jueves, 26 de febrero de 2026

Entrenar la mente desde el Mindfulness


La mente es como un músculo, su tendencia es a la dispersión, como un mono que salta de rama en rama. Según algunos investigadores, la divagación de la mente ocupa un 47% del tiempo que pasamos despiertos (Killingsworth y Gilbert), otros calculan que la mente produce entre doce mil y setenta mil pensamientos al dia. 
Los estudios actuales, sugieren que la divagación mental es el modo de funcionamiento por defecto de nuestro cerebro (Hasenkamp). De modo que no se trata de tu mente, sino que es la naturaleza de la mente.
Acepta la divagación mental como parte del proceso de la meditación, del entrenamiento, en vez de combatirla como algo pernicioso que deba quedar fuera de la habitación cuando meditas.

Trabajar con la respiración es el método más universal para la regulación de las emociones.
La atención es como un músculo, que se puede entrenar.
Nos enorgullecemos a veces por la cantidad de tareas que hacemos al mismo tiempo…, sin embargo, recientemente, estudios científicos sugieren lo que los maestros de meditación saben hace miles de años y es que la multitarea es un mito, solo podemos prestar atención de verdad a una cosa a la vez (Wang y Tcherbew, 2012).

Prestar atención debería ser como respirar: algo natural, no forzado y que no requiere ningún esfuerzo. Pero dirigir la atención a donde queremos que vaya, y mantenerla ahí el tiempo que deseemos, no es tan fácil, y es que no nos han enseñado a prestar atención, ni siquiera nos lo han explicado.

El psicólogo y filósofo William James, define la atención así: la toma de posesión por parte de la mente, de forma clara y vivida, de uno de los varios objetos o líneas de pensamiento que parecen posibles simultáneamente. La focalización, la concentración y la conciencia forman parte de su esencia. Implica prescindir de unas cosas para ocuparse efectivamente de otras, y es una condición cuyo verdadero opuesto es el estado de confusión, aturdimiento y dispersión.
Dice James sobre la importancia de la atención en nuestra vida: la facultad de traer voluntariamente de vuelta la atención dispersa, una y otra vez, es la propia raíz del juicio, el carácter y la voluntad. 
Nadie es dueño de sí mismo si no la posee. La educación que mejorara esa facultad seria la educación por excelencia. Pero es más fácil definir ese ideal que dar orientaciones precisas para alcanzarlo.
Aquí es donde la práctica de la meditación, atención plena, aporta este entrenamiento.

La mejor forma de comenzar es centrando la atención en las sensaciones que la respiración produce en nuestro cuerpo. En el budismo, esta práctica es la primera de sus “cuatro fundamentos”, los otros tres son la atención plena de las sensaciones, de la mente y de los dharmas (factores mentales)


Hay varias razones para comenzar con la atención a la respiración:

1- Porque las sensaciones de la respiración son relativamente más tangibles y concretas que el resto de las sensaciones, los pensamientos y las emociones, lo cual facilita que se pueda utilizar como ancla para traer de vuelta la atención una y otra vez, además, al traer la atención a la respiración, la desviamos de la cabeza, permitiendo así el acceso a una perspectiva más física y experiencial.

2- La respiración está presente mientras estamos vivos, suele ser algo bastante neutro y que no provoca fuertes sentimientos de placer o de rechazo, lo cual hace más fácil estabilizar la mente.
Aunque sean más o menos sutiles, siempre hay sensaciones asociadas a la expansión de la inhalación y a la contracción de la exhalación.

3- La mayoría de las veces, respirar no requiere ningún esfuerzo.

4- La respiración tiende un sutil puente de integración y equilibrio entre diversos pares de opuestos: la actividad mental y los estados corporales, las funciones voluntarias e involuntarias del cuerpo y las ramas simpática (luchar o huir) y parasimpática (descansar y digerir) del sistema nervioso autónomo.

5- La respiración es la estrategia más simple, rápida y a menudo accesible para regular la emoción. Es obvio que la respiración se acelera y se hace más superficial ante emociones fuertes, como el miedo o la ira, y no hay duda de que dos o tres respiraciones profundas pueden ser útiles para navegar por un sentimiento intenso.
Sabemos lo que hay que hacer y sabemos que funciona, el problema radica en que es difícil acordarse de hacerlo, porque la mente y el cuerpo están preparados para perpetuar la emoción.

