ninguna patología médica, estas son buenas noticias, pues no se trata de una enfermedad o patología, sino un síndrome cuerpo/mente y esto, tiene fácil solución:

Es averiguar qué procesos físicos y psicológicos, han contribuido a crear y perpetuar los síntomas y luego, trabajar en la reprogramación del cerebro con el fin de extinguir el círculo vicioso neurológico en el que te encuentras atrapado.

Reconfigurar tu cerebro y desaprender tu dolor.



www.centroelim.org







lunes, 10 de noviembre de 2025

La curiosidad: antídoto del cerebro contra el miedo


La neurociencia nos informa –y confirma lo que los grandes pensadores siempre han sabido – que la curiosidad es el antídoto del cerebro contra el miedo.

Cuando la curiosidad se activa, el cerebro literalmente apaga el circuito de evitación e ilumina las regiones relacionadas con el aprendizaje, la creatividad y el coraje.
En lugar de retirarse a lo desconocido, empieza a explorarlo.

A través de estudios que utilizan la "imágenes cerebrales" han demostrado que la curiosidad estimula el sistema de recompensas dopaminérgicas, la misma red responsable de la motivación y el placer.
A medida que la dopamina aumenta, la ansiedad disminuye, y la corteza prefrontal, la parte del cerebro que toma decisiones racionales, toma el control de centros emocionales como la amigdalaria.
Esta transición convierte el miedo en fascinación.

En momentos de incertidumbre, la curiosidad actúa como un contrapeso biológico al estrés.
Le dice al cerebro: "Esto es seguro de explorar. "
He aquí por qué la gente que se mantiene curiosa durante los desafíos a menudo experimenta menos ansiedad y se recuperan más rápido de los contratiempos.

La curiosidad ayuda al cerebro a "reenmarcar" el peligro en descubrimiento, convirtiendo la confusión en crecimiento.
¿La parte más poderosa?
Puede ser entrenada.

Hacer preguntas, probar nuevas experiencias o incluso aprender temas desconocidos fortalece gradualmente los circuitos neurales de la exploración.
Con el tiempo, estas redes superan los patrones de evitación, creando resistencia y adaptabilidad tanto en la mente como en el cuerpo.
La curiosidad no elimina el miedo, lo transforma.

Al elegir mantenerse curioso, no ignoras la incertidumbre; enseñas a tu cerebro a encontrar significado dentro de ella.
Así es como aprender se convierte en coraje, y la maravilla se convierte en fuerza.

Salud Cerebro y Neurociencia

Ciencia de la Mente  Argentina




lunes, 3 de noviembre de 2025

¿Sanación o curación?

 

La sanación es un proceso que va más allá de la curación del cuerpo físico. Se trata de un proceso emocional, mental y espiritual muy poderoso que nos acerca a quienes somos realmente y a nuestro propósito en este mundo.

Sanar es regresar a nuestro estado de integridad.

La experiencia nos demuestra que la sanación es accesible para todos los seres humanos, mientras que la curación no necesariamente lo es.

Hay personas que sanan y se curan. Son los pacientes extraordinarios. Hay personas cuyo cuerpo no se cura y sin embargo, parten como triunfadores, habiéndole dado verdadero sentido a su existencia al sanar la totalidad de su ser.

La sanación es un proceso que nos acerca a Dios, a la conectividad o como se elija llamar a aquello que nos trasciende, capaz de trasformar nuestras vidas y la de nuestros familiares.

La mayoría, educados en la tradición de la ciencia médica occidental, tendemos a considera la enfermedad como una especie de falla mecánica del cuerpo que requiere de “un mecánico debajo del capó” para reconectar los cables y reemplazar las piezas. A eso le llamamos curación.

En cambio la sanación, es una cuestión de significado, no de mecánica: es una respuesta integral que busca entender la experiencia de una enfermedad como parte esencial de la vida. Según este enfoque, quien sana no es el paciente, sino la persona.

El corazón de la sanación radica en atender los diferentes aspectos del ser de una persona: físico, psicológico, espiritual, las relaciones, su entorno y las interrelaciones entre todos ellos.

Cada uno es importante y ninguno puede ser ignorado.

Si abordamos todos los aspectos, podemos optimizar los recursos de curación y autocuración disponibles, para que el programa médico sea más efectivo.

Se trata de trabajar para que el paciente se torne resiliente, es decir, que adquiera plasticidad biológica y biopsicosocial ante cualquier adversidad para salir fortalecido de ella.

