miércoles, 18 de febrero de 2026

Actitud ante la enfermedad


Cuando a una persona le dicen que padece una enfermedad, cuando acepta el momento presente y se reconcilia con la realidad, es decir, cuando asume que ésa es la situación, entonces puede deshacerse de cargas enteras de miedo, angustia, ira, frustración y desesperanza.

Quedar atrapado en un estado de ánimo de angustia y de desesperanza, es el peor posicionamiento que podemos adoptar para superar una enfermedad.
Las personas que se quedan encerradas durante semanas y meses en la pregunta constante de «¿por qué a mí?», sin ser conscientes de ello, generan una enorme tensión interna que se asocia a un aumento de las cifras del cortisol en sangre.

El cortisol es una hormona que segregan las glándulas suprarrenales de manera fisiológica (glándulas que están situadas encima de los riñones), cuando los niveles de cortisol en sangre son los normales y se siguen los ritmos circadianos, no surge problema alguno. Cuando nos apresan estados de ánimo como la ira, el miedo o la desesperanza, se elevan los niveles de cortisol y ello entorpece el funcionamiento del sistema inmunitario, que es el que nos protege frente a bacterias, virus y tumores.

La pregunta «¿por qué a mí?», para empezar, no tiene respuesta y, además, no genera nada valioso.
Sabemos que el cuerpo responde de una manera completamente diferente si las preguntas que nos hacemos son otras, como «¿qué es lo que puedo hacer para superar esto?» o «¿qué puede haber de positivo en lo que me está ocurriendo?».

No sólo es que los estados de ánimo que facilitan este tipo de preguntas no elevan los niveles de cortisol, sino que, además, si insistimos en la pregunta, nuestro sistema reticular activador ascendente (SRAA) nos mostrará algo, tal vez un camino de lucha y recuperación.


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