También puede ser que la simplicidad de la estrategia nos confunda y la rechacemos por ser demasiado obvia, o por no parecer lo suficientemente potente para afrontar el estado en que nos encontramos.
En cualquier estado, el Mindfulness de la respiración nos ayuda a ejercitar la atención y además, fortalece las vías neuronales que nos recordaran enfocarnos en la respiración, facilitando así el acceso a esta estrategia cuando nos sintamos descontrolados o atosigados.

La atención se entrena llevando la conciencia a la respiración cada vez que te des cuenta que la mente se ha puesto a divagar.
Cada vez que la mente se dispersa, se abre una nueva oportunidad de entrenar la atención.





Atención plena de la respiración. 
(ejercicio)

                                                       

Siéntate cómodo, sin hacer esfuerzo para mantenerte en esa postura durante todo el ejercicio. Mantén la espalda recta con los hombros relajados y el mentón leve inclinado hacia pecho.
Inhala profundo varias veces para relajarte y soltar cualquier tensión. 
Cierra suavemente los ojos o déjalos entreabiertos, como estés más cómodo.
Imagínate a ti mismo sentado. 
Observa tu postura como si te estuvieras viendo desde fuera. Deja a tu cuerpo y a tu mente tal como están.

Ahora presta atención a la respiración. Presta atención dónde la notes con más fuerza. 
Algunos la notan en la nariz, otros la perciben en el pecho que sube y baja, otras personas la sienten más en el abdomen, al expandirse el vientre con la inhalación y al retraerse con la exhalación.

Recorre mentalmente tu cuerpo y descubre dónde te es más fácil notar la respiración.
Ahora descubre cuándo notas la respiración con más fuerza – al exhalar, o al inhalar_. Si ambas son más o menos iguales, elige una de las dos.
Presta atención a la sensación de cada exhalación (suponiendo que has elegido la exhalación).
Siente el aire al salir por las fosas nasales cada vez que lo espiras. 
Al inhalar, simplemente descansa la atención y deja a la inhalación en paz mientras esperas. Luego vuelve a sentir la siguiente exhalación.

Deja que tu cuerpo respire – lo hace automáticamente_. Presta atención sólo a la sensación del aire en la nariz, cada vez que exhalas, una y otra vez.
Tu mente se distraerá de la respiración muchas veces por minuto.
No te preocupes por cuántas veces tu mente se distrae. Vuelve suavemente a la sensación en la nariz al exhalar, cada vez que notes que la atención se ha ido.

Luego de 15 min., continúa respirando sintiendo la tranquilidad lograda.


Notar la respiración, percibir como la mente se dispersa y traerla de nuevo con amabilidad, son componentes importantes para el entrenamiento de la atención.
Con la práctica de la atención plena y la conciencia de nuestras sensaciones corporales, recuperamos activamente el cuerpo como una dimensión preciosa de la vida (incluso durante una enfermedad grave), poco a poco sintonizándonos con nuestra experiencia y alejándonos de la objetivación y manipulación de nosotros mismos.

La atención es la capacidad de centrar la mente a voluntad en un determinado objeto. Se trata de una destreza fundamental necesaria para cualquier tipo de aprendizaje efectivo. La capacidad de prestar atención es esencial para el equilibrio emocional, porque da libertad de enfocar la mente de manera constructiva, en vez de estar constantemente distraído por estímulos aleatorios internos o externos.
M.Cullen/G.Brito



miércoles, 18 de febrero de 2026

Actitud ante la enfermedad


Cuando a una persona le dicen que padece una enfermedad, cuando acepta el momento presente y se reconcilia con la realidad, es decir, cuando asume que ésa es la situación, entonces puede deshacerse de cargas enteras de miedo, angustia, ira, frustración y desesperanza.

Quedar atrapado en un estado de ánimo de angustia y de desesperanza, es el peor posicionamiento que podemos adoptar para superar una enfermedad.
Las personas que se quedan encerradas durante semanas y meses en la pregunta constante de «¿por qué a mí?», sin ser conscientes de ello, generan una enorme tensión interna que se asocia a un aumento de las cifras del cortisol en sangre.

El cortisol es una hormona que segregan las glándulas suprarrenales de manera fisiológica (glándulas que están situadas encima de los riñones), cuando los niveles de cortisol en sangre son los normales y se siguen los ritmos circadianos, no surge problema alguno. Cuando nos apresan estados de ánimo como la ira, el miedo o la desesperanza, se elevan los niveles de cortisol y ello entorpece el funcionamiento del sistema inmunitario, que es el que nos protege frente a bacterias, virus y tumores.