No es un fracaso que alguien muera, pues hacia eso vamos todos, se trata de vivir intensamente hasta que llegue el momento de morir.

No existe en la naturaleza ninguna regla fija que se aplique a todo del mismo modo, la variedad es la esencia misma de la naturaleza, la media es una abstracción, un “ley” que la mente humana trata de imponer a la variada profusión de casos individuales. Para Stephen Jay Gould (catedrático de zoología en la Universidad de Harvard y especialista en teoría de la evolución, considera como el segundo Darwin, con 40 años padecía mesotelioma peritoneal, un cáncer grave y poco común, atribuido al contacto con el amianto), el individuo, distinto del resto, la cuestión era qué lugar ocupaba el en el espectro de variaciones existente, por encima y por debajo de la media.

Le dieron una media de supervivencia de 8 meses, lo que significaba que la mitad de los enfermos vivía menos de 8 meses; por lo que la otra mitad vivía más de 8 meses. A cuál de las dos mitades pertenecía el? No fumaba, tenía buena salud hasta ese momento, y tenía a su alcance el mejor tratamiento posible, concluyó que tenía motivos para considerarse dentro de las mejores perspectivas de supervivencia. Encontró información sobre la curva de supervivencia y se alargaba varios años más, una pequeña cantidad de personas vivían con esa enfermedad, pensó que él podía estar entre ellas.

También contaba con que esa curva de supervivencia se refería a personas tratadas entre 10 y 20 años antes, o sea que se beneficiaron con tratamientos de ese entonces y era una época donde la investigación aún no estaba tan avanzada. Si las circunstancias cambian, también lo hace la curva de supervivencia. Gould murió 20 años después, murió con cáncer, pero no de cáncer. Le dió tiempo a recorrer una de las carreras científicas más admirables de su época. Dos meses antes de morir, pudo ver publicada su obra magna: la estructura de la teoría de la evolución.



Uno de los primeros estudios que reflejó el fenómeno de las remisiones espontáneas en enfermedades consideradas incurables fue Spontaneous Remission: An Annoteated Bibliography, publicado en 1993. Este trabajo recopiló centenares de casos debidamente documentados que demuestran la extraordinaria capacidad del organismo para responder, incluso en situaciones en las que los médicos afirmaban que no había más alternativas. Más actual, en su conferencia “Una medicina de esperanza y posibilidad”, el doctor Jeffrey Rediger compartió profundas reflexiones sobre el fenómeno de las remisiones espontáneas y desafió las percepciones tradicionales de la medicina.

Estas son sus conclusiones principales:

1. No hay nada espontáneo en la remisión espontánea: según el doctor Rediger cada caso estudiado de remisión ha estado acompañado de un cambio radical en la percepción que las personas tienen de sí mismas y de mundo que las rodea.

2. El misterio de la interfaz cuerpo-mente-alma: esta conexión profunda podría ser uno de los enigmas más significativos de nuestra era, con un gran potencial transformador para la medicina y la salud.

3. La necesidad de una plataforma científica para historias de remisión: estas historias respaldadas por la evidencia, tienen el poder de inspirar a las personas. La inspiración no solo impulsa a superar barreras, sino que también motiva a otros a hacer lo mismo. Debemos construir una ciencia de la salud, no solo la ciencia de la enfermedad.


Estas ideas marcan el inicio de una era en la que la medicina podría trascender su enfoque tradicional para abarcar la complejidad y el potencial del ser humano en su totalidad.




Los pacientes excepcionales:

1- Aceptan su diagnóstico, pero no se convierten en sus víctimas.

2- Pueden responder con alegría a pesar de lo que les está pasando.

3- Pueden expresar libremente sus emociones sin sentirse juzgados, criticados o contrariados.

4- Tienen una familia que forma parte de la medicina y no de la enfermedad.

5- A pesar de los pronósticos adversos, creen y sienten que pueden recuperarse.

6- Utilizan sus creencias y sus imágenes como recurso terapéutico.

7- Descubren un sentido, un para qué a la experiencia que les toca vivir.

8- Se tornan resilientes y salen fortalecidos de la adversidad.

9- Utilizan técnicas de bienestar, como la relajación y la meditación.

10- Tienen un propósito en la vida, algo que va más allá del ejercicio de sus roles o su profesión.