La pregunta «¿por qué a mí?», para empezar, no tiene respuesta y, además, no genera nada valioso.
Sabemos que el cuerpo responde de una manera completamente diferente si las preguntas que nos hacemos son otras, como «¿qué es lo que puedo hacer para superar esto?» o «¿qué puede haber de positivo en lo que me está ocurriendo?».

No sólo es que los estados de ánimo que facilitan este tipo de preguntas no elevan los niveles de cortisol, sino que, además, si insistimos en la pregunta, nuestro sistema reticular activador ascendente (SRAA) nos mostrará algo, tal vez un camino de lucha y recuperación.


sábado, 7 de febrero de 2026

Dolor físico- dolor emocional y sufrimiento




Dolor físico:

Me lastimo un dedo con un martillo, se inflama y aumenta la percepción del estímulo doloroso en ese dedo, hay terminales nerviosos específicos para detectar el dolor, se llaman receptores nociceptivos. Esos estímulos dolorosos, viajarán por delgados filetes nerviosos que llegaran a la médula espinal y de ahí irán hacia el cerebro, hasta llevar esa información a la corteza cerebral, y hacerlo consciente.

El dolor es una información o un síntoma de un proceso que está sucediendo o en curso, en este caso el martillazo en el dedo. Luego lo interpretas mentalmente, según tu cuadro emocional y los procesos cognitivos que esa información dolorosa produce; aun tratándose de un dolor físico, también incluye una vivencia emocional.


Dolor emocional:

Si bien el dolor físico también puede tener un aspecto emocional como agregado, cualquier circunstancia que nos resulta emocionalmente dolorosa (una palabra hiriente, una ofensa, un menosprecio, un rechazo, un desengaño, una ruptura afectiva, frustración o cualquier circunstancia emocionalmente hiriente) produce dolor, en definitiva se trata de un verdadero trauma.

El componente emocional negativo que acompaña a cualquier circunstancia de estrés, va a tener una repercusión como lo tendría un estresor de orden físico; ocurre en cualquier situación estresante compleja o conflictiva: estrés laboral, postraumático, experiencias injustas, pobreza, indigencia, mirada despectiva del otro, etcétera.

Lo que ha demostrado la ciencia, es que las mismas áreas que se activan para el dolor físico, son las que se activan para el dolor emocional, y no solo se activan las áreas que se corresponden a la zona dañada del cuerpo (en caso de algo físico), sino también, otras áreas cerebrales como la corteza cingulada anterior y la corteza de la ínsula.
Estas dos zonas, son las que se activan tanto si el dolor es físico, como si es un dolor emocional, por lo cual el cerebro, no distingue demasiado entre el dolor físico y el dolor emocional... De ahí la importancia del trauma emocional producido por ejemplo, por el bullying, y otros, que dejan una secuela o cicatriz emocional.

Es importante que todo dolor sea procesado y atendido adecuadamente, no subestimarlo, ya que continuará trabajando en nuestra mente, nos solo en el plano de la conciencia, sino también en el inconsciente.
El dolor emocional es parte de la vida, conviene procesarlo y sacar el aprendizaje, nos invita a sentir, reflexionar y pensar.


Sufrimiento:

Cuando nos pasa algo desagradable, conviene comenzar por la aceptación, en vez de ¿por qué a mí? puedo plantearme, ¿y porque no a mí?
El sufrimiento es una condición plagada de emociones negativas, sostenidas en el tiempo, en sí mismo es inútil y una fuente constante de dolor. Es solo aprovechable, si nos permite dar un salto hacia adelante para fortalecernos; solo a través de un proceso consciente, podremos superarlo y convertirlo en aprendizaje.

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, dijo Buda, porque está bajo nuestra responsabilidad y albedrío superarlo.

El sufrimiento, se instala cuando no aceptamos los cambios, cuando le ofrecemos resistencia a los hechos que se nos presentan, cuando no nos adaptamos a las nuevas condiciones.

Como dice Selye:

El estrés es un síndrome general de adaptación. Nuestro cuerpo y mente buscan adaptarse a la condición que nos estresa.

Si no logramos la adaptación a la situación, irá más allá de los límites tolerables y se convertirá en estrés dañino, produciendo enfermedades de desadaptación.

Para salir del sufrimiento, no es la realidad la que ha de cambiar, sino nuestra forma de pararnos ante ella. El sufrimiento, nos indica que estamos procesando el mundo de modo incorrecto y en contra de nuestros intereses, conveniencia y bienestar.
Solo si le damos nuestro consentimiento, habrá sufrimiento.
La realidad es neutra, lo que interesa es cómo nosotros la procesamos.

Distingamos entre lo que podemos cambiar, lo cambiamos, pero cuando no está a nuestro alcance hacerlo, es mejor aceptarlo, que no quiere decir que me agrade, sino aceptar es decir “si” a lo que está aconteciendo, simplemente porque está sucediendo y luego ver qué es posible hacer con ello.

Quedarse enganchados en una realidad que ya no existe, cuando el sufrimiento nos conmueve, nos impedirá salir de él. Aceptar los vaivenes de la vida no es resignarse, que significa inacción. Aceptar es adaptarse activamente a las circunstancias; negar los cambios es no aceptar la impermanencia, que es lo único permanente que existe.
Hemos de tener flexibilidad mental para adaptarnos a los cambios.

www.centroelim.org

jueves, 5 de febrero de 2026

El paradigma de la medicina del futuro


 La Psiconeuroendocrinoinmunología (PNEI) será el paradigma de la medicina del futuro. Estudia la relación entre la psiquis, el sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino, y ofrece los conceptos y los componentes para cambiar la forma en que percibimos el mundo.


Los componentes de la PNEI, son los neurotransmisores, las hormonas y las citoquinas, que actúan como moléculas mensajeras llevando información entre los sistemas nervioso, endócrino e inmune.

Esta nueva rama de la ciencia, nos muestra que la mente y la actividad del cerebro, es la primera línea que tiene el cuerpo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte, y alinearse a favor de la salud y el bienestar.

Gracias a investigaciones recientes, no podemos negar la evidencia de las interacciones entre mente-cerebro-cuerpo, a nivel molecular, celular y del organismo, que pueden impactar sobre la salud y la calidad de vida de los individuos.

El Dr. Robert Ader, es considerado el padre de la PNEI, demostró que el sistema inmunológico podía condicionarse (1974), hasta ese momento, se creía que sólo el cerebro y el sistema nervioso central, podían responder a la experiencia y cambiar su forma de comportarse.

Si se puede condicionar el sistema inmunológico, es porque se encuentra bajo el control de nuestro sistema nervioso, y éste, bajo el control de los pensamientos, y esto es una revolución en la medicina. Hasta ese momento los científicos no veían una conexión entre el sistema nervioso y el inmunológico.

Muchos investigadores, han descubierto que los mensajeros químicos que operan más ampliamente en el cerebro y en el sistema inmunológico, son aquellos que resultan más densos en aquellas zonas nerviosas que regulan la emoción, o sea que las emociones afectan al sistema inmune, algunas de las pruebas más evidentes las ofrece el Dr. Felten, colega de Robert Ader; en su trabajo junto con su esposa y otros colegas, detectó el punto de encuentro en donde el sistema nervioso autónomo se comunica en forma directa con los linfocitos y los macrófagos (células del sistema inmunológico).

En la observación microscópica electrónica, descubrieron contactos semejantes a sinapsis, en los que las terminales nerviosas del sistema autónomo se apoyan directamente en las células inmunológicas.

Este contacto físico, permite que las células nerviosas liberen neurotransmisores para regular las células inmunológicas, estas envían y reciben señales. Nadie había imaginado que las células inmunológicas podían ser blanco de los mensajes enviados desde los nervios.


Cada vez son más los investigadores que reconocen

el papel de las emociones en la medicina.


La PNEI nos ayuda a entender mejor cómo se transforman las emociones en sustancias químicas, moléculas de información que influyen en el sistema inmunológico y en otros mecanismos de curación del cuerpo.




Algunos de los trabajos más interesantes en este campo, se deben a la doctora Candace Pert (ex Directora del Departamento de Bioquímica Cerebral del Instituto Nacional de Salud Mental de los EEUU).

Fue una de las primeras en estudiar los neuropéptidos, receptores de mensajes químicos que intervienen en la comunicación de las emociones.


Esta neurocientífica, descubrió los receptores opiáceos en las neuronas.