En definitiva, quieren vivir, que es muy diferente a no querer morir. Hacen todo lo posible por vivir con intensidad, sin dejar de aceptar la transitoriedad de la vida.

Mover el potencial interno, te saca de las estadísticas, prolonga la supervivencia y aporta más vida a la vida.


S.M.Maruso



domingo, 2 de noviembre de 2025

Pensamientos, emociones y el dolor


Los pensamientos y el dolor.

Muchas investigaciones, han demostrado cómo el cerebro controla realmente el dolor.

Todo dolor tiene componentes sensoriales, cognitivos y afectivos (Wager et al., 2004).

El componente sensorial incluye descripciones de cómo se siente el dolor: presión, ardor, punzadas, entumecimiento...

El componente cognitivo es lo que se piensa sobre el dolor: cuál es la causa, si se cree que es temporal o permanente, controlable o superable o incurable…

El componente afectivo consiste en los sentimientos y emociones sobre el dolor: el miedo, la preocupación, la ira, el rencor, la tristeza, la culpa, la vergüenza...



Hay distintas zonas del sistema nervioso que procesan estos tres componentes del dolor (Melzack y Casey, 1968; Ploner et alm 1999; Vogt y Sikes, 2000; Ochsner et al, 2008).

Para eliminar el dolor crónico, es necesario abordar todos los tres componentes.

La forma en que las personas piensan sobre su dolor y los sentimientos que están relacionados con él, tienen un gran impacto en la gravedad del dolor.

El Dr. Lieberman y sus colegas (2004), realizaron un estudio en el cual las personas con síndrome de intestino irritable, fueron tratadas con una píldora de placebo. En los que respondieron con menos síntomas (menos dolor, menos diarrea o menos estreñimiento), encontraron que el córtex cingulado anterior, estaba inactivo, mientras que el córtex dorsolateral prefrontal, estaba activado.

Aquellos cuyos síntomas no disminuyeron, tuvieron la respuesta cerebral opuesta: un córtex cingulado anterior activado y un córtex dorsolateral prefrontal inactivo.

O sea que, lo que pensamos sobre nuestra dolencia, los componentes cognitivos de nuestro dolor, afecta la forma en que nuestro cerebro controla el dolor.



En un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (Waber et al, 2008), un grupo de investigadores, evaluó las respuestas de dolor de unos voluntarios con un brazalete que daba niveles graduales de descargas eléctricas. A todos los participantes se les dio primero una píldora que, según se les dijo, era un nuevo medicamento similar a la codeína, pero de acción más rápida.

A la mitad de los sujetos, se les dijo que costaba alrededor de 2,50 dólares por píldora, mientras que a los demás, se les dijo que cada píldora costaba 10 centavos. Aunque todas las píldoras eran placebos, los que recibieron las píldoras más caras, sintieron mucho menos dolor por las descargas del brazalete, que los que recibieron las píldoras supuestamente más baratas.



En un estudio de investigación de personas con dolor crónico en las manos debido a un trastorno síndrome de dolor regional complejo (o distrofia simpática refleja) se le mostraron a los sujetos, imágenes de manos en diferentes posiciones. Se les pidió que se imaginaran a ellos mismos en esas posiciones. Los resultados demostraron que habían aumentado el dolor y la hinchazón de las manos, simplemente por imaginar que las movían (Moseley et al., 2008).

Estos estudios, demuestran que según qué pensamos sobre el dolor, puede tener un gran impacto en la forma en que realmente sentimos el dolor. Muchos estudios también muestran cómo las emociones, afectan la forma en que experimentamos el dolor.



Las emociones y el dolor

Varios estudios demuestran la relación entre las emociones y el dolor.

Más de un tercio de las personas con fibromialgia o con síndrome del intestino irritable, tienen altas tasas de trastorno de estrés postraumático (Amir et al, 1997, Sherman et al, 2000).

Un estudio sobre un grupo de veteranos militares con trastorno de estrés postraumático, demostró que el 80 % de ellos tenía dolor crónico (Beckham, 1997).

En un estudio con personas con trastorno obsesivo compulsivo, las situaciones desencadenantes de sus síntomas, se asociaron con un córtex cingulado anterior activado en el cerebro (Fitzgerald et al, 2005).

John Burns (2006), estudió los umbrales de dolor en las personas con dolor lumbar crónico. Descubrió que cuando recordaban un momento que les había hecho enojar, habían aumentado la activación de los músculos de la espalda baja y experimentaban más dolor, pero no mostraban aumentos en la frecuencia cardiaca o de la presión sanguínea y no tenían activación en grupos musculares relacionados con las zonas de dolor, lo que demuestra que sus cuerpos reaccionaban a la ira/rabia/furia, en una zona muy específica.

En otro estudio, se puso a los voluntarios en una situación que creaba ansiedad o ira y luego, se les instruyó para que expresaran sus sentimientos desinhibidamente, trataran luego de inhibirlos o trataran de no mostrar ningún sentimiento. Luego colocaron las manos de los afectados en agua helada: los que recibieron instrucciones de no sentir, ni mostrar ansiedad o ira, tuvieron menos tolerancia al dolor (Quartana y Burns, 2007).

Por último, a los pacientes con dolor de espalda baja, se les instruyó que suprimieran la ira/rabia/furia, a otros que no la suprimieran, durante un estresante experimento de laboratorio. Los que recibieron instrucciones de suprimir sus emociones, informaron de más dolor, tanto durante, como después del experimento (Burns et al, 2008).


En conjunto, estos estudios muestran que tanto la ansiedad, como la ira/rabia/furia, pueden causar un umbral de dolor más bajo y pueden aumentar la tensión muscular.

La supresión de las emociones, lleva a niveles de dolor aún más altos.

Los estudios de imágenes cerebrales, también han revelado la fuerte relación entre las emociones y el dolor. Por ejemplo, Eisenberger y sus colegas (2003 y 2006) han demostrado que cuando se pone a personas en una situación experimental, en la cual son excluidas o rechazadas por otros, el córtex cingulado anterior se activa y la sensibilidad al dolor aumenta.

El córtex cingulado anterior, también se activa por el miedo y la preocupación, al igual que la amígdala y todo el SNA (Fitzgerald et al, 2005; Das et al, 2005)

Ethan Kross y sus colegas realizaron exploraciones cerebrales separadas en adultos jóvenes a quienes se les indujo un leve dolor físico y también les mostraron una imagen de una ex amante que había roto con ellos en los últimos seis meses (Kross et al, 2011). No es sorprendente que las mismas zonas del cerebro, se activaran por una lesión física y una herida emocional.

Tanto el dolor físico, como el dolor emocional, son manejados de la misma manera en el cerebro y ambos puedan ser causa de un dolor real.

Cuando se desarrolla el dolor, si no estamos seguros de por qué ha aparecido y nuestros médicos se muestran incapaces de explicarlo o de hacerlo desaparecer, la mayoría de la gente comienza a preocuparse por tal dolor y a temer que se convierta en un problema constante.

Estas emociones, consiguen entonces que las vías del dolor en el cerebro, se vean reforzadas, lo cual por supuesto, tiende a exacerbar el dolor (Bailey et al, 2009)


Aprende más:






sábado, 25 de octubre de 2025

Las dos caras de la realidad


Cuando nos distanciamos un poco de la actividad febril de la vida cotidiana, vemos que la realidad presenta dos aspectos básicos, que hay dos caras en nuestra existencia. 
Por un lado, tenemos la cara visible, la del mundo físico y material. Si alzamos los brazos, veremos su movimiento. Si tomamos una rosa, podremos oler su fragancia o sentir la suavidad de sus pétalos. Todo esto pertenece a la faceta o vertiente espacial del mundo físico. Pero es igualmente real la vertiente de la realidad que corresponde al aspecto experiencial: la sensación subjetiva del color rojo de la rosa, las sensaciones olfativas de su fragancia en nuestra experiencia interior, el recuerdo de otras flores que hemos visto en nuestra vida.

También podemos observar la mirada o la expresión facial de otra persona e intuir cómo debe ser su mundo interior. Recibimos esta información por medio de los cinco sentidos, pero esta experiencia del mundo exterior siempre viene acompañada de sensaciones subjetivas (lo mismo sucede con el sexto sentido con el que percibimos nuestro cuerpo).

Sin embargo, nadie sabe cómo surge la experiencia subjetiva de ver la rosa a partir del hecho físico de la activación neuronal. Nadie sabe por qué al ver una persona que llora sentimos que está triste. Y nadie sabe por qué una experiencia subjetiva como pensar en una rosa hace que se activen en el cerebro unos circuitos concretos. Basándose en esto, hay quien dice que intentar relacionar el mundo físico con el mundo subjetivo es un empeño inútil. E incluso hay quien afirma que es perjudicial, que tratar de relacionar el mundo de la ciencia con el de la subjetividad resta importancia a nuestra vida interior. Pero si se hace con humildad y espíritu abierto, relacionar el mundo objetivo físico con el mundo subjetivo interior puede ser muy positivo. Podemos percibir nuestro mar interior, que es distinto del mundo espacial y físico del cuerpo y de otros objetos.