Esto demuestra una vez más la interconexión entre cuerpo y mente.


Estamos acostumbrados a ver sólo lo que entra en nuestro marco de creencias. La doctora Candace, nos habla de cómo muchas de las "curaciones milagrosas, o remisiones espontáneas" de cáncer y otras enfermedades, están influenciadas por el poder de la mente y las emociones, y lo prueba científicamente.

Dice que las emociones funcionan como "quimio-taxis", recorriendo todo el cuerpo. El ser humano tiene infinitas posibilidades si "cree" en su inmenso poder. La mente puede crear nuestra propia realidad.

Fue por los años 80, la Dra. Candace Pert, liderando un grupo de investigadores, descubrió que, un grupo de moléculas llamadas péptidos (derivados proteínicos), son los mensajeros moleculares que facilitan la comunicación entre los sistemas Nervioso, Endócrino e Inmunológico, es decir, que estos mensajeros, conectan tres sistemas diferentes en una misma red.

Hasta ese momento, se sabía que, cada uno de estos tres sistemas, cumplía funciones diferentes y funcionaban por separado.

El Sistema Nervioso, formado por el cerebro y una red de células nerviosas, la sede de la memoria y el pensamiento, de la sensibilidad corporal y de la emoción; el Sistema Endócrino, formado por las glándulas y sus secreciones hormonales, controla e integra diversas funciones corporales; y el Sistema Inmunológico, constituido por el bazo, la médula ósea, los ganglios linfáticos y células inmunológicas, es el sistema de defensa del cuerpo, se encarga de la integridad de las células, de los tejidos y órganos.

Las investigaciones sobre péptidos, demuestran que estas separaciones conceptuales, no pueden seguirse manteniendo.


Los péptidos conforman una familia de entre 60 y 70 macromoléculas que tradicionalmente recibían diferentes nombres: hormonas, endorfinas, neurotransmisores, factores de crecimiento, etc.

Actualmente, se considera que forman una sola familia de "mensajeros moleculares".

Estos mensajeros, son cadenas cortas de aminoácidos que se fijan a receptores específicos, situados en abundancia en la superficie de todas las células del cuerpo.

Al unir los tres sistemas en una misma red, los péptidos son mensajeros que circulando libremente por esta red, alcanzan todos los rincones del organismo.

De esta manera, se transforman en la manifestación bioquímica de la memoria, del pensamiento, de la sensibilidad corporal, de la emoción, de los niveles hormonales, de la capacidad de defensa y de la integridad de las células, tejidos y órganos.


Todas las partes del cuerpo y de la mente "saben" lo que está pasando

en todas las demás partes del cuerpo y de la mente.

Estamos ante un sistema de información integrado.


Ampliando el concepto y la función de los péptidos, se descubrió que las hormonas, que supuestamente eran producidas exclusivamente por las glándulas, son péptidos que también se producen y almacenan en el cerebro.

Se descubrió, que las endorfinas (un tipo de neurotransmisores, que producen bienestar, felicidad), que se creía que sólo eran producidas en el cerebro, son péptidos que también son fabricados por las células inmunológicas.

Y, al seguir investigando, identificaron más receptores de péptidos y se descubrió que, prácticamente cualquier péptido conocido es producido en el cerebro y en varias partes del cuerpo simultáneamente.

La Dra. Candace Pert, expresa:

"Ya no puedo hacer una distinción tajante entre el cerebro y el cuerpo."


Los péptidos del sistema nervioso, no sólo son producidos por las neuronas, y son fundamentales para las comunicaciones de todo el sistema nervioso, sino que, al fijarse en receptores que están alejados de las neuronas que los originaron, están también en otras partes del cuerpo.

En el sistema inmunológico, los glóbulos blancos, no sólo tienen receptores para todos los péptidos, sino que ellos mismos fabrican péptidos.

Los péptidos controlan el patrón de migración de las células del sistema inmunitario y también todas sus funciones vitales.

Los leucocitos (glóbulos blancos), son células móviles, con lo cual, pueden salir de los capilares introduciéndose en los espacios intercelulares de la pared y emigrar mediante movimientos ameboideos hacia cualquier partícula extraña que se encuentre invadiendo los tejidos.

Así que, además de ser transportados por la sangre llegando a cualquier parte del organismo, también se escapan de la sangre y se cuelan por los espacios intersticiales donde se bañan las células.