Cuando somos conscientes de la rosa que percibimos en el mundo sensorial, y de las imágenes y emociones que la palabra rosa suscita en nuestra experiencia en el tiempo, podemos decir que estamos sintiendo ciertas pautas de activación cerebral. Pero ¿quiere decir esto que la sensación de la rosa no es más que la consecuencia de los impulsos eléctricos y las conexiones sinápticas que se activan en el cerebro? ¿O quiere decir que las dos están correlacionadas, que sabemos, por lo que nos dice la ciencia, que cuando tenemos la sensación subjetiva de ver la rosa se está activando la corteza occipital?

Para considerar esta cuestión desde una perspectiva diferente será útil aclarar previamente algunos conceptos básicos.

La vertiente experiencial y subjetiva de la realidad no es objetiva en el sentido de que no la podemos pesar ni sujetarla con la mano; tampoco podemos captar su naturaleza con una cámara, ni siquiera con un escáner cerebral. Este mundo interior, esta esencia subjetiva de nuestra vida mental, no es lo mismo que la actividad cerebral.

Podemos establecer que, cuando sentimos miedo, el escáner cerebral revela que se ha activado una región del cerebro llamada amígdala. Pero, en el fondo, solo podemos decir que la activación física y la experiencia subjetiva tienen lugar al mismo tiempo: la activación de la amígdala no es lo mismo que la sensación de miedo.

Debemos contemplar la dirección de las influencias causales con una mente abierta: podríamos decir que la activación de la amígdala «causa» la sensación de miedo, pero resulta que imaginar que sentimos miedo puede hacer que la amígdala se active.

¿Cómo conciliar esta influencia bidireccional entre la mente (la subjetividad y la cara mental e interna de la realidad) y el cerebro (el aspecto físico y objetivo de esa misma realidad)?

La experiencia subjetiva no existe en un lugar físico, pero sí que tiene lugar en el tiempo. Pensemos en qué lugar del espacio se sitúan la sensación de miedo o la sensación que suscita la fragancia de la rosa. ¿Qué sientes ahora mismo? ¿Qué imágenes aparecen en tu mente?

Aunque no puedas cuantificar las dimensiones espaciales de altura, anchura y profundidad de esa sensación o esa imagen, ya que no podemos medir con una regla una imagen que surge en la mente, sabes que tu experiencia es real en este momento. Pero ¿en qué punto del espacio se sitúa?

Si dices «En mi cerebro», estará equiparando la activación neural con la experiencia mental. La verdad de la cara experiencial y subjetiva de la realidad es que coexiste en el tiempo con la cara material y «objetiva» de la misma realidad (que sí existe en el espacio y presenta unas dimensiones físicas mensurables).

Lo que tienen en común estas dos caras de la misma realidad es el tiempo. Podemos sentir amor al mismo tiempo que se activan, en nuestro cerebro, unos circuitos neurales concretos. Y lo que tienen estos dos hechos en común es que «coocurren» en el tiempo: por eso decimos que están correlacionados. Sin embargo, si nos preguntamos cuál de los dos se ha dado primero, no encontraremos ninguna respuesta.

Si la respuesta a la cuestión del cerebro y la mente fuera unidireccional, si la mente no fuera más que la actividad del cerebro, no habría mucho más que decir. El cerebro se ocuparía de todo y seríamos sus esclavos.

Sin embargo, la ciencia actual nos dice que la mente es capaz de activar circuitos cerebrales y modificar las conexiones estructurales del cerebro.

En otras palabras, podemos utilizar el aspecto interior subjetivo de la realidad para cambiar la estructura física objetiva del cerebro.

Esta cuestión no es una simple discusión académica sobre temas intelectuales.

Si podemos despertar la mente para impulsar el crecimiento del cerebro en una determinada dirección, podemos construir los circuitos neurales de la entereza y la compasión. 
Podemos usar la mente para transformar nuestro cerebro y nuestra vida. 
No está mal para una mente que la vida moderna suele dejar de lado y que la educación de hoy acostumbra a ignorar.

Dr. Daniel Sigel